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La brecha entre los requisitos de las empresas y las competencias de los trabajadores suma un nuevo componente a la escasa oferta que hay en Gualeguaychú. En el segmento de 30 a 39 años, según consultoras privadas locales, menos del 25% de los postulantes logra superar los filtros de selección en las búsquedas, un descalce que complica la cobertura de vacantes en sectores como la agroindustria, la logística, el retail y las ventas.
Conseguir trabajo no siempre resulta sencillo y menos en el escenario económico actual. Aunque la oferta laboral es escasa, existen sectores en crecimiento que demandan competencias específicas que no siempre encuentran entre los postulantes disponibles en el mercado local. A esto se le suma que, en la vereda de enfrente, hay toda una generación atravesada por nuevas preferencias que exigen un equilibrio entre lo personal y lo profesional.
En este contexto, los adultos jóvenes de la ciudad, de entre 30 y 39 años, atraviesan un momento particular de su recorrido en el mercado laboral. Dentro de ese grupo conviven perfiles muy diferentes: quienes pudieron formarse y acumular experiencia y quienes no cuentan con una formación específica o tienen trayectorias más precarias.
Estas condiciones chocan con un cambio de época en torno al trabajo y la realidad que experimenta la mayoría. Desde su experiencia, la licenciada en Relaciones de Trabajo María Sol Marizaldi estimó que, en esta franja etaria, “hay un 18% que tiene título universitario y un 12%, terciario, que suele ser sobre todo vinculado a la docencia. El resto cuenta con el secundario completo, pero no tiene educación superior”.
Un ejemplo concreto surge de una búsqueda reciente que está llevando adelante como consultora privada: “Con la última oferta que publicamos, recibimos más de 350 currículums, pero solo 60 cumplen con los requisitos que pide la empresa. De todos esos, vamos a ver quiénes avanzan. Habitualmente, según nuestra experiencia, no más del 25% de las personas que se presentan a este tipo de postulación califica para el puesto. Algunos sectores de la economía están creciendo, sobre todo el agro, pero no tenemos personas calificadas para los puestos que demanda. También se nota una expansión en todo lo vinculado con logística, retail y ventas, pero notamos la poca capacidad que tiene la gente para aplicar. Son rubros muy demandantes que tienen un enorme desafío porque tienen pensamientos que no coinciden con lo que demandan los postulantes”. Y advirtió: “Estamos hablando de una generación en la que el título secundario no basta. Es necesario un terciario y un idioma. No hace falta que sean carreras muy extensas, pero el filtro es secundario completo, sí o sí. Ya no existen lugares que te contraten si te faltan materias”.
En este sentido, Marizaldi apuntó que el personal calificado tiene más posibilidades de conseguir trabajo y acceder a mejores puestos, e incluso, tener más pretensiones a la hora de aceptarlo: “Los que no están capacitados son los que están más complicados”.
Por otro lado, señaló una realidad que cada vez es más frecuente en este rango etario: “Me encuentro casos, en los que por la mañana trabajan en relación de dependencia y a la tarde son cadetes, que es uno de los servicios que más creció, o reparten paquetes para Mercado Libre. Hay muchas personas que trabajan media jornada en blanco y media jornada en negro. Diría que casi el 80% se maneja así”.
Carolina Martínez, Técnica en Recursos Humanos, contó que, a través de una encuesta que hizo con su comunidad en redes sociales, los “treintañeros” de la ciudad trabajan principalmente en comercio, administración, logística, construcción y en sus propios emprendimientos. Además, hay personas con experiencia y formación que terminan desarrollándose en áreas diferentes a aquellas para las que se prepararon.
“El desafío que muchas veces observo es que no siempre existe una correspondencia directa entre los perfiles disponibles y los puestos que las empresas necesitan cubrir. También hay personas que tienen experiencia, pero necesitan reconvertirse o adquirir nuevas herramientas para poder acceder a otras oportunidades”, resaltó.
Cambios en la forma de trabajarEl desajuste no se limita a las competencias que buscan las empresas. También cambió la relación que muchas personas tienen con el trabajo y las condiciones que esperan encontrar. La posibilidad de la virtualidad, sumada a una mayor búsqueda de equilibrio entre la vida laboral y la personal, modificó las expectativas.
“La gran mayoría que tiene formación aplica a trabajos fuera de la ciudad. Esta tendencia se dio sobre todo después de la pandemia e hizo que los que vivían en grandes urbes se vinieran a Gualeguaychú, pero no negocian trabajar en las industrias que hay acá, porque buscan un equilibrio entre el trabajo y la vida personal. Eso es un desafío que le planteamos a las industrias. A los jóvenes no les molesta trabajar ocho horas por día, pero quieren hacerlo de forma híbrida, dos días presencial y el resto desde la casa”, afirmó Marizaldi y agregó que “hay muchas personas en la ciudad, que no trabajan para la ciudad”.
Por su parte, Martínez consideró: “La etapa laboral de los treintañeros es particularmente interesante porque ya acumularon alguna experiencia, tomaron decisiones y, en muchos casos, comienzan a preguntarse qué quieren para su futuro. En este sentido, cada vez las búsquedas personales tienen más que ver con tareas que tengan relación con su experiencia, que les permita mejorar sus ingresos para conseguir mayor estabilidad o encontrar un mejor equilibrio entre su vida y el trabajo”.
El mercado laboral en Argentina muestra una marcada brecha entre la población general y los jóvenes. Mientras la tasa de desocupación se ubica en 7,5%, entre las personas de 14 a 29 años alcanza el 16%, de acuerdo a datos de 2025. Seis de cada diez jóvenes que se incorporan al mercado lo hacen a través de empleos informales, con escasa estabilidad y sin acceso a derechos laborales según la Organización Internacional del Trabajo. Esta combinación de mayor dificultad de acceso y peores condiciones de inserción ubica a los jóvenes como uno de los grupos más afectados por las tensiones del mercado laboral.
A esto se suma, la falta de conocimientos para aplicar a los puestos laborales. En una entrevista anterior con este medio, Gustavo Costanzo, responsable del Centro de Desarrollo del Conocimiento, manifestó que en muchos casos “los jóvenes no poseen las herramientas mínimas para realizar una adecuada búsqueda laboral”, lo que dificulta aún más el acceso a un puesto de trabajo.
“La mayoría de las personas buscan trabajos de atención al público, reposición o puestos administrativos”, detalló Costanzo, aunque aclaró que muchas veces llegan con una visión acotada de sus posibilidades. “Desde el equipo técnico trabajamos para que amplíen el rango de expectativas laborales”, concluyó.
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