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Nevaco Global
24 de septiembre de 2026

España debe cambiar profundamente su relación con Marruecos – Alerta Digital

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España tiene que asumir, con todas sus consecuencias, que Marruecos es un enemigo altamente agresivo y peligroso, lo que le obliga a rearmarse, adoptar medidas de disuasión, reciprocidad y represalia contra Rabat y meditar que debe hacer con él casi un millón de marroquíes que están residiendo en España, potenciales y letales enemigos infiltrados en caso de conflicto armado entre los dos países.

Abrir estos tres debates es imprescindible para solucionar la actual postración de España ante Marruecos, un país que ya ha demostrado hasta la saciedad que quiere apoderarse de Ceuta, Melilla y quizás también de Canarias y otras islas y peñones que España posee en el Estrecho.

Marruecos no puede seguir siendo dueño de la política española, una humillación que debemos a la bajeza moral del presidente Pedro Sánchez.

La reciprocidad y la igualdad deben sustituir, en adelante, a la sumisión humillante del presente.

Si el actual gobierno, cobarde y sometido, no es capaz de cambiar el tipo de relación con Marruecos, hay que echarlo, antes de que su cobardía nos hunda y destruya como nación.

España se niega a mirar de frente lo que ya no es una fricción diplomática con Marruecos, sino un drama altamente peligroso. Los españoles, sorprendidos, piensan que algo muy grave está alterando las relaciones España-Marruecos, convirtiendo a nuestra nación en un vasallo sin dignidad.

Contrariamente a lo que afirma el gobierno del PSOE, Rabat es una amenaza real que reivindica Ceuta y Melilla como ciudades propias y que está dispuesto a usar la fuerza para conseguirlas.

Quien todavía hable de “buena vecindad” como si fuera un conjuro, está mintiendo o está muy asustado.

Un Estado que no se rearme con urgencia —no con comunicados, sino con capacidad real de disuasión, vigilancia y respuesta— está invitando al siguiente golpe.

El rearme no es un capricho de cuartel. Es la única forma de que la soberanía deje de ser un eslogan.

El segundo debate es igual de incómodo e inevitable. El suelo español no puede seguir siendo corredor de mercancías marroquíes, mercado que las compra y rehén al mismo tiempo. Bloquear el tránsito y el acceso preferente de productos marroquíes no es un capricho comercial, sino la respuesta mínima a quien utiliza como armas de guerra la emigración, la aduana y la presión diplomática.

Mientras España compre productos marroquíes, los deje pasar y sonría, Marruecos entenderá, con razón, que el chantaje funciona.

Un país que no usa su mercado, sus puertos y su frontera como poder propio no tiene política exterior, sino súplica.

El tercer debate es el que la clase política no quiere ni nombrar. Hay casi un millón de marroquíes en España. No es un ejército, pero en un conflicto Marruecos puede utilizarlos para sabotajes y desordenes.

Fingir que los marroquíes residentes serán siempre leales a España es otra mentira cobarde.

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