La recaudación tributaria argentina subió 35,1% nominal en julio de 2025 respecto al mismo mes del año anterior, según informó ARCA. En términos reales —descontada la inflación—, la mejora se reduce a apenas 1%. El Gobierno celebró el resultado, pero los datos incluyen factores que complican la lectura: parte del crecimiento responde a distorsiones en la comparación interanual, y todavía es pronto para confirmar que la caja fiscal está en recuperación sostenida.
El salto nominal del 35,1 % impresiona a primera vista, aunque la inflación se encarga de ponerlo en perspectiva. Descontado el índice de precios, la mejora interanual se achica a solo el 1 %. El Gobierno recibió el dato con alivio, especialmente después del déficit fiscal registrado en junio. Los analistas advierten, sin embargo, que un resultado positivo de un solo mes no alcanza para afirmar que la recaudación transita una senda de recuperación sostenida.
Los números de julio incluyen distorsiones que complican la lectura. No todos los impuestos crecieron por igual, y algunos de los que más subieron lo hicieron por razones puntuales, no por un aumento genuino de la actividad económica.
El impuesto a las Ganancias fue el principal motor del alza, con un crecimiento nominal del 64,7 %. Buena parte de ese salto responde a un factor técnico: el vencimiento del saldo de declaración jurada, que en 2024 había operado en junio, este año se corrió a julio. Eso genera una base de comparación artificialmente baja para el año anterior y una concentración de ingresos en el mes actual. A esto se sumó el efecto de la ley de presunción de inocencia fiscal, que también incrementó los aportes al impuesto.
Dado que Ganancias representa alrededor del 22 % de la recaudación total, cualquier factor que lo afecte tiene un impacto considerable sobre el conjunto. La distorsión queda en evidencia cuando se lo excluye del cálculo: sin ese impuesto, el resto de los tributos no muestra una suba sino una caída real del 3,8 % interanual. El dato cambia radicalmente la lectura del mes.
En ese contexto, el IVA aportó una señal más alentadora. Sin contar lo recaudado en la Aduana, el impuesto creció 41,4 % nominal —equivalente a una mejora real del 5,8% respecto a julio de 2024. Por ser el tributo que mejor refleja la actividad en la industria y el comercio, muchos economistas lo siguen de cerca como termómetro del consumo.
El resultado tampoco es del todo limpio. Parte del alza se explica porque este año se utilizaron saldos a favor de otros impuestos para cancelar obligaciones de IVA, lo que infla las cifras sin necesariamente indicar un mayor volumen de ventas. Algunos economistas lo interpretan como evidencia de que el consumo interno empieza a recuperarse; otros sostienen que, con salarios y jubilaciones deprimidos, la economía ya transita un proceso recesivo. Por ahora, las dos lecturas coexisten.
Las señales del comercio exterior fueron menos favorables. Los derechos de exportación bajaron su participación en la recaudación total del 6,8% al 5%. La explicación es en parte estadística: en julio de 2024 regía una reducción temporaria de retenciones que generó una concentración extraordinaria de liquidaciones del agro, elevando artificialmente la base de comparación.
Más preocupante resultó la caída en los aranceles y tasas a la importación, que registraron un desplome real del 26% interanual. Si bien el Gobierno redujo gravámenes para varias categorías de productos, se esperaba que eso fuera compensado por un mayor volumen de compras. No ocurrió. La caída se concentra en bienes de capital e insumos industriales —síntoma recesivo para varios economistas—, mientras que las importaciones de bienes de consumo y automóviles se mantienen estables y representan hoy más del 20% del total importado, cuando hace dos años no llegaban al 15%.
El panorama de comercio exterior no es uniformemente negativo. El complejo oleaginoso-cerealero aportó en julio exportaciones por u$s2.918 millones, impulsado por una cosecha agrícola extraordinaria y precios altos del petróleo. Eso contribuye al superávit comercial récord, aunque en parte se explica por el mismo factor que deprime la recaudación: las importaciones siguen bajas. La alícuota de retenciones a la soja se redujo del 26% al 24%, lo que también pesó sobre lo recaudado en julio.
El sector agrícola espera que los próximos meses traigan una mejora. La comparación se hará contra una base baja de liquidaciones del año pasado, lo que podría impulsar los derechos de exportación al alza.
En síntesis, la recaudación de julio de 2025 muestra tendencias que conviene separar: un salto nominal de Ganancias explicado por factores técnicos, una mejora real moderada del IVA que sugiere —con reservas— cierta reactivación del consumo, y una caída en aranceles a la importación que apunta en dirección contraria. El resultado agregado del 35,1% nominal es positivo, pero las distorsiones internas hacen que todavía sea prematuro leerlo como una señal de recuperación fiscal consolidada.