El sector transita un año con desafíos inesperados, mientras reclaman que no tuvieron medidas para mejorar su competitividad.
Tanto la olivicultura como los pistachos y otros frutos secos coinciden en que apostaron por tecnificar su producción, lo que requiere más inversión, además de demorar en dar rentabilidades.
El sector olivícola de San Juan, el segundo agroexportador después del complejo vitícola, se enfrenta a condiciones desfavorables este año. Tras una cosecha que no fue la idea, el precio internacional se encuentra bajo y tienen mayor competencia desde Europa, tanto por el tratado Mercosur-UE como por una decisión fiscal de Brasil.
Daniel Fernández, presidente de la Cámara Olivícola de San Juan, definió la situación como compleja. A su vez, dijo que hasta ahora no hubo mejoras en las condiciones de competitividad que estaban esperando, sin bajas de impuestos generales y todavía sin acceso a un régimen de incentivo nacional como habían solicitado.
En medio de todos estos factores que no favorecen a la coyuntura, el Gobierno Nacional lanzó una nueva flexibilización en el ingreso de alimentos a Argentina. Este cambio reduce los requisitos que tienen que cumplir todos los productos de consumo humano que van a ingresar al país, lo que también abre mayores facilidades a los aceites, en medio de un momento en el que el sector buscaba ganar mercado interno, pero teme terminar perdiéndolo.
La situación resulta en que una temporada que inició con potencial para el crecimiento del sector olivícola acumula condiciones difíciles para los productores sanjuaninos. No hubo mejoras en las condiciones naturales de la cosecha, de regulaciones ni del mercado interno o externo que generen buenas expectativas para los empresarios.
Desde la Cámara Olivícola elaboraron un informe en el que detallaron cuáles fueron las condiciones naturales que marcaron esta temporada. Según los datos que recabaron de los socios, la campaña desde el punto de vista agronómico y climático fue favorable, no tuvieron eventos adversos que redujeron la cantidad de aceitunas producidas. Esto, explicaron, hizo que se dieran importantes volúmenes en las principales zonas productivas.
Pero una vez terminado el balance notaron que la mayor disponibilidad vino acompañada de una menor concentración de materia grasa. Según los cálculos de las aceiteras, en términos generales la cantidad de aceite que obtuvieron fue entre un 10 y un 12% menos que los habituales en campañas anteriores.
Esto se tradujo no sólo en menor producción, sino que a su vez los kilos logrados de aceite fueron menos, pero procesando la misma cantidad de fruta, por lo que fue el mismo trabajo, pero con menores resultados. En la balanza final, esto implicó un escenario más difícil, porque “incrementa los costos industriales y reduce la eficiencia de la campaña”.
La problemática se profundiza por la situación del precio internacional del aceite de oliva. Al inicio de la cosecha, explicó Fernández, “el precio por tonelada estaba cerca de los 5.000 dólares, pero ahora descendió a los 4.100 o 4.150 dólares”. Nuevamente, un golpe al margen de ganancia de los exportadores, ya que si bien el presidente de la cámara dijo que no es “el mínimo histórico, había proyección de precios más altos”.
El balance final del año se definirá una vez que estén los datos de cómo será la cosecha en Europa, ya que ahí se genera el grueso de la producción global y termina definiendo el precio de venta también para el mercado argentino, donde San Juan es el principal productor de aceite de oliva.
Desde que se anunció el acuerdo de libre mercado entre la Unión Europea y el Mercosur, el sector olivícola fue uno de los primeros sectores que criticó la baja de aranceles, por el riesgo que significa para el mercado argentino. Finalmente el tratado se aprobó y el 5 de agosto cumplió sus tres meses de vigencia.
Hasta ahora el impacto no ha sido directo, ya que para el sector olivícola hay un plan de baja de aranceles que establece plazos hasta los 15 años. Aun así, el movimiento de comercio entre las dos regiones empieza a generar más movimiento de productos europeos en las góndolas argentinas y hay más oferta de productos del viejo continente.
Esta situación complejiza un plan que tenían para el mediano y largo plazo los productores olivícolas locales, que era aumentar la venta de aceites envasados para el mercado interno. No crecieron las ventas hasta ahora, pero sí la oferta de importados, lo que dificulta el acceso a este grupo de consumidores, que es el que deja más ganancia.
La estrategia en este caso sigue siendo poder demostrar que existe un beneficio para los productores europeos, que no deben cumplir con criterios organolépticos para vender en Argentina y que además cuentan con una producción subsidiada, lo que hace menos competitivos los productos locales.