La escasez global de gas licuado de petróleo (GLP), el combustible que carga las garrafas que usan millones de hogares, abrió una ventana para la Argentina: según los especialistas, el país puede escalar hasta el puesto 5 entre los mayores exportadores del mundo en la próxima década. Hoy ocupa el puesto 14 entre 176 países relevados por World Energy Consultants.
El dato es sensible para el bolsillo. El GLP abastece a 5,9 millones de hogares, unos 20 millones de argentinos, casi la mitad de la población que no tiene gas natural por red y depende de la garrafa. “Tenemos un mercado maduro que abastece a 20 millones de argentinos”, resumió Pedro Cascales, presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado (CEGLA), durante un seminario del Instituto de Energía de la Universidad Austral.
Según el relevamiento de la Universidad Austral, en 2025 la Argentina produjo alrededor de 3 millones de toneladas de GLP y exportó unas 1,63 millones de toneladas entre propano, butano y otros productos. Con los proyectos en marcha, la proyección apunta a 8 millones de toneladas anuales hacia 2040.
El subsecretario de Hidrocarburos, Federico Veller, marcó el giro hacia Asia: “En 2025 se despacharon a la India las primeras 22.000 toneladas. En el primer trimestre de 2026, solo desde Bahía Blanca salieron 50.000 toneladas a ese destino, más del doble que todo el año anterior”. India y China concentran cerca del 60% de las importaciones mundiales de GLP.
Julio Faldin, vicepresidente de desarrollo de negocios de Argus, planteó que “Argentina, con todos los proyectos en marcha, estará alcanzando las 8 millones de toneladas de GLP al año para 2040, lo que nos posicionará de estar en el puesto 20 a ubicarnos entre los 5 primeros exportadores globales”. Desde YPF, Pedro Locreille proyectó que el país podría ser quinto exportador mundial en 2031.
Detrás de esa proyección hay tres proyectos concretos. El primero es la ampliación de Compañía Mega, que prevé subir su capacidad de procesamiento de 4.800 a 7.200 toneladas diarias, con una inversión de entre US$250 y US$260 millones dentro de un plan global de US$650 millones.
El segundo es el desarrollo de líquidos de TGS y el corredor Tratayén–General Cerri, con inversiones superiores a US$3.000 millones y una capacidad estimada de 2,7 a 2,8 millones de toneladas anuales de líquidos, de las cuales cerca de 2,4 millones serían GLP comercial cuando opere a plena capacidad. El tercero depende de los proyectos de GNL en Río Negro, que podrían crear un nuevo polo exportador de propano y butano en el golfo San Matías.
Los especialistas estiman que las ventas externas de GLP podrían superar los US$2.000 millones anuales a partir de 2030. Para la Argentina, ese ingreso de dólares es el argumento central: más exportaciones energéticas significan más divisas para sostener las reservas y la actividad económica.
El punto a seguir es el precio local. La ecuación es incómoda para los hogares sin gas de red: cuando el mercado exportador paga más que el mercado interno, crece la presión sobre el abastecimiento local. En el sector remarcan que la prioridad sigue siendo sostener el consumo doméstico y que la vía para exportar más es producir más, no vender menos adentro.
La discusión de fondo es si la Argentina logra ampliar la oferta lo suficiente como para exportar sin tensionar el mercado interno. Mientras el precio internacional del GLP siga alto por la escasez global, la garrafa seguirá siendo uno de los gastos fijos más sensibles para las familias que no acceden a la red de gas natural: cualquier movimiento en ese mercado se traduce, antes o después, en el costo de cocinar y calefaccionar.
Nota en base a TN, con asistencia de IA y editada por un redactor de ADNSUR.
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