Ivette Cepeda, la voz de Cuba, decide echar raíces en Vigo
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atlantico
7 de noviembre de 2026

Ivette Cepeda, la voz de Cuba, decide echar raíces en Vigo

“Tiene algo maravilloso: esa mezcla de puerto abrigado y mar abierto, de calma y de constante movimiento”, asegura

Ivette Cepeda (Sancti Spíritus, Cuba, 1963), intérprete de boleros y otros géneros cubanos, dejó la isla donde se hizo célebre para asentarse en Vigo. Tras más de dos décadas de trayectoria, ha decidido echar anclas en la ciudad al menos mientras dure su larga gira por España y Europa. Este mes ya cerró actuaciones en la Sala Rebullón de Puxeiros el 8 de noviembre, en Allariz el 27 de noviembre y en el emblemático Liceo de Ourense el 28 de noviembre antes de continuar su recorrido.

¿Qué encontró en esta esquina del Atlántico para convertirla en su hogar durante este periplo?

Encontrarse con un lugar en el mundo nunca es una casualidad para un artista; es siempre una afinidad del alma. Vigo tiene algo maravilloso: esa mezcla de puerto abrigado y mar abierto, de calma y de constante movimiento. Para alguien que viene de una isla, el Atlántico es una presencia viva, una conversación constante. Esta ciudad me ha recibido con una calidez humana enorme, con un silencio fecundo que me permite respirar y pensar la música desde otro lugar. Vigo es el refugio ideal para hacer una pausa fructífera entre concierto y concierto.

¿Cómo cambia su dinámica de trabajo esta nueva logística geográfica?

Cambia para bien, con mucha ilusión. Europa, y en particular España y Galicia, ofrece una conectividad y una paz operativa muy valiosas para enfrentar un calendario de conciertos de esta magnitud. Salir de gira exige una entrega física y emocional enorme; saber que tras los aplausos, el ajetreo de los viajes y la intensidad de los escenarios regreso a la tranquilidad de Vigo mientras dure la gira, me da un equilibrio indispensable. Desde aquí coordinamos cada presentación, preparando el repertorio con la misma devoción de siempre, pero con la mente muy despejada.

¿Cómo concibe este reencuentro tan cercano con el público gallego?

Es mi manera de dar las gracias y de pedir permiso a esta tierra que me acoge durante este tiempo. Empezar por recintos tan íntimos me permite mirar a los ojos al público, sentir de cerca el calor de la gente y ofrecer un abrazo de presentación muy directo. No quería ponerme a viajar por otros países sin antes cantarle desde la cercanía al público gallego. Me llena de emoción pensar en el diálogo entre la 'morriña' gallega y el sentimiento cubano que se va a dar en cada una de estas noches de noviembre.

Fue maestra de formación y ejerció el magisterio durante años. ¿Conserva la Ivette cantante a la educadora?

Totalmente. Nunca se deja de ser maestra. La pedagogía me enseñó a escuchar antes de hablar, a mirar a los ojos, a entender las necesidades del otro. Cuando me subo a un escenario no pretendo simplemente exhibir una técnica vocal; pretendo enseñar mi corazón y abrir un espacio donde la gente pueda mirarse por dentro. El canto es una forma de enseñanza afectiva. En un concierto, cada canción es una pequeña lección de amor, de desamor, de nostalgia o de esperanza. La música me devolvió el aula, solo que ahora el aula es el teatro y los alumnos son las almas que deciden acompañarme.

Se le reconoce capaz de abordar el bolero, la trova, la canción de autor y el jazz. ¿Cómo elige una canción?

Primero me tiene que doler o me tiene que curar. No puedo interpretar un texto que no sea capaz de defender en mitad de la noche, a solas. El repertorio me elige a mí antes de que yo lo elija a él. Ya sea un tema clásico de la cancionística cubana o la composición de un autor joven e desconocido, busco la verdad. Si la letra tiene verdad y la melodía me permite matizar esa verdad con mi timbre, entonces la abrazo y la hago mía.

Su carrera despegó con fuerza en una etapa de madurez plena. ¿Qué diría a quien cree que los sueños tienen caducidad?

Le diría que el tiempo de Dios y de la vida es perfecto. Si yo hubiera alcanzado el reconocimiento popular a los veinte años, probablemente no habría tenido la madurez emocional para sostenerlo ni las vivencias necesarias para cantar las canciones como las canto hoy. Las arrugas del alma le dan textura a la voz. La madurez me dio serenidad, me quitó la vanidad y me dejó solo la esencia: el respeto sagrado por el público. Nunca hay que apurar los tiempos; el arte florece cuando tiene que florecer.

El artista viaja con su memoria a cuestas; nadie deja atrás lo que es. Cuba está en mi voz, en mi acento, en mi forma de sentir el ritmo y en mi nostalgia. Pero estar en Galicia enriquece mi sensibilidad.

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