Me sorprende que se celebre el acuerdo con Gibraltar como un éxito para España, cuando en realidad es un éxito para Gibraltar. De hecho, el Gobierno de Gibraltar siempre ha sabido hacer su trabajo y mirar por lo suyo, algo que no podemos decir de España. Si echamos un vistazo al acuerdo entre el bloque UK-Gibraltar y la Unión Europea, no con España, se ha aclamado mucho que desaparezca la verja. Si alguien ha entrado alguna vez a Gibraltar sabe que se tardaba 1 minuto en cruzar la verja, tanto a pie como en vehículo. Realmente, las colas se formaban por la revisión en aduana, no por la verja. ¿Y ahora qué? Pues desconozco si algo cambiará de forma efectiva, porque se especifica que podrán realizarse controles policiales, aduaneros o de seguridad selectivos. Además, Gibraltar tiene derecho a verificar si personas procedentes del Reino Unido, de Marruecos u otros territorios exteriores pueden entrar en su territorio. Lo de controlar quién entra desde el Reino Unido se debe a la inmigración masiva que este país está permitiendo y que no se quiere en Gibraltar. Además, España también podrá comprobar si cumplen las condiciones de entrada en Schengen, aunque si esto se protege como nuestras fronteras marítimas actualmente pues no comprobarán mucho, y es la encargada de emitir visados para entrar a Gibraltar temporalmente. Al final, Gibraltar mantiene su legislación migratoria, casi intacta.
Y para los trabajadores españoles en Gibraltar ¿qué? Se estipula: el reconocimiento y la coordinación de cotizaciones y el acceso coordinado a prestaciones de enfermedad, maternidad, desempleo, jubilación y prestaciones familiares, así como a la atención sanitaria en el lugar de residencia y, en determinados casos, en el lugar de trabajo. Esto es importante porque aporta estabilidad al mercado laboral de La Línea, con más de 16.000 trabajadores, pero también funciona en sentido contrario. Gibraltareños que compran pisos en el Campo de Gibraltar y son residentes fiscales de Gibraltar, pero viven efectivamente en España. Además, están el efecto de las expectativas de revalorización por el previsible aumento de trabajadores interesados en residir en los pueblos y ciudades colindantes, y las nuevas inversiones que previsiblemente atraerá Gibraltar por la desaparición del riesgo de frontera, junto con la posibilidad de tener pisos más grandes, con mejores playas, más baratos y acceso directo en coche a la costa andaluza. El mercado inmobiliario ya lo está notando, y mucho en esta zona.
Respecto a las mercancías, Gibraltar no forma parte formalmente del territorio aduanero de la Unión Europea, pero se crea una unión aduanera específica sin aranceles ni cuotas a lo que se produzca en este territorio; eso sí, debe aplicar normas equivalentes a las europeas sobre productos, etiquetado, seguridad alimentaria y controles sanitarios. Esto facilita el paso físico de camiones por la frontera, pero introduce complejidad administrativa por tránsito europeo, despacho en España, apertura de un procedimiento especial y cierre del tránsito por la aduana gibraltareña. Además, Gibraltar no introduce el IVA europeo, sino que establece una especie de impuesto sobre las transacciones con un tipo general inicial del 15% que acabará siendo del 17% en el tercer año. Lo más positivo para la Unión Europea, aunque negativo para los locales, es que ha aceptado establecer un impuesto especial sobre tabaco, alcohol y, progresivamente, sobre combustible. Se acabó echar gasolina más barata en Gibraltar, ¿o no?
En definitiva, para España no ha habido avance formal en soberanía; es más, se ha normalizado el statu quo y se ha garantizado la viabilidad económica de Gibraltar después del Brexit, sin convergencia fiscal completa y con mayores costes administrativos. Gibraltar evita una frontera dura, adquiere seguridad jurídica para sus empresas, trabajadores y residentes, tendrá acceso fluido a mercancías europeas, además de nuevas rutas aéreas a través de su aeropuerto, y soberanía con una base militar protegida. Para los campos gibraltareños, en términos de empleo será positivo al poder aumentar por la facilidad de entrada y contratación; en términos de comercio probablemente será mixto, ya que parte del consumo cotidiano se puede trasladar hacia La Línea, pero a su vez esto puede encarecer los precios; además, en términos de vivienda parece que va a ser muy negativo, debido a que los locales no pueden competir con los sueldos de los llanitos.