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Nevaco Global
30 de mayo de 2026

La tormenta energética global multiplica el interés por ahorrar con biomasa en las viviendas de Pontevedra

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Más de 67.000 hogares de la provincia ya utilizan esta fuente renovable mientras el encarecimiento del gas y del petróleo por el conflicto en Oriente Medio reabre el debate sobre los costes y la autosuficiencia

El frío entra por las rendijas del invierno gallego, pero en miles de viviendas el calor ya no depende de lo que ocurra a miles de kilómetros. En la provincia de Pontevedra, más de 67.000 hogares han encontrado en la biomasa una forma de blindarse frente a la volatilidad energética que hoy marca la guerra en Irán y Oriente Medio. La leña transformada en pellets o astilla, el residuo forestal convertido en recurso, sostiene una transición silenciosa que avanza a buen ritmo en los últimos años.

Los datos de la Asociación Española de la Biomasa (Avebiom) sitúan en 14.012 los hogares pontevedreses que usan biomasa como única fuente de energía y en 53.100 los que la combinan con otras alternativas . El peso rural sigue siendo determinante, aunque el crecimiento en entornos urbanos empieza a consolidarse. La expansión no responde solo a una cuestión ambiental. La economía doméstica tiene también un papel decisivo.

El contexto internacional actúa ahora como un acelerador. La escalada del conflicto en el Golfo Pérsico ha tensionado los mercados energéticos y disparado el coste de los combustibles fósiles. En España, el impacto se ha traducido en una presión al alza sobre el gas y los derivados del petróleo, con efectos indirectos en la electricidad. El Gobierno ha reactivado medidas de contención como la reducción del Iva energético o los mecanismos de ajuste en la factura eléctrica, pero el escenario sigue condicionado por factores externos.

En una vivienda unifamiliar, la instalación de una caldera de pellets puede costar entre 6.000 y 12.000 euros

En ese tablero, la biomasa juega una partida distinta. Según los datos sectoriales, el coste de generar calor con electricidad supera los 26 céntimos por kilovatio hora, frente a los algo más de 8 céntimos del gas natural. La biomasa reduce esa cifra de forma notable. La astilla de madera ronda los 3,3 céntimos, el hueso de aceituna se sitúa por debajo de los 5 y el pellet no alcanza los 7 céntimos . La diferencia resulta determinante en caso de consumos elevados.

Esa ventaja se percibe con claridad en las instalaciones colectivas. Comunidades de vecinos, edificios públicos o redes de calor municipales logran economías de escala que reducen aún más el coste por usuario. Galicia ya cuenta con 35 redes de calor que abastecen barrios enteros, colegios y residencias . En municipios como Lalín o Silleda el modelo ha pasado a formar parte del paisaje energético.

El salto a la biomasa, sin embargo, exige inversión inicial. En una vivienda unifamiliar, una caldera de pellets puede situarse entre los 6.000 y los 12.000 euros, con variaciones según potencia y sistema de almacenamiento. Las estufas más sencillas parten de cifras cercanas a los 2.000 euros. En edificios residenciales, la instalación centralizada puede superar los 100.000 euros, aunque el retorno se produce en plazos que oscilan entre cinco y diez años en función del consumo y del precio de los combustibles sustituidos.

En el ámbito municipal o en redes de calor, la escala cambia por completo. Proyectos que dan servicio a varios edificios o a barrios completos pueden alcanzar inversiones de varios millones de euros. La clave reside en la estabilidad del coste del combustible y en el abastecimiento local, factores que reducen la exposición a los mercados internacionales.

Avebiom considera que el actual contexto "refuerza la oportunidad". La asociación subraya que la biomasa no solo ofrece ahorro económico, sino que también reduce de manera considerable la dependencia energética exterior. En Galicia, esa idea encuentra un terreno fértil. La comunidad aprovecha más de diez millones de metros cúbicos de madera al año, más de la mitad del volumen nacional. Parte de esos restos forestales se transforman en energía.

El desarrollo del sector también tiene implicaciones territoriales. La cadena de valor de la biomasa genera empleo local y fija actividad en zonas rurales. La gestión forestal asociada contribuye además a reducir la carga de combustible en los montes, con efectos directos en la prevención de los incendios.

Galicia cuenta ya con 35 redes de calor que abastecen a barrios enteros, centros educativos o residencias públicas

El avance de la biomasa en Pontevedra también refleja un cambio cultural en la forma de entender la energía doméstica. Durante años, la calefacción se vinculó a sistemas cómodos pero dependientes de mercados internacionales, como el gas o el gasóleo. Hoy, el factor de proximidad gana peso definitivamente. Consumir energía generada a partir de recursos forestales del entorno introduce una lógica distinta, en la que el usuario no solo busca confort, sino también estabilidad en el gasto y cierta autonomía frente a las crisis externas.

Esa transición no está exenta de desafíos. El sector afronta retos como la profesionalización de la cadena de suministro, la garantía de calidad del combustible o la adaptación de instalaciones antiguas. También persisten dudas entre los consumidores sobre el mantenimiento o el espacio necesario para los almacenamientos. Aun así, la tendencia se mantiene al alza en la provincia, impulsada por una combinación de precios energéticos elevados, disponibilidad de recurso local y una creciente conciencia sobre el valor estratégico de los montes gallegos.

Galicia se ha consolidado como una de las principales reservas de biomasa de España gracias a su potencia forestal. La comunidad lidera el aprovechamiento de madera y residuos asociados, lo que permite alimentar una cadena energética basada en recursos autóctonos. Esta disponibilidad marca una diferencia estructural frente a otras regiones dependientes de importaciones.

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