El vicepresidente José Manuel Restrepo realizó la primera intervención en nombre del país en un encuentro de esa alianza, lo que volvió a poner sobre la mesa diferentes interrogantes de lo que significa para el país y la región.
Colombia ya comenzó a participar de manera operativa en el Escudo de las Américas, la coalición de seguridad internacional impulsada por la administración de Donald Trump en Estados Unidos con gobiernos afines en América Latina.
Esto marca un nuevo capítulo en la cooperación militar y de inteligencia entre Colombia y EE. UU., pero también abre una etapa con implicaciones que van más allá de las operaciones contra las drogas.
La primera intervención de Colombia en el Escudo de las Américas fue realizada por el vicepresidente José Manuel Restrepo este martes, en el marco de su visita a la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. En ese sentido, podría decirse que Estados Unidos aprovechó la presencia de los diferentes líderes en la “capital del mundo” para convocar al encuentro.
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“Durante las últimas elecciones, estuvimos a punto de perder la democracia de Colombia. Y creo que este tipo de iniciativas, como el Escudo de las Américas, son una manera de preservar nuestras democracias en la región”, dijo el vicepresidente.
Y añadió que, “al trabajar en la seguridad económica y en la seguridad física, podemos preservar las democracias de nuestra región. Y en este momento de la humanidad, en esta región del mundo, tenemos el impulso necesario para trabajar juntos, preservar las democracias y crecer más”.
Con la intervención de Restrepo en este encuentro, vuelven a surgir diferentes interrogantes: ¿qué implicaciones tiene hacer parte del Escudo de las Américas?, ¿qué implica para Colombia? ¿Qué puede cambiar para el país por hacer parte y para otros por no hacerlo?
Los 18 países que hacen parte del Escudo de las Américas, además de Estados Unidos, son Argentina, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Trinidad y Tobago, Estados Unidos (miembros fundadores), así como Bahamas, Belice, Chile, Guatemala, Jamaica, Perú y Colombia (llegaron después).
Como en la coalición hay gobiernos afines a la administración Trump, aquellos que tienen una relación más distante con el presidente norteamericano, como Claudia Sheinbaum (México), Lula da Silva (Brasil) y en su momento el expresidente Gustavo Petro, no fueron invitados, según dijo la Casa Blanca en marzo.
La aclaración vale porque una fue la versión entregada por la entonces portavoz Karoline Leavitt, y otra fue la que dio Trump, quien aseguró que sí se tuvo en cuenta a los países. La vocera hizo énfasis en que no se estaba viendo un “nivel de cooperación” que “le gustaría” a Estados Unidos durante el gobierno Petro y, por eso, no lo invitaron.
Con el presidente Abelardo de la Espriella es diferente. Desde la campaña está alineado con la figura de Donald Trump, quien le expresó su apoyo en la segunda vuelta presidencial contra Iván Cepeda y, desde su posesión, lo ha elogiado.
A un mes de llegar a la Presidencia, el jefe de Estado fue visitado en Barranquilla por el secretario de Estado Marco Rubio, quien también visitó a Keiko Fujimori (Perú) y a Daniel Noboa (Ecuador), cuyos gobiernos hacen parte del Escudo.
La figura de Rubio en este análisis es clave. Fue senador por el estado de la Florida por el Partido Republicano durante 14 años. Es un estado con alta presencia de población latina, incluido él, que tiene ascendencia cubana y está casado con una mujer de ascendencia colombiana.
Como senador, pasó varios años siguiendo de cerca los temas de América Latina; en el caso de Colombia, visitó en más de una ocasión y se relacionó de cerca con sectores del uribismo.