Brasil recurre a los BRICS ante presión comercial de Trump
La creciente dependencia de las exportaciones brasileñas hacia China limita el impacto de los aranceles de EU y acelera la búsqueda de nuevos socios.
Cargando análisis estratégico...
La reciente escalada reafirmó el rumbo de Mark Carney para reducir la vulnerabilidad de su país frente a Washington. Expertos apuntan al afán de control de EEUU sobre su vecino, pese a los beneficios de décadas de integración económica.
“Reconocimos desde el principio que Estados Unidos había cambiado” y que “usaría la integración económica como un arma”, afirmó el sábado el primer ministro canadiense, Mark Carney, en medio de la escalada del conflicto comercial entre ambos países, que ha continuado escribiendo capítulos esta semana. “Construir en casa y diversificar nuestro comercio en el exterior no es nuestro plan B. Ha sido nuestro plan A desde el principio”, sentenció.
Para el investigador del Center for Strategic and International Studies (CSIS), Diego Marroquín, la postura de Carney refleja que el deterioro de la relación “se está volviendo un tema estructural” para Canadá. “Es difícil construir una relación y construir confianza, y es muy fácil destruir la reputación y destruir la confianza que hay entre dos países”, señaló a DF. Por eso, incluso ante un futuro cambio de gobierno en Ottawa, estima que la política “muy probablemente sea la misma, tener un mayor grado de autonomía. Ese es el consenso en Canadá”.
La preocupación también quedó plasmada en un editorial del domingo de The Wall Street Journal. Titulado La guerra comercial más tonta, revisitada -en febrero de 2025 ya había calificado en esos términos el conflicto-, sostuvo que la decisión de Donald Trump de intensificar la disputa con Canadá “no tiene sentido económico ni político”. Además, apuntó al cambio de fondo en la relación, señalando que mientras buena parte de las diferencias podrían haberse abordado mediante una renegociación del Acuerdo de Canadá, EEUU y México (Cusma, su sigla en inglés), Trump “no quiere actualizar el acuerdo. Quiere reescribirlo unilateralmente”.
El choque comenzó con el segundo mandato de Trump, que antes de cumplir un mes en la Casa Blanca ya había amenazado la soberanía canadiense y abierto una ofensiva arancelaria contra su vecino.
En febrero de 2025 ordenó gravámenes de 25% sobre las importaciones canadienses -10% para la energía-, inicialmente justificados por el tráfico de fentanilo y la migración irregular. Tras una pausa, entraron parcialmente en vigor en marzo y Ottawa respondió con represalias, una alternativa por la que solo han apostado Canadá y China.
Mientras se sucedían nuevas tarifas de EEUU sobre acero, aluminio y automóviles, junto con continuas amenazas intercaladas con negociaciones, el conflicto alteró la política interna canadiense. Carney sucedió como primer ministro a Justin Trudeau con llamados a defender la soberanía canadiense.
Las fricciones continuaron hasta la revisión del Cusma en julio de este año. Canadá y México buscaban extender por otros 16 años el acuerdo, pero Trump se negó, abriendo un período de revisiones anuales.
Poco después, Washington recurrió a la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930 -nunca antes utilizada por un Presidente- para anunciar gravámenes de 50% sobre unos US$ 20 mil millones en productos canadienses, incluyendo a varios de los que forman parte del Cusma.
La semana pasada, hubo un acercamiento que se desmoronó el viernes, cuando Washington endureció sus exigencias. Canadá rechazó condiciones que afectaban a su industria automotriz, restricciones a su capacidad de firmar acuerdos comerciales con terceros y cambios en las protecciones a la lengua francesa y la cultura canadiense. A eso se sumó la pretensión estadounidense de obtener acceso exclusivo a minerales críticos, algo que Carney aseguró que Ottawa “nunca” aceptaría.
Los nuevos aranceles estadounidenses comenzaron a regir el sábado y el primer ministro anunció una respuesta de “dólar por dólar”; Trump elevó el lunes los gravámenes sobre autos y autopartes canadienses a 50%, y Ottawa concretó el martes su represalia, con aranceles de entre 15% y 50% sobre US$ 20 mil millones en bienes estadounidenses a partir del 8 de septiembre.
La magnitud de la represalia anunciada esta semana contrasta con la valoración positiva que los especialistas hacen de la relación económica entre ambas naciones.
El vicepresidente y director de Comercio y Mercados Globales del Progressive Policy Institute, Ed Gresser, en un informe publicado este miércoles ejemplificó el vínculo a través de tres diversas líneas productivas. Canadá es el principal destino de las manufacturas estadounidenses, compra cerca de la mitad de las langostas producidas en Maine y aporta una quinta parte del equipamiento de hockey que importa EEUU. El último intercambio de aranceles golpeará estos dos últimos ejemplos.
Marroquín también destaca los beneficios de la integración, detallando que, a diferencia de otros bloques, en Norteamérica “construyen cosas juntos”. Insumos y componentes atraviesan las fronteras aprovechando las ventajas productivas de Canadá, EEUU y México antes de convertirse en un producto terminado. El esquema se extiende desde automóviles y dispositivos médicos hasta semiconductores y alimentos.
Sin embargo, advierte que la lógica que hoy guía a Ottawa está en otro plano. Aunque el investigador del CSIS no descarta que ambos países se abran a nuevas negociaciones, sostiene que la profundidad del vínculo económico se ha configurado como un problema para Canadá, dado que Washington utiliza su peso para obtener concesiones.
Accede a la nota completa y mantente a la vanguardia de los movimientos financieros globales.
Leer artículo en Nevaco GlobalNevaco Report — Monitoreo en tiempo real de mercados globales y análisis macroeconómico.
La creciente dependencia de las exportaciones brasileñas hacia China limita el impacto de los aranceles de EU y acelera la búsqueda de nuevos socios.
Trump había impuesto restricciones a la importación de ganado procedente de México para combatir la propagación del gusano barrenador del Nuevo Mundo, pero esta semana inició una reapertura gradual de algunos puertos ganaderos en su frontera sur.