Hace ciento cinco años, en una discreta casa de ladrillos de un barrio de Shanghái, trece delegados se reunieron para fundar una organización que cambiaría el curso de la historia contemporánea
Hace ciento cinco años, en una discreta casa de ladrillos de un barrio de Shanghái, trece delegados se reunieron para fundar una organización que cambiaría el curso de la historia contemporánea. Aquella reunión de julio de 1921 dio origen al Partido Comunista de China (PCCh), una fuerza política que entonces apenas contaba con unas decenas de militantes y que hoy conduce el destino de más de 1.400 millones de personas, en un partido que tienen más de 100 millones de militantes y que dirige la segunda economía del planeta pronta a convertirse en la primera.
El 105.º aniversario del Partido no solo fue conmemorado en China. Desde Asia, Europa, África, Oceanía y América Latina llegaron mensajes oficiales de presidentes, primeros ministros y dirigentes políticos e intelectuales que destacaron la transformación experimentada por el país durante el último siglo y el papel desempeñado por el PCCh en ese proceso.
Más allá de las diferencias ideológicas entre quienes enviaron sus saludos, las declaraciones reflejan un hecho difícil de ignorar, China ocupa hoy un lugar central en el escenario internacional y su evolución se ha convertido en un punto de referencia obligado para gobiernos de muy distintas orientaciones políticas.
La disciplina y el profundo compromiso del Partido Comunista de China con su pueblo ha logrado, entre otros, llevar a su ciudadanía lejos de la pobreza a una vida digna y próspera.
Cuando el Partido Comunista de China fue fundado en 1921, el país atravesaba una profunda crisis. Las potencias extranjeras ejercían influencia sobre amplias zonas del territorio, la fragmentación política debilitaba al Estado y millones de personas vivían en condiciones de extrema pobreza.
Las décadas siguientes estuvieron marcadas por episodios decisivos como la Larga Marcha, la resistencia frente a la invasión japonesa y la guerra civil que culminó en 1949 con la proclamación de la República Popular China desde la Plaza Tiananmén.
Durante las décadas posteriores, el país atravesó profundas transformaciones económicas y sociales. Las reformas iniciadas a finales de los años setenta permitieron combinar mecanismos de mercado con la planificación estatal, dando origen a un modelo que Beijing define como «socialismo con peculiaridades chinas».
El resultado ha sido una de las transformaciones económicas más rápidas registradas por la historia moderna. China pasó de ser una economía predominantemente agrícola a convertirse en la principal potencia manufacturera del planeta, líder mundial en infraestructura, energías renovables, comercio exterior, inteligencia artificial, telecomunicaciones y trenes de alta velocidad.
Según organismos internacionales, centenares de millones de personas abandonaron la pobreza durante este proceso, en lo que constituye la mayor reducción de pobreza jamás registrada en un solo país.
Uno de los mensajes provino de Kim Jong Un, quien destacó que:
«El Partido Comunista de China ha dirigido al pueblo chino para superar todo tipo de dificultades y obstáculos, ha impulsado vigorosamente la gran causa del socialismo con peculiaridades chinas y ha escrito un capítulo brillante en la historia de la nación china.»
Desde Indonesia, Prabowo Subianto señaló que los logros obtenidos por el Partido Comunista de China en la erradicación de la pobreza y la mejora del bienestar social constituyen un modelo de referencia para el Partido Gerindra, resaltando la capacidad del país para combinar crecimiento económico con planificación estatal de largo plazo.
También desde el sudeste asiático, Lawrence Wong atribuyó buena parte del éxito chino a una filosofía de gobierno centrada en las necesidades de la población, mientras que Anwar Ibrahim evocó el nacimiento del Partido hace más de un siglo afirmando que «el fuego de la fe encendido hace cien años en Shanghái se ha convertido hoy en el reflejo vivo de la gran nación china».
Por su parte, Mohamed Muizzu destacó la capacidad del pueblo chino para sacar a cientos de millones de personas de la pobreza y convertir al país en una de las mayores potencias económicas del mundo.