En una región expuesta a amenazas procedentes del Sahel, al terrorismo, al crimen organizado y a las redes de tráfico ilícito, la capacidad preventiva, operativa y de cooperación internacional de Marruecos contribuye a generar un entorno más seguro para sus habitantes y para los países vecinos.
Esta estabilidad permite consolidar inversiones, infraestructuras y servicios públicos, creando condiciones más favorables para el progreso económico. Seguridad y desarrollo se refuerzan mutuamente y constituyen dos pilares esenciales para garantizar un futuro de oportunidades en toda la región.
Pero la seguridad solo es verdaderamente duradera cuando va acompañada de oportunidades. El desarrollo de Dajla representa precisamente esa visión. El puerto Dakhla Atlantic, está llamado a convertirse en una infraestructura estratégica para el comercio, la logística y la conectividad africana. Su importancia no se limita a Marruecos: lainiciativa para facilitar a los países del Sahel el acceso al océano Atlántico puede abrir nuevas rutas comerciales, reducir el aislamiento de Estados sin litoral y generar oportunidades económicas compartidas para toda la región. Dajla puede convertirse así en un puente entre África occidental, el Magreb y los mercados internacionales.
Además, esta conectividad puede tener una dimensión humana igualmente importante. Una mayor integración económica entre el Atlántico, el Magreb y el Sahel puede favorecer la circulación de mercancías, atraer inversiones, crear empleo y reforzar la cooperación transfronteriza. En un contexto regional donde la inseguridad y la falta de oportunidades aumentan la vulnerabilidad social, generar alternativas económicas estables constituye también una herramienta de prevención y de paz. El desarrollo compartido puede convertirse así en un verdadero factor de estabilidad.
A esta realidad de seguridad y desarrollo se suma este año un avance político especialmente significativo. La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, adoptada en octubre de 2025, toma la propuesta marroquí de autonomía como una base para las negociaciones y señala que una autonomía genuina podría ser el resultado más factible. Se abre, por tanto, una oportunidad para la estabilidad en la región y potenciar su desarrollo.
El futuro del Sáhara no debe construirse desde la confrontación, sino desde la seguridad, la prosperidad compartida y el entendimiento. Consolidar estos avances beneficiará no solo a Marruecos y a los habitantes del Sáhara, sino también al Magreb, al Sahel y al conjunto de África.
Robert Monzones. Profesor Psicologia y Seguridad. Universidad de Barcelona
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