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Nevaco Global
27 de mayo de 2026

Alejandro Haim lleva casi 20 años transformando olas del Atlántico Sur en electricidad desde una universidad argentina y está a punto de probar su invento en el mar

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En marzo, en un taller metalúrgico de Pilar, una boya de tres metros de diámetro y dos toneladas y media fue sometida a sus primeros ensayos estructurales fuera del agua. No era un objeto cualquiera: es el núcleo de un proyecto que Alejandro Haim comenzó a desarrollar en 2007 en la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires, con una idea que entonces parecía lejana: convertir el movimiento de las olas del Atlántico Sur en electricidad.

Casi veinte años después, ese prototipo está más cerca que nunca del mar.

El mecanismo que Haim diseñó es, en apariencia, sencillo. Una boya flota en la superficie y oscila con el movimiento vertical de las olas. Un brazo metálico la conecta a una plataforma fija —una escollera o un muelle— y transmite ese vaivén lento hacia una cadena cinemática: un sistema de engranajes que convierte el movimiento en rotación y hace girar un generador eléctrico.

La simplicidad no es accidental. “El hecho de que sea simple hace que el costo sea bajo y la confiabilidad del equipo, elevada, porque mientras más simple, menos probabilidades hay de que algo falle”, explica Haim. El diseño también resuelve uno de los problemas más persistentes en los dispositivos marinos: la corrosión. A diferencia de otros proyectos que sumergen parte o la totalidad de sus componentes, aquí solo la boya toca el agua, y el resto del mecanismo permanece afuera.

La escollera norte de Mar del Plata no es el destino final, sino el primer laboratorio real. El equipo la concibe como una plataforma de investigación donde demostrar, en condiciones marinas efectivas, el coeficiente de conversión de energía. El horizonte de largo plazo son instalaciones offshore, mar adentro.

Una de las ventajas técnicas de la energía undimotriz frente a otras renovables es su densidad energética. Según estudios publicados por el equipo de la UTN, este recurso alcanza entre 2.000 y 3.000 W/m², frente a los 400-600 W/m² de la eólica y los 200 W/m² de la solar. La razón es física: el agua es 850 veces más densa que el aire, lo que le permite acumular y transportar mucho más energía por unidad de superficie.

Un parque de apenas 200 boyas generaría 6 megavatios —suficiente para abastecer a unas 20.000 personas— ocupando una superficie equivalente a tres manzanas urbanas. A escala global, un estudio de 2010 estimó que el recurso undimotriz podría cubrir hasta 3,7 TW, equivalente al 20% de la demanda mundial de energía de ese año.

La oceanógrafa Ana Julia Liftschitz, quien formó parte del proyecto durante varios años, traza una división clara del litoral argentino. En la costa bonaerense, los vientos del este generan oleaje persistente, condición favorable para la energía undimotriz. En la Patagonia, las mareas de gran amplitud y las fuertes corrientes hacen más conveniente otro tipo de aprovechamiento. “Tenemos el mar acá, que tiene un recurso ilimitado de energía y no lo estamos aprovechando”, resume.

Ningún proyecto undimotriz en el mundo ha alcanzado madurez comercial. En el Reino Unido, España, Portugal, Estados Unidos, Japón y Noruega los desarrollos siguen en fase de prototipo, y ninguna tecnología se ha impuesto sobre las demás para dar el salto a escala industrial.

Esa paridad es, paradójicamente, una oportunidad. Como señalan Haim y sus colaboradores en un estudio de 2019, ser una “tecnología en estado de desarrollo experimental” permite competir con otros proyectos globales en igualdad de condiciones, apostando a equipos confiables, seguros y de costos competitivos. El proyecto está patentado y cuenta con más de 20 profesionales e investigadores.

El costo actual del MWh undimotriz supera al de las renovables convencionales, reconoce Roberto Salvarezza, expresidente del CONICET y actual presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires. Aun así, agrega que “a medida que se vayan desarrollando y alcancen escala, seguramente estos precios van a bajar”, como ocurrió antes con la energía solar y la eólica.

Todos los componentes del dispositivo se fabrican con industria nacional, sin importaciones ni inversión extranjera. Fue una decisión estratégica desde el inicio. “Queríamos algo que pudiéramos hacer acá en Argentina. Yo empecé con esto en 2007, casi 20 años atrás, y fijate cuántos presidentes pasaron por el medio”, dice Haim. La autonomía tecnológica fue la única forma de sostener el proyecto a través de los ciclos de la política argentina.

Gabriel Blanco, investigador del Centro de Tecnologías Ambientales y Energía de la UNICEN, advierte que la transición energética puede reproducir dependencias si no se acompaña de política industrial propia. Su estudio sobre los impactos en la balanza comercial argentina señala que importar masivamente equipos y tecnología extranjera simplemente sustituiría una vulnerabilidad por otra. Los paneles solares que llegan desde China son el ejemplo más visible. Salvarezza refuerza esa lectura: en la energía eólica y solar, Argentina tiene pocas posibilidades de participar en la cadena de valor, por eso destaca el proyecto undimotriz como un caso singular que “integra, casi en su totalidad, industria nacional”.

En 2023, el proyecto recibió $50 millones del FONARSEC con respaldo del BID. Desde 2024, el gobierno nacional congeló los fondos. El equipo siguió trabajando, presentó facturas y nunca cobró. “Es peor a que te saquen el financiamiento, porque trabajaste con la esperanza de cobrar y no cobraste un mango”, relata Haim. También perdieron a la empresa socia que habían incorporado para construir el equipo, junto con todo el tiempo invertido en formalizar esa asociación.

Fue la Provincia de Buenos Aires quien intervino. A través del Foro Regional Eléctrico de la Provincia (FREBA), el equipo de la UTN accedió al PROINGED y al FITBA, recuperando el impulso necesario para llegar a los ensayos estructurales de marzo. “Hoy en día es la provincia la que está sosteniendo este proyecto”, confirma Salvarezza.

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