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Nevaco Global
5 de junio de 2026

Armenia, el nuevo 'campo de batalla' entre la UE y la Rusia de Putin que aspira a mantener un equilibrio imposible

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El presidente ruso Vladimir Putin y el primer ministro armenio Nikol Pashinián asisten a una reunión en el Kremlin.

Mikhail Metzel

Reuters

Las elecciones en Armenia generan expectación internacional por la tensión entre las relaciones con Rusia y la búsqueda de alianzas con Occidente.

Tras los conflictos en Nagorno Karabaj y la falta de apoyo ruso, el primer ministro Pashinián ha fortalecido lazos con la UE y EE.UU., alejándose de Moscú.

Rusia responde apoyando a la oposición armenia y aplicando sanciones económicas, mientras la UE promete apoyo financiero para reforzar la independencia de Armenia.

Estados Unidos, bajo la administración Trump, impulsa proyectos estratégicos como el corredor TRIPP y respalda abiertamente a Pashinián para su reelección.

Nunca unas elecciones en Armenia habían generado tanta expectación fuera de sus fronteras. El interés, en realidad, está más que justificado porque el país del Cáucaso decidirá este domingo su futuro bajo un clima marcado por los roces con la Rusia de Vladímir Putin, las muestras de complicidad con las capitales occidentales y los proyectos comerciales con la Administración Trump.

Es cierto que Ereván acusa su enorme dependencia económica de Moscú, que conserva profundos lazos culturales con la antigua metrópoli y que, además, alberga una base militar rusa en su territorio, pero sus relaciones bilaterales comenzaron a deteriorarse a marchas forzadas tras las guerras en Nagorno Karabaj.

Putin se cruzó de brazos cuando el vecino Azerbaiyán descongeló el conflicto y trató de conquistar el enclave de mayoría armenia encajado en territorio azerí. Bakú asestó el primer golpe en 2020, y esperó otros tres años para dar la estocada valiéndose de su superioridad militar. Más de 100.000 armenios emprendieron el camino del exilio.

Decepcionado con la pasividad de Putin, llamado a hacer la paz, el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, decidió congelar su membresía en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una suerte de OTAN postsoviética, y empezó a diversificar las compras de armamento. Otros países como India o Francia entraron en escena.

En paralelo, el desafiante Pashinián exploró alianzas diplomáticas alternativas con Estados Unidos y la Unión Europea. Un movimiento que no sentó bien en el Kremlin. Desde Moscú comenzaron a percibirle como un líder hostil. Anotaron su nombre en la lista que encabeza el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y en la que también aparece el expresidente georgiano Mijeíl Saakashvili, otro dirigente caucásico.

Hay una razón que explica la inquietud de Putin. En mayo, Pashinián sacó la alfombra roja para que los líderes europeos y sus principales aliados occidentales desfilaran por Ereván. Fue el anfitrión de la Cumbre de la Comunidad Política Europea. Entonó La Bohème de Charles Aznavour con el presidente francés Emmanuel Macron sentado en el piano, se abrazó con el propio Zelenski y compartió cena con Mark Carney, el primer ministro canadiense.

Pashinián estaba enviando un mensaje de puertas hacia fuera, pero también de puertas hacia adentro. El primer ministro estaba a punto de jugarse la reelección para conseguir un tercer mandato consecutivo. Su partido, Contrato Cívico, aspira a mantener la mayoría en la Asamblea Nacional, y lidera con cierta holgura las encuestas frente a una oposición fragmentada.

Convertido en fenómeno viral, y no sólo geopolítico, Pashinián encadena en su cuenta de Instagram reels con cientos de miles de visualizaciones de usuarios procedentes de todos los rincones del mundo. Roza el millón de seguidores en esta red social cuando su país ni siquiera supera los tres millones de habitantes.

Mientras su imagen crece extramuros, Rusia impulsa a la oposición interna a través de engrasadas campañas de influencia que probó con anterioridad —y sin demasiado éxito, a decir verdad— en países como Rumanía o Moldavia.

En Armenia, el Kremlin cierra filas con Samvel Karapetyan, un magnate armenio que amasó su fortuna en Rusia, que tiene nacionalidad rusa, que permanece bajo arresto domiciliario en Ereván por incitar a la toma violenta del poder. Es el líder de la coalición Armenia Fuerte.

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