Pocas naciones en el mundo de hoy son conducidas por gobiernos que pretenden aplicar los principios de una teoría económica a rajatabla y se alinean definitivamente casi con disciplina a una de las dos superpotencias del planeta.
Lo contradictorio del habitante de la Casa Rosada es que apoya en las organizaciones, como OEA y Naciones Unidas, incondicionalmente, no a Estados Unidos sino a Trump, mientras abre la aduana a los productos chinos a precios de dumping en la Argentina. Es decir, que redujo barreras arancelarias cuando en el mundo la tendencia es al proteccionismo. La industria de nuestro país sufre las consecuencias mientras eso genera cierres de fábricas y por lo tanto desocupación. Aunque debe reconocerse que de Washington logró un espaldarazo clave para su desempeño en las elecciones del año pasado con el mero anuncio de que la Argentina podría obtener un crédito de 10.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, la única explicación razonable de las pérdidas del país en el intercambio comercial con China es que en esencia es una manera de contener los índices inflacionarios, pero eso favorece en su mayoría a quienes quieren adquirir autos importados. Lentamente la situación ha llegado a un extremo, tanto es así que el uso de la capacidad instalada de la industria de nuestro país fue solamente 58 por ciento. Eso hace muy difícil amortizar inversiones en equipos tecnológicos de última generación para que la manufactura argentina pueda ser competitiva. A este escenario, hay que agregar la pesada carga impositiva sobre comercios y factorías que enfrentan la llegada de productos de Asia que no pagan ninguna tasa o impuesto.
Lo cierto es que aun bajo esas circunstancias Milei obtuvo varios triunfos en las cámaras del Congreso Nacional para lo que no tuvo reparos en negociar con gobernadores argentinos de cualquier origen partidario. Esta semana el gobierno deberá lograr la mitad más uno de los presentes en esos ámbitos para evitar derrotas en temas trascendentes, aunque no vacile en aceptar, por ejemplo, la plena vigencia de la Ley de Tierras kirchneristas sancionada en el 2011. El oficialismo cuenta a su favor la nueva realidad política que determina el voto de los legisladores de acuerdo a emprendimientos empresarios e inversiones extranjeras que se amparan en la Ley “RIGI”, que crea garantías usadas especialmente por compañías foráneas dedicadas a la minería o a la explotación de yacimientos de hidrocarburos. Más directos son los apoyos de varios gobernadores que han recibido sumas importantes en ATN. Milei cuenta a su favor con la falta de renovación de líderes y plataformas de los partidos opositores.
El oficialismo se refugió en estos días en estadísticas según las cuales el empleo creció, pero omite señalar que eso fue una manifestación del crecimiento de la “economía negra” o como se dice ahora, la “informalidad laboral”. Las empresas que actúan cumpliendo con las leyes laborales e impositivas padecen el aumento de sus costos en un mercado interno reducido por la falta de poder adquisitivo, tanto es así que la desaceleración de la economía ya genera el descontento de una clase media urbana que en general expresa su desacuerdo con los gobiernos de signo peronista y le había prodigado un moderado apoyo al experimento Milei. Algunas encuestas han motivado no solo las expresiones públicas de la senadora Bullrich sino de altos funcionarios, que casi clandestinamente en los pequeños corrillos del poder han dejado constancia de su preocupación por el resultado de las próximas elecciones nacionales, pero como “ premio consuelo” subrayan que los que posiblemente sean reclamos de alguna manera legítimos, como el de un mayor presupuesto para las universidades, son desvirtuados por grupos organizados que actúan coordinadamente para provocar desórdenes a los que son ajenos la mayoría de los concurrentes a esas manifestaciones. La violencia callejera y los piquetes interrumpieron el tránsito normal de las calles de grandes ciudades y especialmente de la Capital Federal operan en favor del presidente. El argumento utilizado por el ministro de Economía nacional en Washington, para transmitir certezas a las compañías internacionales, fue que “las sociedades no se suicidan”. Lo subrayó para aplacar dudas sobre la continuidad de los planes libertarios ante un eventual triunfo de la oposición, que los voceros oficialistas descartaron, de todos modos, como absolutamente imposible.
Al panorama que motiva el crecimiento de las protestas de industriales se suman las dudas por los pronósticos meteorológicos de un futuro muy inmediato. El exceso de lluvias puede dañar desde las siembras a las cosechas, tema sensible si los hay dado que las exportaciones de la agroindustria representaron, el año pasado, nada menos que el 35 por ciento del total. Mientras que la venta de combustible y energía aportó el 13 por ciento, y la minería, en la que depositaron tantas esperanzas, sólo arañó el 6 por ciento. Sin embargo, es alentador que las exportaciones en tecnologías hayan llegado nada menos que al 9 por ciento. Ese es uno de los argumentos de quienes exigen un mayor presupuesto para las universidades nacionales, pero debe advertirse que conspiran contra ellas la crisis gemela de las enseñanzas primaria y secundaria. Un tema, este último, que los líderes de las protestas de alumnos, profesores y empleados de las casas de alto estudios prefieren ignorar, aunque algunas personalidades, como el ex rector de la Universidad de La Plata Ángel Plastino, lo subrayen con particular énfasis.
El país se debate en torno a las contradicciones en el seno del oficialismo y de las oposiciones, y al discurso de Milei en la campaña electoral denunciando a la “casta política” lo que ha seguido es una distribución arbitraria de los fondos que el Estado Nacional destina a las provincias, mediante el uso de diversos artilugios para favorecer a “los aliados” cada vez que son imprescindibles en votaciones de las Cámaras del Congreso.
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