La tregua energética entre Ucrania y Rusia orquestada por Trump evidencia su avidez para adquirir el diésel ruso aún a costa de acelerar la derrota de Kiev.
12/10/2026. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado un múltiple órdago sobre la guerra de Ucrania, no tanto a favor de Rusia, a la que efectivamente beneficia, sino a favor de los propios intereses energéticos de Estados Unidos, cada día con más problemas para obtener combustible debido a la ordalía desatada con el conflicto de Irán. Además de llegar esta semana un acuerdo con el Kremlin para liberar diésel ruso que pueda comprar EEUU a precios más que convenientes, Trump ha anunciado una endeble tregua que impida a los dos enemigos golpear sus respectivas infraestructuras energéticas. Para completar su jugada, el líder republicano amenaza con bloquear el envío de armas a Ucrania si esta sigue bombardeando las refinerías rusas, una medida que humillaría a los países europeos que apoyan a Kiev y que dejaría inerme al Ejército ucraniano.
La Unión Europea, que en los últimos meses había incrementado su presión sobre Moscú con acusaciones de guerra híbrida y redoblando el suministro de armas a Ucrania, ve en peligro su peso en el conflicto y teme que, si Trump cumple sus amenazas de bloquear la venta de armas estadounidenses a Europa para enviar a Kiev, los días de Volodímir Zelenski al timón del Estado ucraniano estén contados. Ya esta semana Trump cuestionó la permanencia en el poder del presidente de Ucrania y demandó elecciones en este país. De nuevo, Zelenski vuelve a ser el malo en esta crisis para el jefe de la Casa Blanca.
Bruselas ha respondido ante esta injerencia creciente de Trump, que ya se mostró con mucha virulencia el año pasado, al comienzo de su mandato, ha cerrado filas con Zelenski, ha señalado que las elecciones en Ucrania se celebrarán cuando un alto el fuego de al menos 60 días lo permita y ha confirmado nuevas sanciones contra Rusia para tratar de equilibrar el soplo económico que la Casa Blanca le puede dar al Kremlin con la compra de su diésel.
El último golpe de timón lo dio Trump al anunciar este domingo que rusos y ucranianos habían aceptado su propuesta de tregua energética, aunque en realidad parece que este nuevo pase de baile del presidente estadounidense en la guerra de Ucrania ha pillado a los contendientes por sorpresa, al menos a los ucranianos. El propio Zelenski se mostró sorprendido, aunque después dijo aceptar ese posible alto el fuego. Horas después, no obstante, denunciaba que los rusos ya habían violado el pacto, atacando instalaciones energéticas en Járkov y otros lugares, e insistía en que cualquier desescalada en los ataques a los centros de producción, distribución o almacenamiento de energía debía ser mutua y con garantías.
La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Seguridad, Kaja Kallas, manifestó este lunes su satisfacción con ese frágil alto el fuego, pero también subrayó que de momento Moscú no lo estaba respetando. “No solo se trata de la energía, pero la energía es extremadamente importante porque el invierno va a ser frío, y por eso es importante que no se aplique únicamente a las refinerías; Ucrania tiene una y Rusia tiene muchas, así que sin duda beneficia a los rusos” el eventual alto el fuego, dijo.
Bruselas está viendo en peligro su apoyo a Ucrania con los últimos pasos dados por Trump en torno a una guerra que ha entrado en una nueva fase con los bombardeos indiscriminados rusos en respuesta al ataque de los drones ucranianos contra sus refinerías, Por eso, la UE ha anunciado una nueva y más intensa andanada de sanciones contra Rusia. Afecta a cerca de 1.600 personas y entidades relacionadas con empresas militares rusas. También a 77 individuos y organizaciones que, en las elecciones legislativas rusas de septiembre, llevaron a cabo esos comicios en las regiones ucranianas ocupadas por Rusia, es decir, en Jersón, Zaporiya, Donetsk, Lugansk y la península de Crimea, anexionada en 2014.
“Creemos que solo la presión sobre Rusia dará resultado”, afirmó Kallas, para quien tales sanciones tendrían más efectividad si Washington actuara de acuerdo con la UE.
No es ese el caso, ni mucho menos. Trump ha desechado su promesa de acabar pronto con la guerra de Ucrania y ha pasado a ver este conflicto como una mena para saciar los intereses estadounidenses. Así, su tregua energética pretende parar ese acoso ucraniano contra las plantas de refinado de crudo y los depósitos de combustible en el corazón de Rusia, que pone en peligro ese pacto ruso-estadounidense para exportar el gasóleo hacia EEUU.
Los efectivos ataques ucranianos con drones principalmente a las refinerías rusas, incluso las más alejadas del frente, y el corte de parte del suministro de diésel se añaden a las restricciones impuestas por la guerra de Irán y el cierre parcial del estrecho de Ormuz, canal de exportación de los combustibles del Golfo Pérsico. Uno de los países más afectados por esta carestía es precisamente Estados Unidos. El sábado, Trump instó a Zelenski a no atacar las refinerías rusas y acusó al presidente ucraniano de provocar un “problema mundial” que estaba dañando a los sectores agrario y del transporte estadounidenses.
Y ahí está el meollo de la cuestión, en el acuerdo suscrito esta semana entre Trump y el presidente ruso, Vladímir Putin, que puede imprimir un giro en el curso de la guerra y poner una piedra insalvable en la capacidad de resistencia ucraniana a la presión militar rusa, más aún en el umbral de un invierno que se avecina muy difícil para Ucrania.
Según Trump, ese acuerdo permitirá que Rusia libere cientos de miles de barriles de diésel con el objetivo de inyectarlos en el mercado mundial y obligar a una bajada de los precios de este combustible. En el trato con Putin, dijo Trump, “se alcanzó un acuerdo para que Rusia suministre de inmediato más de 300.000 toneladas de gasóleo al mercado estadounidense e internacional, otras 500.000 toneladas en noviembre y un millón de toneladas inmediatamente después”. Este monto se elevará hasta que Rusia pueda entregar, agregó Trump, tres millones de toneladas de gasóleo, dependiendo del trabajo de sus refinerías. Rusia es uno de los grandes suministradores de diésel, pero los ataques ucranianos le llevó a suspender sus exportaciones para garantizar siquiera el abastecimiento interno.
A cambio, Trump propuso la retirada de algunas de las sanciones más dolosas que pesan sobre la economía rusa, entre ellas las que afectan precisamente al diésel ruso, impuestas tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022. Sin este paso, sería imposible la exportación de gasóleo ruso anunciada por Trump.
La respuesta casi inmediata de Ucrania fue atacar en la noche del sábado una terminal petrolera rusa en la región de Rostov. Era el desafío a un acuerdo que, de completarse, inyectará miles de millones de dólares a la economía de guerra rusa e inclinará de manera irremediable la balanza del respaldo estadounidense en la contienda hacia el lado del Kremlin. Zelenski calificó el paso de Trump como “deshonesto” y una muestra de “debilidad”.
Las acciones de Trump se producían, además, después de que Zelenski hubiera lanzado una llamada de atención a Washington para que presionara a Moscú por la campaña de bombardeos indiscriminados iniciados en septiembre y agravados la semana pasada (en respuesta a los ataques ucranianos a las refinerías rusas) y que han dejado cientos de muertos civiles en instalaciones energéticas y edificios residenciales de Kiev y otras localidades ucranianas. Zelenski acusó a Trump de “inacción” ante estas matanzas, lo que no gustó nada en la Casa Blanca. Trump propuso que el líder ucraniano sea sustituido en unas elecciones.