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6 de junio de 2026

Manuel Antonio Luzarraga marino vizcaíno y oligarca ecuatoriano (1796-1855)

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En imágenes: Manuel Antonio Luzarraga marino vizcaíno y oligarca ecuatoriano (1796-1855)

En 1841 Luis de Potestad, primer encargado de negocios enviado por España a Ecuador tras el establecimiento de relaciones diplomáticas, llegó tras un largo viaje a Quito. Allí comenzó a redactar informes sobre el estado del país, su organización política y, en general, sobre la región. De Potestad elaboró en su primera comunicación un listado de hombres en posiciones de poder. Entre ellos destacaba, por supuesto, el presidente Juan José Flores, militar curtido en las guerras de independencia, lugarteniente de Bolívar y primer presidente del Ecuador independiente tras 1830. Tras él se encontraba Manuel Antonio Luzarraga, a quien se presentaba como una figura muy cercana al presidente y a quien convenía atraerse. ¿Quién era este vizcaíno tan importante?, ¿cómo había alcanzado aquella posición de poder?, ¿cuál fue su relación con su Mundaka natal?

La costa vizcaína había sido durante toda la Edad Moderna un punto de intercambio fundamental. Su aduana interior y la gran cantidad de poblaciones costeras volcadas al mar y a la construcción naval habían convergido para crear una verdadera red comercial. La actividad, espoleada por la producción de hierro, las vinculaciones comerciales con Cádiz y, por tanto, con el continente americano, y la presencia de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas contribuyeron a dinamizar el territorio histórico. Sin embargo, las últimas décadas del siglo XVIII fueron convulsas. El final de la mencionada compañía en 1785 y el estallido de la Revolución Francesa en 1789, sumadas a una crisis económica general dieron lugar a una alta conflictividad que perduraría décadas. De hecho, la Guerra de la Convención en la que la Francia revolucionaria combatió a múltiples monarquías absolutas asoló los territorios vascos entre 1794 y 1795.

Manuel Antonio Luzarraga nació el 10 de octubre de 1796 en Mundaka, tan solo un año después de aquella guerra. Aunque no existe información exacta sobre la ocupación de sus familiares, se ha señalado su vinculación con las actividades marineras y la pesca. Lo que es seguro es que, a la edad de 15 años, en 1811, entró como guardiamarina en la Real Armada. La infancia y juventud de Luzarraga transcurrió entre conflictos militares, como las guerras contra el Reino Unido y la ocupación francesa de la península en 1808. Este también fue un caldo de cultivo ideológico que politizó al joven Luzarraga, tendente a las ideas liberales.

Insignia de la Compañía de bomberos Luzarraga de Guayaquil. .

La oleada de conflictos e ideas revolucionarias también habían sacudido América, donde desde 1810 se desarrollaron guerras por la independencia en las que el marino no tardaría en tomar parte. Llegó a Ecuador con apenas 18 años en 1814. En aquel momento la Real Audiencia de Quito todavía permanecía bajo el control del virrey en Lima, aunque el dominio español en América ya había comenzado a fracturarse unos cinco años antes. Luzarraga llegó en aquel contexto al servicio de la Real Armada, ya muy menguada, a bordo de la fragata Gerona.

La llegada a Guayaquil hizo que su vida tomase un nuevo rumbo. Luzarraga abandonó la Armada para integrarse en la casa del rico comerciante, escritor y futuro presidente de Ecuador Vicente Rocafuerte. La actividad comercial y su vida personal confluyeron al serle ofrecida la mano de María Francisca Panchita Rico Rocafuerte, miembro de una de las familias más prominentes de Guayaquil y sobrina de su patrón. Su progreso en los negocios se aceleró cuando creó en 1818 una sociedad comercial con el también vizcaíno Manuel Loro, adquiriendo la goleta Alcance.

En 1820 estos dos compatriotas tuvieron que tomar una decisión: quedarse al margen del levantamiento de Guayaquil contra el gobierno español o unirse a la causa rebelde. A pesar de no existir un claro compromiso con el levantamiento por parte de Luzarraga, acabó vendiendo su embarcación a la causa independentista. Esta acción supuso su participación directa en el levantamiento, lo que le llevó a ser nombrado capitán del puerto de Guayaquil. En este punto comenzó su carrera militar en el Nuevo Mundo con un ascenso meteórico, encargándose de la defensa del puerto guayaquileño. Tal llegó a ser su protagonismo que la reunión entre los dos grandes próceres de la independencia americana, San Martín y Simón Bolívar, se desarrolló en la Casa Luzarraga, hogar y centro de negocios de este magnate vizcaíno. Tras el triunfo del levantamiento en Guayaquil, Luzarraga continuó expandiendo su casa de comercio a través del negocio cacaotero, llegando a ser conocido como principal propietario de estas plantaciones en los alrededores de la ciudad. La diversificación de sus negocios lo llevó a convertirse en prestamista y asegurador contra incendios y robos.

