Ni siquiera las cada vez más voluntariosas cifras oficiales pueden esconder el marcado declive estructural de la economía china. El PIB del gigante asiático se anotó un 4,3% en el segundo trimestre del año, según los datos publicados este miércoles por la Oficina ... Nacional de Estadística.
Esta marca se sitúa por debajo de las expectativas y supone el ritmo más lento desde finales de 2022, cuando el país todavía estaba sometido a las restricciones absolutas de la política de covid-cero.
El cómputo trimestral, sumado al 5% del periodo anterior, deja el parcial de la primera mitad del curso en un 4,7%, en línea con las autoexigencias gubernamentales. La reunión anual de la Asamblea Popular Nacional, el órgano legislativo del aparato, fijó el pasado mes de marzo un objetivo «entre un 4,5 y un 5%», frente al «alrededor del 5%» de los tres años previos.
Por un lado, la meta descendía a su nivel más bajo en tres décadas, evidencia de la desaceleración generalizada y, por otro, incrementaba la flexibilidad de una fórmula que antes se limitaba a un guarismo invariable.
«Al proponer estos objetivos hemos considerado la necesidad de dejar algo de espacio para ajustes estructurales, prevención de riesgos y reformas», comentó entonces el primer ministro Li Qiang. Estas correcciones de rumbo podrían ser cuestión de semanas, dada la reunión del Politburó programada para finales de mes.
Ahora bien: tampoco es que la credibilidad de las cifras oficiales importe demasiado, pues su divergencia respecto a la realidad aumenta con cada reporte. El PIB clavó en 2025 el objetivo gubernamental del 5%, pese a que consultores como Capital Economics lo estimaron en un 3,5%.
Entretanto, la economía china se sostiene gracias al sector exterior. Las exportaciones contribuyeron el curso pasado a un 32,7% del crecimiento, la mayor proporción desde 1997, lo que llevó a su superávit comercial a rebasar por primera vez la frontera del billón de euros.
Otras métricas publicadas hoy inciden en ese desequilibrio progresivo entre rendimiento exterior e interior. Las ventas al por menor, índice representativo del consumo, apenas han repuntado un 1% interanual en junio tras haber caído un 0,6% en mayo, también su primer descenso desde la pandemia.
La inversión en activos fijos ha caído un 5,7% en la primera mitad del año, reafirmando su tendencia negativa; en particular la inversión inmobiliaria, un sector fundamental en graves aprietos, se ha hundido un 18% en ese mismo periodo.
La tasa de desempleo urbano –que no contabiliza a la cuantiosa masa de trabajadores migrantes– se ha mantenido en el 5% este último mes, por debajo del 5,5% previsto por las autoridades. Sin embargo, voces autorizadas han puesto en cuestión su representatividad estos días.
Li Daokui, decano del Centro Académico de Práctica y Pensamiento Económico de la prestigiosa Universidad de Tsinghua, calculaba en un discurso reciente que la tasa se elevaría a un 10,2% si tuviera en cuenta a los parados de larga duración, en este caso, durante un tiempo superior a dos años. Este colectivo incluiría a 24 millones de personas, 13 millones de los cuales serían jóvenes de entre 16 y 24 años.
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