Por primera vez en la historia económica argentina, el petróleo crudo encabezó el ranking de exportaciones de un mes. Según el informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) del Indec, en mayo los despachos de crudo alcanzaron un récord de US$1.172 millones y se multiplicaron por cuatro respecto del mismo mes de 2025, cuando habían sumado apenas US$278 millones, una suba del 322%. La salida principal de ese volumen es el shale oil de Vaca Muerta, que se canaliza por terminales como Puerto Rosales rumbo a destinos como Estados Unidos, Chile y, cada vez más, Asia.
El dato marca un cambio de fondo: el crudo dejó atrás a los productos estrella del campo en plena liquidación de cosecha. El maíz en grano quedó segundo, la harina y pellets de soja, tercera, y los porotos de soja, cuartos. Los aceites crudos de petróleo concentraron el 12,3% de todo lo exportado en el mes, dentro de un podio de diez productos que explicó el 59,1% del total. El resto de la canasta energética también trepó —propano 278%, butano 87%, naftas 32%—, aunque ninguno superó los US$100 millones.
El salto del crudo combinó más volumen y mejores precios. Las cantidades exportadas de combustibles y energía crecieron 78,5% y los precios 49,9%, en un contexto de tensión internacional: el conflicto en Medio Oriente empujó las cotizaciones del barril y se reflejó de lleno en la balanza energética. Las ventas externas de combustibles y energía sumaron US$1.745 millones en mayo, un avance interanual del 167,1% que dejó un saldo energético histórico de US$1.543 millones. "La balanza comercial energética registró el mayor saldo positivo de toda la serie", destacó el ministro de Economía, Luis Caputo.
Sobre ese piso, la balanza comercial general anotó un superávit récord de US$3.504 millones, el más alto de la historia y el trigésimo mes consecutivo en azul. Las exportaciones totales superaron por primera vez los US$9.537 millones (+34,4% interanual) y las importaciones cayeron a US$6.033 millones (-7%). Detrás del despegue del crudo también jugó el RIGI, que funcionó como acelerador de los desembolsos destinados a ampliar el potencial exportador de la cuenca.
El reverso del récord vuelve a poner sobre la mesa la discusión por el empleo. El sector energético genera muchas divisas pero poca mano de obra directa: cuenta con unas 150.000 personas contratadas en todo el país, muy por debajo del millón (y más) que ocupa el agro.
El impacto laboral llega por derrame: constructoras, desarrolladores inmobiliarios, cadenas de hotelería y empresas de logística radicadas en Buenos Aires trasladan estructuras y capital hacia Neuquén y Río Negro para capturar el circuito de mayor liquidez del mercado. En el plano internacional, Estados Unidos, Chile y China —esta última con un alza del 411%— se consolidan como los grandes compradores de la energía argentina.
De cara a lo que viene, las proyecciones son ambiciosas. La consultora ABECEB estimó que las exportaciones totales del país rondarán los US$100.000 millones en 2026, con un superávit comercial cercano a US$20.000 millones, casi el doble del año pasado. Y a medida que se completen las obras de infraestructura troncal —oleoductos, gasoductos y plantas de GNL—, las ventas externas de energía podrían escalar hasta los US$30.000 millones hacia 2030. El desafío que asoma para la Patagonia será traducir ese flujo de dólares en arraigo productivo, y no solo en saldo de balanza.
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