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Nevaco Global
5 de agosto de 2026

El sueño de Faten, la futbolista marroquí que perdió la vida en el cruce a Ceuta: “Quería ir a Europa”

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La casa de Faten Ben Omar El Azizi está repleta de mujeres: primas, tías, amigas y Jamilla, una madre con unos ojos cargados de dolor. No hay ni una esquina de este hogar en la ciudad de Tetuán, a menos de 35 kilómetros de Castillejos, que no recuerde a la joven.

En la calle, exhaustos y sin comida: los migrantes que siguen en Ceuta tras el regreso de decenas de miles a Marruecos

Algunos lo hacen desde la alegría, como su primo pequeño, que sonríe mientras muestra la última fotografía de la joven de 26 años. “Jugaban juntos al fútbol”, explica la madre de Faten. Sus vecinas, que aguardan en una esquina del living de su casa, tienen un rostro apagado. La joven, que jugaba al fútbol en el club Maghreb Atlético Tetuán, perdió la vida el pasado jueves cuando intentaba alcanzar a nado la costa de Ceuta en busca de un futuro mejor, en una tragedia que se cobró cerca de 90 vidas, según las autoridades españolas.

Enfrente del living, hay una pequeña habitación vacía: no hay cama, escritorio ni siquiera objetos personales. El silencio emana de esas cuatro paredes, que también son un recuerdo. “Esta iba a ser su habitación. Nos pidió que ya quería dormir sola, sin sus dos hermanos. La estábamos preparando y hasta entonces, ella prefería dormir aquí”, cuenta, mientras señala el sofá sobre el que ocurre esta entrevista.

Faten creció en Tetuán. Admiraba a todos los grandes futbolistas, tanto marroquíes como internacionales. Jamilla cuenta que era una chica alegre, que tenía buenas amigas y a una madre que la quería por encima de todas las cosas. “Lo juro por Dios”, sentencia.

“Yo sabía que mi hija quería ir a Europa, lo estaba intentando a través de su pasión, el fútbol. Jugaba desde los siete años”, lamenta. “Tiene que quedar claro: no envié a mi hija a cruzar la frontera. ¿Creés que todas las madres que lloramos su pérdida o desaparición mandaron a sus hijas a morir? Faten no solo era mi hija, también era mi amiga”.

Jamilla trabajó muchos años como porteadora en la aduana entre Ceuta y Castillejos. Su única fuente de ingresos se truncó cuando en 2020 las autoridades marroquíes cerraron el paso de mercancías por el Tarajal para reducir el comercio informal y la situación de vulnerabilidad de mujeres como Jamilla. “No teníamos nada y Faten soñaba con seguir entrenando y formándose en su deporte, pero no nos lo podíamos permitir. En Marruecos, si no tenés dinero, no te podés dedicar profesionalmente nunca al fútbol”, explica. “A ella solo le pagaban algo cuando ganaban algún partido. Si perdían, nada. La ponía muy triste”, añade.

Tiene que quedar claro: no envié a mi hija a cruzar la frontera. ¿Creés que todas las madres que lloramos su pérdida o desaparición mandaron a sus hijas a morir? Faten no solo era mi hija, también era mi amiga

Todo eso cambió el mismo día que Faten murió en el mar. Su madre cuenta que desconocía que la joven estaba tramitando el visado para España desde el consulado de Tánger y recibió una llamada por la mañana. “¿Es usted Faten Ben Omar El Azizi?”, preguntaban al otro lado de la línea telefónica. “No, soy su madre”, contestó Jamilla. “A su hija le han concedido el visado”, contestó. “Tiene que venir a Tánger con su documento de identidad”. Jamilla desconoce exactamente cómo tramitó el visado.

La búsqueda fue angustiosa. “Nadie me ayudó a encontrar ni traer el cuerpo de mi hija. Vino un chico a casa preguntando si Faten llevaba un pantalón deportivo y me dijo que se había golpeado la cabeza intentando cruzar a Ceuta, pero yo ya sabía que había muerto. Lo sentía”, explica. Después de la noticia, el joven les explicó que tenían que ir a Rincón. Nada. En Tetuán tampoco había noticias sobre su hija. Desde las 22:00 de la noche del jueves hasta las 08:00 de la mañana del viernes no dejaron de buscarla ni un momento, según su testimonio.

“En Castillejos, mi hermana pidió que abrieran las puertas para comprobar si estaba allí. Entonces les preguntaron si mi hija llevaba una cadena con corazones. Yo no quise entrar. No quería grabar esa imagen en mi memoria”, cuenta. “Fue mi hermana la que entró. Ahí encontró a la amada de mi corazón, a mi niña Faten”, añade la madre. Explica que presentaba golpes en el rostro y que murió ahogada.

La historia migratoria de la familia no se reduce a la joven Faten. “Todos los hermanos se han ido a Ceuta. El mayor de los tres sí que pudo hablar conmigo por teléfono. Él cruzó caminando por la frontera. De la pequeña no sabemos nada, pero sabía nadar. Tiene 14 años”, explica mientras enseña una fotografía de la menor, que cuelga con un marco en una de las paredes de la casa.

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