La virtualidad y los espacios alternos serán claves para mantener las clases, dijo la ministra de Educación, Viviane Morales. Está por definirse el costo de la reconstrucción del sector educativo.
El terremoto de magnitud 7,4° que estremeció al país el pasado 10 de agosto no solo dejó daños en infraestructura, también interrumpió la rutina escolar de unos 400.000 niños y jóvenes en el país. Ahora, el Gobierno prepara un plan de choque para mantener la continuidad educativa, el cual contempla educación virtual, uso de espacios comunitarios y refuerzo del acompañamiento docente, mientras avanzan las labores para determinar el alcance de los daños en la infraestructura escolar.
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La ministra de Educación, Viviane Morales, explicó que la respuesta estará enfocada en evitar que los estudiantes acumulen retrasos académicos como consecuencia de la emergencia. Para ello, el Ministerio estudia mecanismos para que las clases sigan mientras avanza el largo proceso de reconstrucción.
Primero, se está determinando qué tan afectada quedó cada sede escolar. Para ello, por medio de una directiva, el MinEducación pidió a las secretarías ubicar las instituciones en nivel crítico (colapsos o daños estructurales graves), moderado o bajo alerta.
Mientras tanto, el Ministerio de Educación habilitó dos estrategias para garantizar la continuidad de las clases. Una es la escuela en casa, en la que los estudiantes desarrollarán actividades pedagógicas desde sus hogares, con la posibilidad de complementarlas con encuentros virtuales.
La segunda es la escuela itinerante, que permite trasladar temporalmente las clases a espacios seguros disponibles en cada territorio, como salones comunales o instalaciones de otras entidades.
Una de las diferencias frente a las medidas adoptadas durante la pandemia será la posibilidad de trasladar temporalmente las actividades a otros espacios. Según Morales, no sería viable reproducir por completo el modelo implementado durante la cuarentena, debido a que los padres y cuidadores deben continuar con sus jornadas laborales.
“Estamos viendo distintos planes, en donde hay conectividad, vamos a tener una primera respuesta de virtualidad, pero también buscaremos entidades como iglesias, como cajas de compensación, que puedan permitir encuentros durante la semana con los maestros, con tutores y los estudiantes”, explicó la ministra.
En cuanto a educación superior, serían alrededor de 50 las instituciones afectadas por el terremoto sobre las que no se han planteado soluciones concretas aún; entre ellas, la Universidad Tecnológica del Chocó o sedes de la Universidad Nacional en Palmira y Manizales. Para esas últimas se destinarían $4.000 millones del Fondo de Emergencias de la Unal.
La recuperación de los colegios será otro de los componentes centrales de la estrategia. De acuerdo con el más reciente balance de la UNGRD, se han identificado alrededor de 3.500 instituciones educativas afectadas, de las cuales 811 habrían colapsado.
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La respuesta educativa, dice el Ejecutivo, tendrá particular atención en las zonas rurales y dispersas, donde las dificultades de acceso pueden limitar las alternativas virtuales. El Gobierno contempla recurrir a conexión satelital, tabletas y contenidos educativos disponibles en Colombia Aprende.
También se prevé trasladar parte del personal de acompañamiento hacia los territorios afectados. “En el país hay 6.000 tutores del Ministerio de Educación que empezaremos a redireccionar hacia las zonas de emergencia”, afirmó Morales.
Sin embargo, el Laboratorio de la Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Jeveriana señaló que si bien las medidas son amplias, hay vacíos sobre quién las ejecutará, cómo lo harán y con qué recursos. El LEE también cuestiona que la virtualidad y el uso de tabletas sean parte central de la respuesta, pues mu-chas de las comunidades golpeadas carecen precisamente de electricidad y conectividad.