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Nevaco Global
18 de septiembre de 2026

Tras Canadá, Australia y Nueva Zelanda llaman a la puerta de la UE buscando una alianza global contra la dependencia de EEUU

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El primer ministro canadiense, Mark Carney, y la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola.

Yves Herman

Reuters

Canadá acepta la propuesta de convertirse en el primer "miembro asociado" de la UE, buscando reducir su dependencia de Estados Unidos.

Australia y Nueva Zelanda exploran acuerdos similares con la UE, tras aumentar la tensión comercial y política con Washington.

El deterioro de la confianza en EEUU impulsa a estos países a fortalecer alianzas con Europa en defensa, comercio e investigación.

La iniciativa podría crear una red de potencias medias capaces de negociar en bloque con Washington y Pekín.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, aceptó este jueves en Estrasburgo la oferta de Ursula von der Leyen para que su país se convierta en el primer "miembro asociado" de la Unión Europea, una figura que no existe en los tratados y que la presidenta de la Comisión presentó el miércoles en su discurso sobre el estado de la Unión.

Carney habló ante el Parlamento Europeo de una "alianza para el futuro", dejó claro que Canadá no busca la adhesión plena y cedió a Bruselas la elección del nombre: "Lo que importa es la sustancia". El marco ya lo había dibujado él mismo en enero, en el Foro Económico Mundial.

En aquel discurso de Davos, pronunciado el 20 de enero en plena crisis por las amenazas de Washington sobre Groenlandia, Carney sostuvo que el mundo vivía "una ruptura, no una transición" y advirtió de que, "cuando solo negociamos bilateralmente con una potencia hegemónica, negociamos desde la debilidad".

Su receta fue que las potencias medias actuaran juntas, "porque, si no estamos en la mesa, estamos en el menú". No citó a Donald Trump, pero al día siguiente, desde el mismo foro, el presidente estadounidense le respondió: "Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hagas declaraciones".

Desde entonces, Ottawa ha ido estrechando lazos con Bruselas. En diciembre de 2025, Canadá se convirtió en el primer país no europeo asociado a SAFE, el programa comunitario de préstamos para rearme dotado con 150.000 millones de euros.

En mayo, Carney fue el primer líder no europeo en asistir a una cumbre de la Comunidad Política Europea, y sus ministros se han vuelto habituales en las reuniones de los Veintisiete.

La relación con Washington, mientras tanto, se ha deteriorado aún más. Las negociaciones comerciales se rompieron a finales de agosto: Ottawa acusó a Estados Unidos de exigir una menor protección del francés y de introducir en el último momento cláusulas que limitaban su libertad para firmar acuerdos con terceros.

El primer ministro canadiense, Mark Carney.

Reuters

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Trump respondió con aranceles de hasta el 50% sobre coches y camiones canadienses, ampliados el martes a determinados productos siderúrgicos. A su vez, Canadá replicó gravando unos 20.000 millones de dólares en importaciones estadounidenses.

Tras el anuncio de Von der Leyen, el presidente estadounidense calificó de "risible" la posibilidad de que Canadá se sume a la UE y avisó a Bruselas: "Si es con buena intención, está bien. Si es con mala intención, pondremos aranceles muy fuertes a Europa".

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