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El automóvil norteamericano atraviesa una crisis sin precedentes
A principios de esta década Estados Unidos se tomó de una forma muy diferente que Europa la llegada de los coches chinos. El Gobierno USA etiquetó como un tema de interés nacional la llegada de los primeros 'barcos ro-ro' cargados de coches y ya en 2024 Joe Biden ponía en vigor una normativa muy estricta que iba mucho más allá de prohibir la venta de los coches chinos.
Además de ser una amenaza para la industria del automóvil norteamericano, el Gobierno de Biden consideró la llegada de los coches chinos cargados de tecnología como una amenaza para la seguridad nacional; primero prohibió que circularán en las proximidad de bases militares e instalaciones nucleares, pero al poco Joe Biden se vio obligado a limitar mucho más su actividad comercial.
En mayo de 2024 el Departamento de Seguridad consideró oficialmente a la tecnología china que llevan los coches como un riesgo para la seguridad nacional de los Estados Unidos y como tal legisló frente a ellos en doble sentido.
Por un lado el Gobierno de Biden levantó un muro de aranceles del 100 % que hacía inviable la importación de coches fabricados en China y por otro limitó la utilización del software y de los componentes chinos a todos los fabricantes que quisieran vender coches en los Estados Unidos, incluso a los que estuvieran fabricados en los Estados Unidos.
Así, en marzo de este mismo año entrada en vigor la medida que prohibía la utilización de cualquier tipo de software chino dentro de automóviles en los Estados Unidos, una prohibición que a lo largo de este año se ampliará también al hardware (componentes) prohibiendo directamente la venta de coches chinos conectados antes de que termine 2026. Una medida que se completará en 2030, cuando se prohibirá también el uso de cualquier componente chino que no sea estrictamente mecánico.
Hace ya años que los responsables de la defensa en Estados Unidos hicieron público sus sospechas de que los chinos usaran las decenas de radares y sensores que llevan los automóviles para mandar información a Pekín, una media que afecta a componentes como los sensores de proximidad para aparcar por ejemplo.
El problema es que hay coches como el Tesla Model 3 que se fabrican en China
Aunque todo el mundo atribuye la medida a Trump, fue Joe Biden quien abrió las hostilidades frente al coche chino, mientras que Trump mostró una postura mucho más conciliadora durante su última visita a China este mismo año, cuando les abrió las puertas de los Estados Unidos para fabricar coches en su territorio, siempre que sea con trabajadores norteamericanos y se hable de fabricación, no de ensamblaje.
Esta postura mereció las críticas del Congreso de los Estados Unidos, recordándole a Trump que se trata de un problema de seguridad nacional y no de un asunto económico.
La situación deja en el aire a los coches fabricados en China por marcas europeas y norteamericanas, que cuentan con plantas en el país asiático. A día de hoy China sigue exportando a USA más de 100.000 coches al año, pero la gran mayoría son BMW, Mercedes o Audi producidos en China, sin dejar de lado a Tesla, que también produce en en este país.
Así, la situación es de bloqueo comercial absoluto e incluso las medidas han afectado ya a una marca como Polestar, propiedad de Geely, que no podrá seguir vendiendo coches en los Estados Unidos pese a producir en territorio norteamericano dentro de la fábrica que Volvo tiene allí desde hace años.
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La Unión Europea afronta el verano con sus almacenes subterráneos de gas al 50,6% de su capacidad
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