La población civil de Ucrania se enfrenta nuevamente a la posibilidad de un invierno marcado por cortes de electricidad, problemas de calefacción, interrupciones en el suministro de agua y mayores dificultades económicas, mientras continúan los ataques contra instalaciones energéticas del país.
La preocupación fue expresada por organismos de Naciones Unidas después de que durante el invierno de 2025-2026 las fuerzas rusas realizaran ataques sistemáticos contra centrales eléctricas, líneas de transmisión, instalaciones de distribución, sistemas de calefacción y plantas relacionadas con el suministro de gas.
La situación vuelve a generar inquietud ante la llegada del invierno de 2026-2027, especialmente porque una parte importante de la infraestructura energética ucraniana ya se encuentra dañada después de más de cuatro años de guerra a gran escala.
La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania señaló el 21 de septiembre que los ataques contra infraestructura energética durante el invierno anterior provocaron cortes prolongados y dejaron a millones de civiles sin electricidad o calefacción durante distintos períodos. La Comisión advirtió que las condiciones del próximo invierno podrían ser todavía más difíciles de soportar.
De acuerdo con la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, entre octubre de 2025 y marzo de 2026 se registraron al menos 423 ataques contra instalaciones de generación, transmisión y distribución de electricidad en Ucrania. Además, se documentaron al menos 74 ataques contra centrales de calefacción y otras infraestructuras destinadas al suministro térmico.
Los ataques utilizaron misiles y drones de largo alcance y, en determinadas ocasiones, involucraron grandes cantidades de armas lanzadas de manera coordinada contra varias regiones.
El impacto fue especialmente grave durante los meses más fríos porque el sistema energético ucraniano debe cubrir simultáneamente las necesidades de electricidad y calefacción de millones de personas.
Cuando una central eléctrica o una subestación resulta dañada, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de la instalación atacada. Una falla en una parte de la red puede obligar a desconectar otras zonas para evitar un colapso mayor del sistema.
Por esa razón, los ataques contra determinados puntos estratégicos pueden provocar cortes que afectan a poblaciones muy alejadas del lugar donde ocurrió la explosión.
El invierno de 2025-2026 mostró hasta qué punto la destrucción de infraestructura energética puede afectar la vida cotidiana.
La misión de derechos humanos de Naciones Unidas documentó que las temperaturas llegaron a caer por debajo de -20 °C en algunas zonas durante el período analizado. Los daños a las instalaciones de calefacción dejaron a cientos de miles de personas sin calefacción y agua caliente durante períodos que, en algunos casos, llegaron a durar semanas.
En edificios residenciales de varios pisos, por ejemplo, la interrupción de la electricidad puede afectar los sistemas de bombeo de agua y los ascensores. Para las personas mayores o con movilidad reducida, subir y bajar varios pisos puede convertirse en una dificultad considerable.
La ONU también documentó interrupciones en hospitales, escuelas y otros servicios esenciales. En algunas comunidades, los cortes de agua y electricidad dificultaron incluso actividades básicas de atención sanitaria y educación.
La Comisión de Investigación de Naciones Unidas recogió testimonios de civiles que describieron cómo las temperaturas dentro de sus viviendas descendieron considerablemente durante los cortes. También señaló que las autoridades ucranianas registraron muertes y lesiones relacionadas con el frío durante el invierno.
Aunque los cortes afectan a buena parte de la población, sus consecuencias no son iguales para todos.