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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fotografiado durante un acto en la Oficina Oval de la Casa Blanca, el 11 de junio de 2026, en Washington.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fotografiado durante un acto en la Oficina Oval de la Casa Blanca, el 11 de junio de 2026, en Washington.
El presidente Donald Trump lleva mucho tiempo esperando que este fin de semana sea un importante hito en su presidencia.
El Mundial de fútbol regresa a Estados Unidos el viernes por primera vez en 32 años, después de que Trump se volcara en lograr la candidatura para coorganizar el mayor torneo de selecciones del mundo durante su primer mandato. El domingo será agasajado, en su 80 cumpleaños, durante una velada de peleas de la UFC que se espera atraiga a miles de personas a los terrenos de la Casa Blanca. Horas después del combate final, tiene previsto partir hacia la cumbre del G7 en los Alpes franceses para reunirse con varios líderes con los que ha estado enfrentado por la guerra y los aranceles.
Pero Trump elevó aún más las expectativas para los próximos días cuando el jueves anunció que Estados Unidos e Irán podrían llegar este fin de semana a un acuerdo que allanaría el camino para el final de la guerra de tres meses, que ha sido ampliamente impopular entre los estadounidenses y ha sacudido los mercados mundiales de petróleo. Afirmó que planea enviar a su vicepresidente, JD Vance, a la firma del acuerdo.
Trump ha dicho en varias ocasiones en las últimas semanas que está a punto de cerrar un pacto, sin que nada se haya concretado. Tras los comentarios del mandatario, un vocero del Ministerio de Exteriores iraní declaró a la televisora estatal que los mediadores estaban activos, pero que no se había concretado nada para poner fin al conflicto.
El avance llega después de que amenazara con intensificar el conflicto con bombardeos más contundentes contra Irán y con tomar el control de la industria petrolera del país, incluyendo la captura de las cruciales instalaciones de la isla de Jarg. Las amenazas del presidente siguieron a ataques cruzados esta semana que habían dejado prácticamente sin valor el alto el fuego temporal pactado a principios de abril.
“Han recibido una paliza como muy poca gente podría soportar”, manifestó Trump en un intercambio con reporteros en la Oficina Oval al explicar por qué estaba seguro de que, esta vez, el pacto se concretaría. “Y ellos quieren llegar a un acuerdo mucho más que yo”.
Trump ofreció pocos detalles sobre el arreglo que, según él, está tomando forma, pero dijo a los periodistas que creía que el líder supremo iraní, el ayatolá Moytabá Jamenei —de quien se cree que resultó herido el primer día de la guerra y no ha sido visto en público desde entonces— está listo para dar su visto bueno al acuerdo.
Trump presenta el acuerdo como “muy sólido”, aunque reconoce que sigue siendo “un poco conceptual”, y asegura que garantizaría que la República Islámica no pueda desarrollar un arma nuclear.
Con el conflicto intensificándose durante la última semana, la amenaza del presidente de escalar la acción militar de Washington parecía orientada en parte a demostrar al ala más belicista de su base política que estaba dispuesto a jugar “duro” con los iraníes si no llegaban pronto a un acuerdo, señaló Ali Vaez, director para Irán del International Crisis Group.
Trump advirtió en marzo que atacaría infraestructura iraní y pondría tropas estadounidenses en la isla de Jarg antes de dar marcha atrás, y Washington y Teherán acordaron el alto el fuego temporal.
Casi inmediatamente después de volver a plantear la idea en redes sociales el jueves, Trump pareció retroceder. Llamó a un programa matutino de la televisora Fox News Channel y cuestionó si los estadounidenses tenían “estómago” para una opción que requeriría poner a sus tropas en peligro.