Todo el hemiciclo en pie ha aplaudido este jueves el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, quien ha afirmado que «Canadá y Europa son más fuertes juntos». Era su propuesta hecha la víspera por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von ... der Leyen, de convertir a su país en el primer miembro asociado de la UE. Carney quiso dejar claro que esta alianza entre Canadá y la UE no sería contra lo que definió como «arrogancia del hegemón», sino que «el argumento fundamental para profundizar las relaciones entre Canadá y Europa es 'la diversidad, la resiliencia colectiva'».
La presidenta de la Comisión se encontraba presente en el hemiciclo a petición del propio Carney, quien ha querido que su alegato en favor de ese acercamiento estratégico tuviera la mayor trascendencia posible. En otras circunstancias, la presidenta de la Comisión habría vuelto a Bruselas. En el último momento, decidió modificar su agenda y quedarse en Estrasburgo para proporcionar esa pincelada de trascendencia a uno de los discursos más aplaudidos de la legislatura, que abre una puerta que jamás imaginaron los padres fundadores de la UE.
Carney considera que, en efecto, Canadá puede ser un país asociado de la UE. «Canadá acoge positivamente esta ambición. Una inmensa mayoría de canadienses están a favor de tener lazos más estrechos con Europa» para formar «una alianza para el futuro que decidiremos juntos en base a nuestros valores compartidos».
La UE propone prohibir las redes sociales a los menores de 13 años y límites en el uso hasta los 15
Aunque en sus intervenciones quiso dejar claro que este no es un gesto contra Estados Unidos, es evidente que en su origen está la política de la Administración de Donald Trump, quien habla sin recato de hacer de Canadá el estado numero 51 del país y pretende someterlo a base de trabas comerciales.
De hecho, la primera reacción de Trump fue precisamente amenazar no solo a Canadá, sino sobre todo a la Unión Europea con una ronda de aranceles a los productos europeos más sensibles. «Creo que es ridículo», declaró Trump al ser preguntado sobre la propuesta de la UE. «Si hacen eso, si considero que se trata de un acto hostil, impondré aranceles muy elevados o dejaré de comerciar con Europa», advirtió. Y añadió: «Si lo hacen de buena fe, está bien. Si lo hacen con mala intención, pondremos aranceles muy fuertes a Europa, lo que es una posibilidad».
Al ser preguntado por estas amenazas, Carney dijo que «los canadienses están unidos en que nadie nos va a decir qué idioma hablamos. Nadie va a dictar nuestra cultura ni con quién podemos cerrar acuerdos a nivel internacional».
«Nadie va a dictar nuestra cultura ni con quién podemos cerrar acuerdos a nivel internacional»
Pero el discurso del canadiense estuvo plagado de conceptos que cuadran plenamente con las líneas políticas del núcleo de la UE: «Hoy en día, nuestras sociedades se ven sacudidas por nuevas tormentas: las convulsiones asociadas al cambio climático, la erosión de las normas democráticas y el uso del comercio como arma y las instituciones multilaterales en las que confiábamos se han debilitado. Hoy resulta difícil conciliar la soberanía con la apertura. La integración económica se utiliza ahora como arma, y los aranceles como medio de presión».
Incluso en el campo de la Inteligencia Artificial, las posiciones de Carney concuerdan con el centro de la acción de la UE. «La tecnología está transformando la naturaleza de la guerra, la estructura de las economías y la capacidad de los Estados para gobernar. Las plataformas tecnológicas aspiran a la soberanía. Quieren fijar las condiciones de acceso. Quieren dictar las normas de regulaciones e incluso eludirlas. Quieren controlar nuestros datos, difundir desinformación y robar la infancia de nuestros hijos», dijo esto último el día en que la Comisión presentaba una propuesta legislativa para proteger a los menores de las redes sociales.
La UE y Canadá ya cuentan con una red de acuerdos comerciales bilaterales y sectoriales y han buscado estrechar lazos en los últimos meses ante los aranceles comerciales y la incesante retórica beligerante de Trump. El primer líder europeo que habló de la posibilidad, legalmente muy remota, de que Canadá ingresase en la UE fue el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, quien en una visita oficial a Otawa lo mencionó como muestra de la profunda sintonía que han alcanzado las relaciones políticas y comerciales.
Los medios de la llamada 'burbuja' de Bruselas han considerado un desdoro que la presidenta de la Comisión haya tenido que cambiar sus planes para quedarse un día más en Estrasburgo con el fin de estar presente en el hemiciclo de la Eurocámara durante el discurso de Carney. En una circunstancia tan poderosamente simbólica como esta, no podía ser igual que Ursula von der Leyen estuviera o no en el momento en el que Carney se dirgía al pleno del Parlamento, pero la práctica habitual es que los miembros de la Comisión regresen cuanto antes a Bruselas. Finalmente, la presidenta escuchó desde su escaño el discurso de Carney y lo que parecía un tropiezo ha acabado siendo un símbolo de que la teoría de que Canadá pueda convertirse en un miembro asociado de la UE va en serio. Nadie sabe cómo se puede formular semejante estatus porque no está previsto en los tratados. Pero, al final, podría ser una fórmula muy útil en estos momentos en que lo pide Canadá, y servir después para acoger a otros países que aspiran a ser miembros de pleno derecho y no cumplen todavía con las condiciones.
No es irrelevante que Carney recibiera una ovación de pie por parte de los eurodiputados en Estrasburgo desde todos los sectores políticos, con la excepción de algún nacionalista euroescéptico que dijo que, para ser miembro asociado, mejor habría que mirar hacia los británicos. Seguramente, otros eurodiputados pensarían en el gigantesco error que ha sido el Brexit.
Desde todos los partidos europeos ya se había elogiado el discurso que Carney pronunció en enero en Davos, en el que instaba a las potencias medias a colaborar para preservar su soberanía en un mundo marcado por la rivalidad entre grandes potencias, donde los fuertes no aceptan restricciones.
«La alianza entre la UE y Canadá serviría de faro para otras democracias»