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Nevaco Global
24 de octubre de 2026

Las exportaciones tecnológicas compensan el flácido autoconsumo y colocan a China en el rumbo hacia el objetivo de crecimiento anual

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Ciudadanos chinos cruzan un paso de cebra en Pekín, este lunes. / JESSICA LEE / EFE

China ha registrado un crecimiento superior a lo esperado en el tercer trimestre con un patrón conocido: las saludables exportaciones, especialmente las tecnológicas, frente a un flácido autoconsumo. El PIB de la segunda economía mundial se expandió un 4,5% interanual entre julio y septiembre, dos décimas por encima del anterior trimestre, que fue el peor en más de tres años. Durante los nueve primeros meses de 2026, la economía creció un 4,6%, lo que parece asegurar el objetivo anual de entre el 4,5% y el 5% que quedó fijado en la Asamblea Nacional Popular.

Ese crecimiento se ha conseguido "con gran esfuerzo" y "bajo presión", se felicitó Mao Shengyong, viceministro de la Oficina Nacional de Estadística. "Al mismo tiempo, también debemos reconocer que el entorno internacional es complejo y volátil, que el problema de la insuficiente demanda interna sigue siendo relativamente importante y que es necesario consolidar las bases para mantener un crecimiento económico estable y positivo", añadió.

China ha vadeado sin daños significativos la guerra comercial librada con Estados Unidos, la primera potencia económica mundial, y las turbulencias en el suministro energético causadas por el conflicto en Oriente Medio. Su desarrollo subraya el reto al que se enfrenta el Gobierno con el desequilibrio entre su músculo exportador, impulsado por la manufactura de alta tecnología, una inversión débil y un consumo interno estancado. Es lo que los expertos llaman la "economía a dos velocidades".

Se cumplen ya cinco años desde la quiebra de Evergrande, el gigante inmobiliario chino, que arrastró a todo el sector. En sus tiempos gloriosos aportaba casi un tercio a la economía nacional y ahora lo lastra ya que se estima que el 70 % de la riqueza de los hogares chinos está vinculada a él. El desplome de la inversión inmobiliaria del 20,2% durante los nueve primeros meses del año sugiere una crisis sin salida a la vista.

La inversión, uno de los tradicionales motores de la economía china, tampoco se mostró robusta. La inversión en activos fijos, que incluye el gasto en infraestructuras, fábricas e inmuebles, cayó un 7,2% durante los nueve primeros meses del año en comparación con el mismo periodo del pasado, según los datos oficiales. El descenso se mantuvo al mismo ritmo que durante los ocho primeros meses del año. Las ventas minoristas, un indicador clave del consumo, crecieron un 1,1% en septiembre, frente al tímido aumento del 0,4% registrado en agosto. Es la alicaída demanda interna la que motivó que el Fondo Monetario Internacional rebajara recientemente su previsión de crecimiento para China este año del 4,6% al 4,5%. También recortó su previsión para 2027 del 4,1% al 4%.

El autoconsumo es el asunto nuclear de todos los discursos oficiales económicos de la última década. El plan de Pekín es que releve a las exportaciones como su principal motor pero los avances son escasos por la percepción catastrofista que tienen los chinos de la marcha de su economía. Para contrarrestar el pesimismo, el Gobierno ha aprobado una serie de medidas de estímulo limitadas como subvenciones hipotecarias para quienes compran su primera vivienda y recortes selectivos de los tipos de interés. Muchos economistas extranjeros advierten de que son necesarias medidas más rotundas pero China teme los aumentos de la deuda que provocan los grandes paquetes de estímulo.

Así que las exportaciones siguen tirando del carro y, especialmente, las relacionadas con la inteligencia artificial y la tecnología verde, como las baterías y coches eléctricos.

Las ventas al exterior se dispararon un 36,3% en septiembre en comparación con el mismo mes del año anterior, lo que supone el mayor incremento desde principios de 2021. El superávit comercial de los nueve primeros meses trepó hasta los 938.100 millones de dólares, frente a los 875.100 millones registrados en el mismo periodo del pasado año. Es seguro que superará el récord de 1,2 billones de dólares del pasado año y acrecentará los viejos lamentos de Bruselas y Washington.

Maros Sefcovic, el comisario de Comercio de la UE, aterrizó recientemente en Pekín recordando los 1.000 millones de euros de déficit diarios después de que la cifra anual creciera de los 300.000 millones a los 360.000 millones. Sefcovic arrancó de China el compromiso de recortar a la mitad sus exportaciones de coches híbridos y de rebajar sus aranceles al aceite de oliva o el calzado, apenas una tirita contra una caudalosa hemorragia.

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