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Nevaco Global
22 de septiembre de 2026

Europa cambia de proveedor, pero la crisis del gas no ha desaparecido: el nuevo mapa energético encarece la dependencia exterior

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La guerra de Ucrania obligó a Europa a sustituir el gas ruso por gas natural licuado y nuevos proveedores. La dependencia de un único suministrador se ha reducido, pero el mercado europeo está ahora más expuesto a los precios internacionales y a los conflictos geopolíticos.

La crisis energética que sacudió Europa tras la invasión rusa de Ucrania no terminó cuando el continente consiguió llenar sus almacenes de gas. El episodio dejó una transformación mucho más profunda: Europa modificó sus rutas de suministro, aceleró la llegada de gas natural licuado y redujo drásticamente su dependencia del gas ruso.

El cambio permitió evitar una nueva crisis de abastecimiento como la de 2022, pero también modificó la forma en la que Europa está expuesta a los mercados energéticos. El gas que llega ahora al continente depende en mayor medida de un mercado global en el que compiten Europa y Asia por los cargamentos de gas natural licuado (GNL).

La Unión Europea importaba en 2021 alrededor del 45% de su gas desde Rusia. En 2025 esa proporción había caído hasta el 12%, mientras que las importaciones rusas habían descendido desde 152.000 millones de metros cúbicos hasta unos 36.000 millones.

Antes de la guerra, el mercado europeo estaba construido en buena medida alrededor del gas transportado por gasoductos. La infraestructura conectaba directamente a los grandes productores con los principales consumidores y permitía mantener un flujo relativamente estable.

Las reducciones del suministro obligaron a los países europeos a buscar alternativas en un periodo muy corto. La respuesta combinó un mayor uso del GNL, nuevos contratos con proveedores internacionales, aumento de las reservas, reducción del consumo y aceleración de las energías renovables.

El resultado ha sido una transformación del mercado. Según la Comisión Europea, entre 2021 y 2025 la proporción del gas transportado por gasoducto dentro de las importaciones europeas pasó del 80% al 55%, mientras que el GNL aumentó del 20% al 45%.

Europa, por tanto, ha conseguido diversificar sus proveedores. Pero esa diversificación tiene un coste económico: el continente está ahora más conectado con las oscilaciones de un mercado energético mundial.

El gas natural licuado permite transportar el combustible por barco y comprarlo en distintos mercados. Esta característica ha proporcionado a Europa una flexibilidad que no tenía cuando dependía en mayor medida de los gasoductos rusos.

Sin embargo, también significa que Europa compite directamente por los cargamentos con otros grandes consumidores, especialmente los países asiáticos.

El precio europeo de referencia, el TTF neerlandés, está cada vez más condicionado por factores internacionales: la demanda asiática, la disponibilidad de buques, las condiciones de producción en los países exportadores y las interrupciones de las principales rutas marítimas.

La Comisión Europea señala que esta transformación ha reducido la dependencia de un único proveedor, pero ha aumentado la exposición del continente a las perturbaciones de los mercados globales de GNL.

El impacto del gas no se limita al recibo energético. Su precio puede trasladarse al conjunto de la economía a través de la electricidad y de los costes de producción.

Cuando aumenta el precio del combustible utilizado para generar electricidad, las empresas con un elevado consumo energético afrontan mayores costes. Estos incrementos pueden trasladarse posteriormente a los precios de los bienes y servicios.

El proceso puede extenderse a sectores alejados del mercado energético: transporte, industria, distribución, agricultura y alimentación.

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