Europa ha perdido cerca de una quinta parte de su capacidad de refino en solo quince años. El cierre de unas 35 refinerías ha reducido ... su capacidad para producir gasóleo, queroseno y otros derivados que todavía necesita, aumentando la dependencia de las importaciones de productos no terminados en un momento en que la guerra en Oriente Medio y la interrupción del tráfico de petróleo por el estrecho de Ormuz han dejado a los europeos a merced de los mercados internacionales del gasóleo y la gasolina y poniendo contra las cuerdas la seguridad energética del continente.
Con un ojo en el precio del petróleo, que este lunes cotiza en el entorno de los 100 dólares, las energéticas señalan que a menudo se presenta la dependencia exterior del crudo como el gran problema cuando ni los ciudadanos ni la industria utilizan crudo. «Consumen gasolina, diésel, queroseno, materias primas petroquímicas, asfaltos, lubricantes y una serie de productos también derivados del crudo», señala Juan Carlos Ramírez, director de Optimización de la Cadena de Valor Industrial de Repsol. A su juicio, el riesgo no es importar petróleo, sino perder la capacidad industrial para transformarlo en Europa.
El 97% de las necesidades energéticas del transporte de la Unión Europea continúa cubriéndose con combustibles líquidos, según los datos aportados por Repsol. La electrificación avanza, pero no permite todavía prescindir del diésel, la gasolina o el queroseno en buena parte del transporte y la industria. Y la paradoja es que, cuando se cierra una refinería, no se dejan de consumir esos productos, «simplemente pasamos a importarlos ya elaborados en países terceros» enfatizó Ramírez en una jornada sobre seguridad de suministro organizada por Enerclub.
«Aunque Europa siempre pueda pagar más para asegurar productos de otras regiones, esto encarece los costes y mina la competitividad»
Bassam Fattouh, director del Oxford Institute for Energy Studies, sitúa los productos refinados en el centro de las tensiones actuales del mercado. Para este experto, el problema no se debe solo a la crisis de Ormuz. El cierre de refinerías, las interrupciones provocadas por la guerra entre Rusia y Ucrania y las restricciones a las exportaciones de algunos países están reduciendo los colchones disponibles. «Aunque Europa siempre pueda pagar más para asegurar productos de otras regiones, esto encarece los costes y mina la competitividad», señaló en dicho foro.
A priori, España afronta este escenario en mejores condiciones. España mantiene ocho grandes refinerías -cinco de Repsol, dos de Moeve y una de BP- y una red logística que permite diversificar el origen de esta materia prima. Las instalaciones de la península Ibérica representan más del 13% de la capacidad de refino del continente y la apuesta de la industria pasa además por transformar estas plantas y que puedan incorporar la producción de combustibles renovables, utilizar residuos agrícolas e industriales y desarrollar nuevos materiales y productos bajos en carbono.
A las puertas del invierno, las reservas de gas son escasas, el precio de la electricidad continúa disparado y los precio de los combustibles rozan los 2 euros por litros a la espera de que el Gobierno decida si mantiene o aumenta las ayudas. «Este año, a los precios actuales, cada persona en esta sala se gastará 1.000 euros en importaciones de combustibles fósiles, principalmente petróleo. Así que cada semana una persona saca 20 euros de su cartera, los quema y se los da a proveedores extranjeros. Así que es... es mucho dinero», ilustró Kingsmill Bond, director de Ember Energy. Según los últimos datos de CORES, España lleva importados hasta julio 11,6 millones de toneladas de productos petrolíferos con Italia, Gibraltar y EE UU entre los principales proveedores.
La reducción de refinerías en Europa no puede entenderse sin la evolución de la demanda. La Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda mundial de productos refinados alcance un máximo en 2027 de 86,3 millones de barriles diarios (mb/d), apenas 710 miles de barriles diarios (kb/d) por encima de 2024, y que después el descenso de gasolina y diésel compense el crecimiento de nafta y jet fuel. El propio organismo señala que, pese a un crecimiento débil de la demanda de productos refinados, se esperan 4,2 mb/d de nueva capacidad global de refino hacia 2030, parcialmente compensada por 1,6 mb/d de cierres.
La alternativa pasa, para otros expertos, por reducir la propia necesidad de petróleo. El director de Ember, Kingsmill Bond, considera que Europa debe acelerar la electrificación del transporte, la calefacción y determinados procesos industriales. Bond recuerda que la mayor parte de las importaciones europeas de combustibles fósiles se destina a usos finales y no a producir electricidad y defiende que la expansión de las renovables, las baterías, los vehículos eléctricos y las redes permitiría reducir progresivamente esa dependencia. «En Europa necesitamos volver a fabricar cosas», defendió.
Lucía Arraiza, responsable de Coordinación Regulatoria de Iberdrola España, situó las redes eléctricas y la inversión anticipada como elementos fundamentales para responder al crecimiento de la demanda. «Ahora es el momento de la ejecución de estas inversiones y ello requiere planificación y, por supuesto, estabilidad regulatoria».
Europa pierde refinerías mientras crece su dependencia del gasóleo extranjero
Europa pierde refinerías mientras crece su dependencia del gasóleo extranjero
Copyright © EDITORIAL CANTABRIA S.A.Avenida de Parayas 38, 39011 Santander ,Cantabria