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Nevaco Global
4 de julio de 2026

Mensaje a los líderes europeos antes de la cumbre de la OTAN: nuestra seguridad no empieza por cuánto cuesta

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Los próximos 7 y 8 de julio se celebrará en Ankara la reunión de alto nivel de la OTAN en medio de serias tensiones entre EEUU y sus aliados europeos, más Canadá. La Administración Trump continúa presionándolos para que aumenten sus gastos en defensa, especialmente orientados a comprar más armas estadounidenses, al tiempo que Washington quiere mantener el control sobre su utilización.

Paralelamente, la Casa Blanca no ofrece garantías de seguridad al Gobierno de Ucrania y a los europeos en caso de que se llegase a un improbable acuerdo con Rusia sobre la guerra. Washington sigue esperando que Kiev acepte las condiciones de Moscú.

Por otra parte, el Memorándum de Entendimiento entre Washington e Irán es cada vez más frágil, el estrecho de Ormuz sigue cerrado y Trump repite sus críticas a los aliados por no apoyarle en su guerra con Israel contra Teherán.

Frente a esta complejidad, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, presiona a los europeos y canadienses para que se comprometan a comprar más armas estadounidenses en el marco de continuar aumentando el gasto en defensa, una medida que va en contra de fortalecer la independencia estratégica europea y de Canadá.

La única preocupación de Rutte es no perder a EEUU. Pero la Administración Trump no cesa de lanzar ofensivas: aranceles, tomar Groenlandia, interferencias en favor de las ultraderechas en las elecciones europeas, y amenazas a algunos gobiernos, incluyendo el español.

Tras los últimos 16 meses, ningún líder europeo serio puede afirmar con sinceridad que Europa no necesite replantearse su enfoque en materia de seguridad. Nos enfrentamos a la amenaza rusa procedente del este, agravada por su invasión de Ucrania; a la amenaza procedente del oeste, por parte de una administración estadounidense que busca un cambio de régimen en Europa (y en otros lugares); y lleva a cabo ofensivas y amenazas adicionales en el sur, provocadas por la guerra de EEUU e Israel contra Irán, y la guerra de Israel contra los palestinos.

El debate sobre lo que se necesita está en pleno apogeo, pero se centra casi exclusivamente (gracias a Trump) en cuánto dinero gastan los europeos en defensa. Esto es poner el carro delante de los bueyes. La UE y el Reino Unido, en conjunto, ya gastan más del triple que Rusia en defensa. Lo que necesitamos es ponernos de acuerdo sobre un concepto estratégico y, a continuación, analizar qué se necesitaría para financiarlo. Si Europa se encuentra ahora amenazada por EEUU, no debería gastar grandes sumas de dinero en aviones, artillería y equipos de defensa antimisiles controlados y mantenidos por Washington, ni aceptar, como ha hecho Suecia, conceder a las fuerzas armadas estadounidenses el control total de 17 bases militares y campos de entrenamiento repartidos por todo su territorio.

Un nuevo concepto estratégico debería partir de la constatación de que Europa se encuentra atrapada entre potencias hostiles

Un nuevo concepto estratégico debería partir de la constatación de que Europa se encuentra atrapada entre potencias hostiles (EEUU y Rusia). La amenaza rusa es evidente, aunque requiera un análisis minucioso. La amenaza estadounidense resulta más difícil de aceptar para muchos líderes europeos debido al papel histórico de EEUU como aliado clave en materia de defensa y hegemón de la OTAN.

Europa debe comprender que la actual Administración estadounidense es profundamente hostil con la UE y que no se trata de una aberración pasajera. Europa representa una alianza de democracias basada en el poder blando y un sistema jurídico de reglas y normas para el sector privado. Esto resulta políticamente inaceptable para una parte importante de la clase política estadounidense y, desde el punto de vista económico, inaceptable para su sector tecnológico dominante. Como afirma Peter Thiel, director ejecutivo de Palantir, las normas son el “nuevo anticristo”.

La visión global de la Administración Trump, tal y como se expone con tanta claridad en la Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre pasado, tiene muchos puntos en común con la de Rusia. Ambas quieren volver a un mundo de competencia entre grandes potencias en el que el derecho internacional sea sustituido por las esferas de influencia de dos o tres grandes países, y en el que el equilibrio entre ellos venga determinado por su fuerza relativa.

Como está demostrando Ucrania, en esta visión del mundo Europa se convierte en el campo de batalla donde se decide dónde termina la esfera de influencia rusa y dónde comienza la estadounidense. A veces, parece que EEUU considera a Europa como parte integrante de la esfera de influencia rusa. Cualquier estrategia europea debe partir del rechazo a convertirse en un actor dependiente de cualquiera de las dos.

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