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Nevaco Global
11 de octubre de 2026

Patatas más pequeñas y más caras: las olas de calor y las lluvias pasan factura a uno de los productos básicos del hogar

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El invierno lluvioso con el que comenzó el año, las olas de calor que se fueron sucediendo sin apenas descanso en verano, la subida incesante de la energía derivada de la guerra en Irán, el encarecimiento de los fertilizantes... El cóctel explosivo que se ... ha vivido este año lo ha sufrido la tierra de primera mano y lo pagarán los consumidores durante los próximos meses en uno -otro- alimento básico de los hogares como es la patata, que en los últimos cuatro años se ha encarecido un 41%.

La producción de este tubérculo, que está terminando la cosecha justo en estas fechas, ha disminuido entre un 8 y un 10%, según las previsiones de Fepex, lo que supone un bache más dentro de la estabilidad que tanto le está costando conseguir en los últimos años. En 2023 la producción fue de 1,92 millones de toneladas y la variación ha sido muy ligera hasta 2025, con 1.94 millones de toneladas.

Y es que la patata, que es además un producto estratégico clave en la seguridad alimentaria, ha sufrido una enorme pérdida de superfice desde los años 90 que no ha conseguido ir recuperando -y solo lo ha hecho ligeramente- hasta hace apenas unos años. En 1990 en España había 271.281 hectáreas y desde entonces ha ido disminuyendo hasta tocar suelo en 2023, con cinco veces menos de superficie, 59.219 hectáreas, en favor de otros productos como la remolacha.

Los huevos y el pescado, los básicos que disparan el precio de la cesta de la compra por encima de la inflación

En 2025 se alcanzaron las 66.660 hectáreas gracias al aumento de la patata de verdete, una forma de cultivo tradicional del sur peninsular que tiene lugar en invierno, mientras el ciclo normal de la patata suele ser en verano, y lo utilizan los agricultores como segundo cultivo. Sin embargo, el aumento de superficie no se ha traducido en producción.

En lo que a este año se refiere, ambos cultivos han sufrido los estragos de un invierno más lluvioso de lo habitual y las olas de calor en cadena del verano. «La climatología ha sido muy rara y muy adversa todo el año. Las lluvias en Andalucía retrasaron la siembra y eso ya condicionó la cosecha andaluza de patata temprana y perjudicó el rendimiento», explica Alfonso Sáenz de Cámara, presidente del comité de patata de Fepex y productor.

España importa cerca del 70% de la patata que consume, principalmente de Francia, pero el campo europeo ha sufrido también los estragos del clima extremo

«Las de Madrid hacia arriba que se recogen ahora les está influyendo el calor, que les ha quitado mucha producción. Aunque el agricultor generalmente riega, necesitan descanso por la noche, si no no pueden generar el tubérculo», añade. Esto ha provocado una disminución de la producción cercana al 15% en el norte y algo menos pronunciada en Murcia, que ha salido mejor parada.

Con estas condiciones, además de encontrarnos patatas más pequeñas, el desencadenante serán unos precios más elevados, vaticina. Aunque es pronto para conocer el porcentaje exacto de subida de esta hortaliza, «la única que no está regulada por la PAC», resalta Sáenz de Cámara, seguirá manteniendo a la patata, -junto con los huevos o las legumbres- como uno de los alimentos básicos que más está tirando de los precios de la cesta de la compra. Ha subido un 41% desde 2022 y un 58% desde 2018.

Esta circunstancia, sin embargo, no afecta solo a nuestro país, también a nuestros vecinos europeos. España es deficitaria desde hace muchos años e importa cerca del 70% de la patata que consume, principalmente de Francia. Y los países comunitarios, donde la producción de patata se sitúa en torno a 55,6 millones de toneladas, no se han quedado al margen del clima extremo, con sequías en buena parte de Europa y azotados por los precios de los fertilizantes y de la energía.

Esta semana se celebró en Madrid el primer simposio internacional de la patata, donde el sector compartió los retos que tiene este producto en relación con el clima y la competencia. El subdirector general de Frutas, hortalizas y vitivinicultura del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), Alejandro Lorca, advirtió de lo impredecible de las campañas de los próximos años. A su juicio, ya no se esperan «campañas normales» de recogida de patata, y utilizó como ejemplo los excesos de producción de 2025, que hizo caer los precios, y la caída en productividad de este 2026 como consecuencia del clima, que -además- se tradujo en bajas cotizaciones por el exceso de «stock» a nivel europeo.

Si bien este año «habrá patatas», desde Fepex ponen de relieve la dificultad para conservar hasta la próxima primavera. A la menor producción en Europa, se suman las normas fitosanitarias que impiden la importación de este tubérculo desde terceros países y desde las regiones del hemisferio sur.

Las patatas se consideran mercancía de alto riesgo fitosanitario debido a la posibilidad de introducir plagas y enfermedades devastadoras que no están presentes en Europa, como la podredumbre parda o el escarabajo de la patata. En el hemisferio norte se permiten importaciones de países muy puntuales con protocolos severos de inspección como Egipto o Israel, pero no así con origen del hemisferio sur a menos que cuente con una exención específica y explícita contemplada en la legislación comunitaria.

Esto que hace más importante aún la conservación de la cosecha. «Con esta patata tenemos que tirar hasta finales de abril», sentencia Sáenz de Cámara. A qué precio, está por ver.

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