Esta expansión comercial se combinó con la adquisición de otros cargos de importancia pública, como el jefe del cuerpo de bomberos en 1827, cesando como capitán de puerto. Su trabajo contra incendios y las donaciones pecuniarias de su casa de comercio llevaron a la creación en 1867 de una compañía de bomberos en su honor, “Compañía Luzarraga”, la cual se encuentra activa hasta el día de hoy. La oficina de préstamo que creó la casa comercial del vizcaíno llegó a obtener el permiso en 1860 de constituirse como banco privado y emitir papel moneda en Ecuador.

Grabado del muelle y puerto de Guayaquil en 1867, dibujado por Lebreton y grabado por Delaunay. .

En el ámbito político y militar, llegó a ocupar los despachos de general de brigada en 1834, ascendiendo hasta ser nombrado contraalmirante. Durante el gobierno de su tío político, Vicente Rocafuerte, jugó un papel fundamental como diplomático, representando a Ecuador y consiguiendo la firma de un tratado de amistad y comercio con México en 1838. Tal fue su riqueza e influencia en Ecuador que el gobierno español aceptó de buen grado la petición de recuperación de su antigua naturaleza en 1852, a pesar de la oposición por parte del consulado español en Guayaquil. Esta decisión supuso un conflicto entre el encargado de la Legación española en Ecuador y el mencionado cónsul, quien no creía conveniente la naturalización como español de Luzarraga debido a que participó activamente en las guerras de independencia y que solo buscaba el lucro ante las reducciones arancelarias. Tanto el encargado de la Legación como el gobierno español antepusieron el beneficio que reportaría su influencia y riqueza a su expediente como rebelde. Su incorporación a la familia española llevó a Manuel Antonio Luzarraga a renunciar a su generalato dentro del Ejército ecuatoriano, e incluso llegó a ser nombrado cónsul español en Guayaquil, puesto que no pudo desempeñar debido a problemas de salud.

Luzarraga también tuvo un papel destacado en la vida pública de Ecuador. Como figura próxima al presidente Juan José Flores, continuó ofreciéndole su respaldo tras perder este el poder en 1845. De hecho, fue uno de los patrocinadores de su viaje a Europa en busca de apoyos políticos y militares con los que retomar el poder durante 1846 y 1847. La última conspiración política en la que participó Luzarraga en Ecuador tuvo lugar en 1852, cuando se produjo un nuevo intento por recuperar el poder por parte de Juan José Flores. El general exiliado contó esta vez con el apoyo peruano para lanzar una expedición naval compuesta por una tropa variopinta. Luzarraga acudió en esta ocasión en ayuda del gobierno ecuatoriano presidido por el liberal José María Urbina y sobornó a una parte de aquel contingente para que depusiera las armas, lo que contribuyó a desbaratar la expedición.

Aquel mismo 1852 se produjo el fallecimiento de su mujer, lo que afectó también a su salud. Fue entonces cuando, a pesar de sus múltiples negocios y cargos en Ecuador, decidió emprender un viaje a casa. Por una parte, Luzarraga mantuvo vínculos comerciales con Bizkaia a través de la venta de cacao. Por otra, sabemos que el recuerdo de su tierra debió estar presente, al menos de manera puntual. En 1848 inscribió dos veleros en el consulado de Guayaquil como propiedad de su casa comercial, ambos de 980 toneladas. Uno de ellos fue bautizado como Ciudad de Bilbao. Sea como fuere, tras la muerte de su esposa y aquejado de problemas de salud viajó hasta Bizkaia. Visitó Mundaka y obsequió a la iglesia parroquial de Santa María, donde lo habían bautizado, una campana de bronce. Igualmente hizo dorar el Altar Mayor y erigió su nuevo Presbiterio, como lo expresa una placa que fue puesta allí, donde se explicaba: “Fue dorado este altar y erigido el nuevo presbiterio a expensas de don Manuel Antonio de Luzárraga. Año MDCCCLII”.

Manuel Antonio Luzarraga falleció en la ciudad de Cádiz durante el año 1855 aquejado de problemas cardíacos. Dejó tras de sí un verdadero conglomerado empresarial que sus hijos manejaron con mayor o menor fortuna. Su figura condensa una buena parte de las primeras décadas de existencia de las repúblicas americanas. Llegado como parte de la autoridad real, emparentó y se ganó la confianza de la oligarquía local. Supo navegar las aguas de la política, el comercio y las finanzas extrayendo los máximos beneficios posibles. Explotó, conspiró, financió tanto revueltas como sus aplastamientos y sentó las bases de la banca ecuatoriana. A pesar de todo, demostró mantener un ojo puesto en su lugar de nacimiento.

Felipe Sobrinos Bueno. Madrid (2001). Graduado en Historia por la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) en 2023. Actualmente es contratado predoctoral FPU en el Área de América de la UAH.

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