A estos tres vectores mayores se añaden la aceleración del rearme europeo, cuyos datos cuantitativos sitúan al Viejo Continente ante una disyuntiva histórica, y la situación en Venezuela, donde el narcoestado chavista cósmicamente corrupto, ahora encarnado por los siniestros hermanos Rodríguez, continúa su agonía sin horizonte de normalización democrática visible.
Este analista viene describiendo desde hace semanas la paradoja del descabezamiento como uno de los grandes dilemas estratégicos de la Operación Epic Fury: la eliminación de Jamenei y del aparato de mando superior de la República Islámica ha desarticulado la capacidad militar iraní de proyectar terror, pero ha generado al mismo tiempo un vacío de poder que el triunvirato del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica —encabezado por el general Ahmed Vahidi— ocupa sin proporcionar una interlocución negociadora coherente, lo que condena las conversaciones a un estancamiento estructural de consecuencias potencialmente letales para la estabilidad regional. El mundo —en sus guerras de temperatura variable— navega esta mañana entre la esperanza y la escalada.
NOTICIA 1 — CUMBRE TRUMP–XI EN PEKÍN: ENTRE LA FOTO Y LA REALIDAD ESTRATÉGICA
El presidente Donald Trump concluyó su visita de Estado a la República Popular China los días 12–15 de mayo de 2026, primera visita de un presidente estadounidense en ejercicio a Pekín en casi una década. El mandatario norteamericano fue recibido en el Gran Palacio del Pueblo por el presidente Xi Jinping, en una ceremonia de Estado que incluyó banquete oficial y visita al Templo del Cielo. Integraron la delegación estadounidense una docena de directivos de las mayores compañías americanas, entre ellos Elon Musk (Tesla), Jensen Huang (Nvidia) y Tim Cook (Apple). El hijo de Trump, Eric, y su esposa Lara acompañaron la misión en calidad personal, lo que suscitó cuestionamientos sobre conflictos de interés.
En el ámbito de los acuerdos, ambas partes acordaron desarrollar una «relación constructiva» y reforzar los canales de comunicación diplomática y militar. China expresó interés en incrementar sus compras de crudo estadounidense como alternativa a su dependencia del petróleo de Oriente Medio. Trump solicitó a Pekín que mantuviera su presión sobre los flujos de fentanilo hacia los Estados Unidos. Xi reservó sus palabras más duras para la cuestión de Taiwán, calificándola de «el asunto más importante de las relaciones chino-estadounidenses» y advirtiendo que un mal manejo de la misma conduciría a «colisión o conflicto». Ambas partes acordaron que Irán nunca deberá poseer un arma nuclear y se opusieron, asimismo, a la «militarización» del Estrecho de Ormuz. La plena coincidencia en estos dos puntos solo puede sorprender a quienes no han seguido las reiteradas declaraciones diversos portavoces de gobierno chino en las que se instaba, incluso se urgía, al régimen iraní a abrir el estrecho de Ormuz y a aceptar las condiciones expuestas por los estadounidenses. El régimen chino es refractario a la inestabilidad que pueda afectar seriamente sus intereses geoestratégicos y geoeconómicos y por eso no va a tolerar que Irán desarrolle armas nucleares. La cooperación en este terreno ha venido de científicos rusos mercenarios (no directamente del gobierno ruso) y el régimen norcoreano que ha sido la fuente principal de transferencia de tecnología nuclear militar.
El Counsel on Foreign Relations (CFR) lo formuló con precisión en vísperas de la cumbre: Trump acudía a Pekín en busca de titulares y de gestos visibles con vistas a las elecciones de mitad de mandato; Xi jugaba una partida más larga, orientada a la paciencia estratégica antes que a cualquier compromiso de fondo. La asimetría entre estos dos horizontes temporales es, precisamente, la que explica el carácter más fotogénico que sustantivo de los resultados. Scott Kennedy, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), señaló que China llega a esta cumbre en posición de mayor confianza que en 2017, pues ha sido capaz de neutralizar buena parte de las iniciativas arancelarias de la anterior etapa Trump. La guerra contra Irán gravita sobre la reunión de un modo determinante: al haber desplazado activos militares norteamericanos del Indo-Pacífico hacia el Golfo Pérsico, la posición estratégica de Pekín frente a Taiwán —y su percepción de las capacidades reales de respuesta de Washington— se ha visto alterada en su favor.
La presencia masiva de ejecutivos tecnológicos, encabezados por Musk y por Huang —cuya participación se gestó de forma expeditiva a última hora—, convierte la visita en un ejercicio de diplomacia empresarial en el que los intereses de las corporaciones americanas con presencia en China actúan como un factor de moderación tácita frente a las posiciones más duras de los halcones de Washington. Este analista estima que «el jardín pequeño, la valla alta» —la política selectiva de restricción tecnológica— quedará retóricamente preservada pero prácticamente sometida a una revisión de geometría variable.
