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Nevaco Global
25 de mayo de 2026

Euskadi dispara un 70% su dependencia comercial de China desde la pandemia

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La tesis de que Europa conservaría el liderazgo industrial y tecnológico mientras Asia se limitaba a producir barato ha quedado enterrada. La incorporación de China ... a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 abrió una reconfiguración económica que dos décadas después ha agitado el equilibrio global. Primero, occidente trasladó parte de su capacidad manufacturera al gigante asiático, atraído por unos costes laborales mucho más bajos y una capacidad de producción prácticamente ilimitada. Después, China utilizó esa base industrial para escalar hacia sectores de mayor valor añadido, disputar el liderazgo tecnológico y convertir la dependencia comercial en una herramienta de influencia económica y geopolítica, hasta el punto de que ha conseguido disputar la hegemonía de Estados Unidos.

Esta creciente penetración de China en la economía mundial, acelerada durante la pandemia por su capacidad para abastecer a occidente en plena disrupción de las cadenas de suministro, ha llevado al gigante asiático a desbancar a Alemania como principal proveedor de España. Euskadi, sin embargo, todavía mantiene un patrón comercial distinto al del conjunto del país. Alemania aún es el principal origen de buena parte de los bienes que entran en el territorio, seguida de Francia por el peso histórico de la industria y de las cadenas manufactureras tradicionales. Pese a ello, la presencia china en la economía vasca no ha dejado de crecer en los últimos años, ampliando progresivamente su cuota de mercado con productos que cada vez son más competitivos.

La base de datos del Eustat (el Instituto Vasco de Estadística) refleja con claridad este cambio de tendencia. Si antes de la pandemia Euskadi registraba con China un déficit comercial de unos 840 millones de euros –el resultado de restar las exportaciones a las importaciones–, al cierre del año pasado el agujero ya superaba los 1.400 millones. El desequilibrio comercial, por lo tanto, se ha ampliado así en unos 550 millones de euros en apenas seis años, un 68% más. Es decir, que Euskadi compra al gigante asiático mucho más de lo que le vende.

Euskadi mantiene todavía a Alemania como su gran proveedor, mientras que en el resto de España China ya ha pegado el 'sorpasso'

El problema radica en que mientras las exportaciones vascas hacia China han crecido un 18% desde 2019, las importaciones procedentes del gigante asiático se han disparado cerca de un 50%. Es un comportamiento que refleja cómo el país liderado por Xi Jinping no solo ha reforzado su papel como proveedores de bienes baratos –un segmento que ha cogido velocidad gracias a plataformas como Temu y Shein–, sino que ha comenzado a ganar terreno también en sectores industriales, gracias a una producción 'low cost' con una calidad que poco tiene que envidiar a la occidental. Un avance que ya erosiona buena parte del peso industrial europeo en sectores estratégicos.

El mayor de los avances se ha producido en el sector de la automoción, con unas importaciones de vehículos y componentes procedentes de China que desde la pandemia se han duplicado hasta alcanzar los 138 millones de euros con los que se cerró el año pasado. Detrás de este salto se encuentra el auge de la industria china del coche eléctrico. Y es que el gigante asiático no solo se ha convertido en el principal productor mundial de baterías, sino que además ha logrado desarrollar una cadena de suministro enormemente competitiva, apoyada en fuertes inversiones públicas, menores costes de producción y un amplio control sobre materias primas estratégicas. La cifra, en cualquier caso, podría ir a más durante los próximos años, ya que las grandes marcas chinas tienen España como su gran plataforma de desembarco en Europa.

2.001

millones es el coste de los productos procedentes de China que Euskadi importó el año pasado, según los últimos datos del Instituto Vasco de Estadística.

1.400

millones es el déficit comercial (el resultado de restar las exportaciones a las importaciones) que Euskadi mantiene con China.

50%

es el porcentaje de incremento de las importaciones procedentes del gigante asiático desde 2019.

138

millones son las compras a empresas chinas de vehículos y componentes de automoción.

266

millones es el valor de los productos siderúrgicos que compró Euskadi en 2025.

Este crecimiento imparable de las importaciones también ha comenzado a impactar sobre los sectores industriales más tradicionales. Las compras de maquinaria y equipos mecánicos procedentes alcanzaron los 344 millones de euros el año pasado, un 59% más que antes de la pandemia. Una fotografía similar se observa en el material eléctrico y electrónico, cuyas importaciones rozaron los 414 millones, un 32% más. El avance también se deja sentir en la siderurgia, ya que las importaciones de hierro, acero y manufacturas metálicas procedentes del gigante asiático ascendieron hasta los 266 millones de euros, un 41% más que en 2019. Esta creciente entrada de acero barato, de hecho, ha llevado a la Unión Europea a rediseñar su sistema arancelario para evitar que el cierre parcial del mercado estadounidense, derivado de las barreras comerciales impulsadas por la Administración Trump, termine desviando hacia la UE grandes volúmenes de material 'low cost'.

Esta dependencia de Euskadi –y el conjunto de España– de China no tiene visos de reducirse. Y es que el Gobierno central ha hecho una clara apuesta por convertirse en el gran interlocutor del gigante asiático dentro de la Unión Europea. Mientras Bruselas define al país liderado por Xi Jinping como «socio, competidor y rival estratégico», el presidente Sánchez se limita al primer término: «socio de la Unión Europea». Allí están las cuatro visitas en tres años que el líder socialista ha hecho a Pekín y la carrera autonómica por captar empresas del país asiático. El propio lehendakari, Imanol Pradales, aseguró hace un mes en una entrevista en EL CORREO que no descarta ir a China si «hay oportunidades de atracción de inversión».

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