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Codelco y Anglo American firmaron hace pocos días el acuerdo definitivo para integrar sus operaciones Andina y Los Bronces en un solo distrito minero en Chile. El nuevo polo proyecta sumar 120.000 toneladas anuales de cobre fino desde 2030, sobre una base actual de 346.000 toneladas, lo que llevaría al conjunto al top 10 global de producción del metal.
El acuerdo tiene una lectura directa para Mendoza. El distrito integrado queda a pocos kilómetros de la frontera argentina, sobre una franja cordillerana que la provincia comparte geológicamente con Chile —y que, por razones que van más allá de la geología, sigue sin explorar en su tramo más relevante.
La decisión de unir Andina y Los Bronces no fue solo un movimiento corporativo. Responde a una lógica técnica precisa: integrar dos sistemas vecinos para extender reservas, optimizar rajos y compartir infraestructura que hoy opera de forma separada. La escala resultante no es un accidente geológico; es el producto de una estrategia distrital deliberada.
Ambas operaciones producen hoy cerca de 346.000 toneladas anuales de cobre fino. Con la expansión conjunta proyectada, esa cifra sumaría otras 120.000 toneladas por año desde 2030, acumulando 2,7 millones de toneladas adicionales en 21 años —números que llevarían al distrito al top 10 global de producción del metal.
La comparación con el proyecto argentino Vicuña —valuado en cerca de US$18.000 millones y proyectado como uno de los grandes desarrollos cupríferos de Sudamérica— sitúa al nuevo distrito en una categoría de referencia. Andina-Los Bronces ingresaría a esa escala con un margen considerable.
Chile no llegó a este punto de forma espontánea. Construyó este polo a lo largo de décadas de expansión y acumulación de datos sobre sistemas como El Teniente y Andina. La integración actual es el paso siguiente de una trayectoria larga y sostenida, no una apuesta improvisada.
El resultado económico es elocuente: las exportaciones combinadas de El Teniente y Andina han superado los US$100.000 millones en las últimas décadas. Esa cifra refleja lo que significa operar con continuidad sobre sistemas conocidos, con infraestructura compartida y reglas estables.
La escala no surge únicamente de la geología. Surge de la decisión de integrar, expandir y sostener la exploración en el tiempo. Esa diferencia estructural es la que el acuerdo Codelco-Anglo American vuelve a poner sobre la mesa.
La provincia no estuvo quieta. La aprobación de PSJ Cobre Mendocino marcó un quiebre real dentro del marco de la Ley 7.722 y reabrió la puerta a proyectos metalíferos de mayor escala. El esquema Malargüe Distrito Minero Occidental sumó una apuesta concreta de exploración concentrada en el sur provincial. Pero el mapa sigue siendo parcial.
Mendoza no avanzó sobre toda su franja cordillerana, sino únicamente sobre las zonas donde las condiciones políticas y sociales permitieron destrabar la actividad. Esa segmentación define el límite actual del desarrollo minero provincial. Lo más significativo es lo que queda fuera: hoy no existe exploración minera activa en la franja directamente vinculada con los sistemas de El Teniente y Andina-Los Bronces del lado argentino.
Ese vacío no responde a la geología. Responde a la forma en que la provincia fue recortando su mapa minero a lo largo de los años.
Papagayos es el ejemplo más claro de esa dinámica. El proyecto, ubicado en el Valle de Uco frente al tramo donde Chile consolidó El Teniente, fue señalado históricamente como uno de los sectores de mayor potencial geológico de Mendoza. Quedó excluido de la actividad antes de contar con datos suficientes para medir su escala.
La ampliación de la reserva Laguna del Diamante y la consolidación de la oposición territorial lo sacaron del mapa antes de que la exploración pudiera responder las preguntas básicas. Esto no equivale a afirmar que allí existe otro depósito de clase mundial. Significa algo distinto y más preciso: la provincia perdió la posibilidad de responder esa pregunta. En minería, el valor se confirma con datos, perforación y continuidad de trabajo. Sin esa información, el potencial permanece como incógnita abierta.
El gobernador Alfredo Cornejo presentó en Los Andes, Chile, la estrategia de Mendoza para captar inversiones mineras e integrarse con el ciclo del cobre. La señal política existe y representa un cambio respecto de años anteriores. El ejemplo de Andina-Los Bronces, sin embargo, devuelve una escala de comparación difícil de ignorar.
La segmentación territorial se combina con otra dificultad concreta: conseguir financiamiento para exploración temprana es cada vez más complejo. Esta etapa depende de reglas claras, acceso territorial real y posibilidad efectiva de avanzar desde un indicio hasta un blanco perforable. Si alguno de esos pasos se interrumpe, el potencial queda en una categoría difícil de convertir en proyecto.
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