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Nevaco Global
1 de agosto de 2026

La paradoja de Kast: la influencia de Washington vuelve a estrechar el margen de acción del gobierno

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Cuando José Antonio Kast llegó a La Moneda, una parte importante de sus partidarios daba por descontado que Chile iniciaría una nueva etapa en su relación con Estados Unidos. La afinidad política con Donald Trump parecía garantizar una interlocución privilegiada, una mayor confianza mutua e incluso mejores condiciones para el comercio bilateral.

En pocas semanas, Washington impuso un arancel del 12,5% a las exportaciones chilenas, el embajador Brandon Judd cuestionó públicamente a ministros del gabinete y el gobierno respondió privilegiando la negociación antes que una defensa explícita del Tratado de Libre Comercio.

Más que una controversia diplomática puntual, el episodio revela una paradoja política.

El gobierno que prometía fortalecer la soberanía nacional descubre que, frente a Estados Unidos, dispone de un margen de acción tan reducido como el que tuvieron gobiernos de muy distinto signo político.

La influencia y las presiones estadounidenses sobre América Latina no comenzó con Donald Trump ni con el actual embajador. Eso lo sabemos muy bien.

Durante buena parte del siglo XX esa influencia adoptó formas abiertas: apoyo a golpes de Estado, financiamiento de fuerzas políticas, operaciones de inteligencia o intervención directa en conflictos regionales. Chile conoce bien esa historia.

Con el retorno de la democracia, esa relación cambió profundamente en sus métodos, aunque no necesariamente en sus objetivos.

Los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Sebastián Piñera y Gabriel Boric mantuvieron relaciones estables con Washington, marcadas por la cooperación económica, los tratados comerciales y la coordinación diplomática.

Pero esa relación nunca dejó de ser profundamente asimétrica.

Estados Unidos continuó defendiendo prioritariamente sus propios intereses estratégicos y comerciales, independientemente del color político del gobierno chileno.

Durante la administración de Gabriel Boric hubo diferencias públicas con Washington en materias internacionales, pero también existieron mensajes y gestiones directas de representantes estadounidenses respecto de asuntos relevantes para Chile.

La derecha criticó entonces cualquier señal que interpretara como presión externa y sostuvo que un gobierno encabezado por José Antonio Kast tendría una interlocución distinta con la Casa Blanca.

Sin embargo, los acontecimientos recientes muestran que esa expectativa era, al menos, exagerada.

Estados Unidos continúa actuando desde una lógica de intereses nacionales.

No modifica su política comercial porque el gobierno chileno sea ideológicamente cercano.

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