El escenario más probable es el que el propio Ben Emons, de Fed Watch Advisors, describió como «una distensión gestionada con resultados pobres»: gestos de buena voluntad, lenguaje conjunto vago sobre desescalada en Ormuz, y ningún avance sustantivo ni en el ámbito nuclear iraní ni en el expediente taiwanés. El escenario alternativo —que Xi aprovechara la devaluada posición militar de Washington en el Indo-Pacífico para ejercer una presión real sobre Taipéi— fue visiblemente descartado por ambas partes durante la cumbre, aunque varios analistas —entre ellos los del IISS— lo siguen calificando como un riesgo latente a medio plazo. La advertencia de Xi sobre Taiwán no fue retórica: fue una demarcación estratégica en diferido.
NOTICIA 2 — IRAN: EL ALTO EL FUEGO EN «SOPORTE VITAL» Y LA SOMBRA DE LA OPERACIÓN SLEDGEHAMMER
Las negociaciones entre Washington y Teherán sobre el fin definitivo de la guerra —desencadenada el 28 de febrero de 2026 con la Operación Epic Fury, que conllevó la eliminación del Líder Supremo Alí Jamenei y la destrucción sistemática del arsenal militar iraní— se encuentran en situación de bloqueo estructural. El secretario de Estado Marco Rubio declaró el 5 de mayo que la operación bélica estaba «concluida» y que Estados Unidos se hallaba en fase defensiva con la Operación Proyecto Libertad (Project Freedom), orientada a garantizar el tránsito por el Estrecho de Ormuz. No obstante, el propio Rubio describió a la dirigencia iraní como «insane in the brain» (literalmente: fuera de su juicio), mientras el presidente Trump calificó el alto el fuego de estar «en soporte vital masivo» y su probabilidad de supervivencia en «el uno por ciento».
Irán rechazó el 11 de mayo la última propuesta estadounidense, que Trump tildó de «totalmente inaceptable», y Teherán respondió declarando que «nunca se doblegará». Según información del Wall Street Journal, Irán estaría dispuesto a suspender el enriquecimiento de uranio durante doce o quince años —frente a los veinte que exige Washington—, pero rechaza categóricamente el desmantelamiento de sus instalaciones nucleares de Natanz, Isfahán y Fordo. El Pentágono, por su parte, estudia rebautizar las operaciones militares como «Operación Sledgehammer» (mazo, en castellano) si el alto el fuego colapsa y se reinician las hostilidades a gran escala. Informes de NBC News indican que la masa de fuego disponible en el teatro de operaciones es actualmente superior a la existente al inicio de Epic Fury.
La paradoja del descabezamiento que este analista viene señalando de manera consistente alcanza aquí su expresión más desnuda: la oligarquía yihadista de Teherán —nunca una teocracia en el sentido riguroso del término, sino un régimen de terror organizado alrededor del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y su estructura de negocio militar-criminal— carece hoy de un liderazgo unificado capaz de suscribir un acuerdo con garantías de cumplimiento. El triunvirato del CGRI —el general Vahidi como comandante en jefe, Zolghadr como secretario del Consejo de Seguridad Nacional Supremo y el general Rezaí como asesor militar interino del Líder Supremo Mojtaba Jamenei— es ultraconservador hasta el fanatismo. El presidente “reformista” (digamos que no excesivamente fanático) Pezeshkian, que públicamente advirtió que la economía iraní podría colapsar en tres o cuatro semanas sin un alto el fuego, es sistemáticamente ignorado por los pasdares (Guardianes).
El bloqueo naval doble —la Armada americana bloqueando los puertos iraníes y el CGRI cerrando el Estrecho de Ormuz al tráfico comercial— continúa deprimiendo los mercados energéticos globales y castigando a las economías más dependientes de las importaciones de crudo: China, India, Japón y la Europa continental. El hecho de que Pekín exprese su malestar por la militarización de Ormuz en la misma cumbre en la que profesa su asociación estratégica con Teherán ilustra la esquizofrenia de la posición china: socios transaccionales de Irán, pero no aliados en el sentido pleno de la palabra.
Primero: un Memorándum de Entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés) de una página que congele el conflicto sin resolver ninguno de sus fundamentos de fondo —escenario preferido por Rubio a corto plazo y que Axios señalaba como objeto de negociación activa la semana pasada.
Segundo: la reanudación de las operaciones militares bajo el nombre de Sledgehammer, si Irán continúa cerrando el estrecho y rechazando cualquier concesión sobre el expediente nuclear; el Pentágono ha confirmado que cuenta con más capacidad de fuego desplegada que al inicio de Epic Fury.