LA consecución del Mundial de Fútbol por parte de la selección española, como siempre que se produce un acontecimiento positivo a escala planetaria (léase éxito), ha vuelto a poner en órbita la marca España, ese intangible que define la imagen de un país. El problema radica en que la euforia desmedida del momento no deja de ser un espejismo y no tarda en desaparecer. El subidón que supone quedar campeones del mundo del denominado deporte rey pasará a segundo plano, cuando no al olvido, y resurgirán esas cosas cotidianas que han quedado al margen durante los días de panis et circenses que ha supuesto el largo campeonato celebrado en Estados Unidos, México y Canadá. O, dicho de otra forma, la vuelta a la poco edificante polarización política y social. La efímera concordia salta por los aires y cada mochuelo a su olivo. O sea, a las broncas, los ataques premeditados y el rechazo a cualquier propuesta. Véase, como muestra, la negativa a apoyar la senda del gasto de esta misma semana.
Pero esa realidad interna no debe impedir poner en valor la marca España. No es que España haya surgido de repente en el mapamundi después de ganar la copa Jules Rimet (antes se llamaba así). Antes ya era uno de los tres países más visitado del planeta (compitiendo con Francia y Estados Unidos por el primer puesto), su nivel de bienestar y de seguridad ciudadana era (y es) muy valorado y la economía se mantiene entre las más dinámicas, con comportamientos avanzados en sostenibilidad y digitalización, que es lo que se lleva ahora.
Sin embargo, haber ganado el Mundial, que junto a los Juegos Olímpicos es el evento con más repercusión mediática, coloca al país por encima de todos, aunque sea temporalmente, y tiene repercusiones económicas palpables. Supone la mejor campaña de marketing que se puede diseñar, algo por lo que cualquier empresa tendría que desembolsar una millonada y que explica que las grandes entidades se peleen por ligar su nombre al de un equipo o selección. Los expertos lo asocian a una emoción positiva que conduce a tener mayor aceptación por un país y sus productos que los de otros o de que la que tenía antes. Como consecuencia, el impacto sobre la economía puede suponer varias décimas de añadido al crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) a corto plazo. De momento, a la repercusión inmediata en los consumidores nacionales, se suma la que ejerce en el resto del mundo, donde los ciudadanos se interesen por productos españoles. La repercusión se nota, principalmente, en las exportaciones y, consecuentemente, el PIB recibe un impulso adicional.
Teniendo en cuenta que la economía española lleva varios años con crecimientos por encima de la media europea, supone un reforzamiento de las previsiones, que situaban en el entorno del 2,5% el incremento de este ejercicio. Es decir, si se cumplen las expectativas de los expertos, podría acercarse al 3% o incluso superar ese porcentaje, proveniente básicamente del exterior y de sectores como el turismo, la moda y los servicios. De hecho, la primera reacción se ha notado en el aumento de actividad en las peticiones de información de las agencias de viajes.
En ese plano, además del aumento de las exportaciones, también puede ejercer un efecto de atracción a inversores y beneficiar el mercado bursátil. Los estudios de las firmas especializadas cifran en un 3,5% el impacto positivo durante el primer mes después de la final. En el turismo el efecto es más duradero, entre otras cosas por el prestigio de España en el sector y, aunque siempre es bienvenido cualquier estímulo, no necesita un campeonato como acicate. Es más, puede tener repercusión negativa en los precios de los hoteles y establecimientos turísticos. En 2025, los visitantes se acercaron a los 100 millones y los ingresos a 135.000 millones de euros.
Está en las manos de los dirigentes del país en cuestión que el efecto dure más o menos. El reto radica en consolidarlo y mantenerlo de forma permanente; pero eso no se sujeta a un hecho aislado como el campeonato del mundo. El acuerdo anunciado esta misma semana entre Ford y la china Geely para fabricar cinco modelos en Almussafes (Valencia) también ayuda. La permanencia requiere medidas que se adopten en materia de inversión, productividad, innovación, digitalización y otras actividades. En definitiva, el impacto depende de mucho de la situación en la que se encuentre el país. La situación, en ese sentido, es muy distinta a la de la obtención de la copa del mundo de 2010. Aquel año, España, como todo el mundo, estaba sumida en la crisis internacional que se convirtió en la Gran Recesión y obligó a decisiones drásticas en Europa como el rescate bancario, y el éxito de los Casillas, Pujol, Iniesta y compañía no mitigaron apenas la crisis.
Mapfre ha redondeado su periplo estadounidense como patrocinadora de la selección española de fútbol con la adquisición de la aseguradora Safety Insurance. El grupo español que preside Antonio Huertas, que elevó sus beneficios un 9,4% el primer semestre hasta 624 millones de euros, desembolsará unos 1.350 millones por la firma norteamericana en lo que es la segunda mayor adquisición de su historia.
El grupo Repsol ha anunciado a sus accionistas que recomprará acciones en dos operaciones sucesivas en lo que queda de año después de haber cerrado un primer paquete por valor de 350 millones de euros. El segundo será de 500 y el tercero está sin cuantificar. En todo caso, constata que la compañía que preside Antonio Brufau se ve favorecida por la situación geopolítica y la subida de cotización del crudo.
El Ministerio para la Transición Ecológica sorprendió esta semana con la apertura de un procedimiento de inhabilitación a varias comercializadoras, entre ellas Holaluz, la firma que irrumpió hace varios años en el mercado con una agresiva ofensiva comercial, por impagos a las eléctricas. A su presidenta, Carlota Pi, le faltó tiempo para saltar y acusar a las grandes compañías de querer acabar con su sector.
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