Carlos Díaz Rosillo fue uno de los hombres de confianza de Donald Trump en su primer mandato en la Casa Blanca. Entre 2017 y 2021 fue asesor directo del presidente, responsable del área de Políticas Públicas, subsecretario de Defensa para asuntos de Seguridad Internacional y ... portavoz del Gobierno para Iberoamérica. Conferenciante en Harvard y consultor de estrategia política, ahora dirige el Centro Adam Smith para la Libertad Económica. La conversación con ABC tiene lugar en Ciudad de México, en el IX Congreso Iberoamericano de CEAPI, organización de la que es miembro.
—Trump ha zarandeado todos los cimientos del orden mundial...
—Trump ha llegado para decir: «Las cosas no están funcionando». Está sacudiendo el orden global porque si bien fue diseñado por Estados Unidos, sí, para el ciudadano americano promedio no ha funcionado. Trump está respondiendo a una realidad interna que entiende que si bien la globalización ha beneficiado a EE.UU. en general, también ha hecho que parte de su población se sienta olvidada. Es posible que a los aliados tradicionales les parezca disruptivo pero responde a una realidad innegable.
—¿Alterar de ese modo las reglas, por ejemplo en el comercio internacional, no contribuye a debilitar las democracias liberales?
—El descontento con la democracia responde a que muchos ciudadanos consideran que no les ha dado resultados, no a la actuación de Donald Trump. Cuando los políticos te prometen una elección tras otra que te van a mejorar la calidad de vida y eso no sucede, con independencia de que sean partidos de izquierda o de derecha, hay descontento y se buscan alternativas. Hay que tratar de que la democracia funcione; como dice Trump «make democracy great again».
—¿Es compatible la utilización de la política comercial como un instrumento de castigo con los principios del liberalismo económico?
—Hay cinco razones fundamentales por las que Trump ha impuesto aranceles: una, por reciprocidad, porque le parece profundamente ofensivo que productos americanos entren a Europa con aranceles cuando los europeos entran en EE.UU. sin ellos; dos, por un tema de seguridad nacional, porque se ha dado cuenta de que la cadena de suministro depende excesivamente de países en muchos casos rivales; tres, quiere regresar parte de la producción que ha salido al exterior y los empleos que genera a EE.UU.; cuatro, la recaudación del arancel le da la oportunidad de tener billones de dólares de recursos extra; y quinto, es una herramienta de negociación para conseguir que países le den cosas que jamás le hubieran dado en otras circunstancias. Todo ello hace que para él el arancel sea una herramienta lógica, no solo económica sino política.
—Esa política ha hecho que países tradicionalmente aliados, como España, hayan intensificado sus relaciones con China...
—Es un peligro real que países aliados que se sientan agraviados por lo que hace Estados Unidos se echen en brazos de China, pero creo que cualquier país que ponga de manera seria en la balanza lo que representa acercarse a China y alejarse de EE.UU. se dará cuenta de que acercarse a China es un peligro muy serio a largo plazo. La postura que está tomando el Gobierno español en contra de EE.UU. puede tener consecuencias muy serias para la relación bilateral. No hay duda de que EE.UU. debe ser el socio militar, comercial y político lógico de España y de toda la UE, y esta postura tan agresiva en contra de EE.UU. es un gran error.
—Casi desde que empezó su segunda mandato Trump ha lanzado mensajes no especialmente amigables al Gobierno de España e incluso ha amenazado con penalizaciones comerciales. ¿Es una amenaza creíble?
—Hay mecanismos para hacerlo y Trump lo sabe. Si el Gobierno de España está buscando al de EE.UU. lo va a encontrar. Esa manera de retar públicamente al presidente de Trump, de criticar sus acciones una y otra vez creo que va a tener una consecuencia muy real. Nadie quiere una guerra comercial con un país aliado, pero desde el punto de vista de EE.UU. un país que se llama aliado como España no se está comportando como un aliado. Trump está viendo que países que forman parte de esta alianza para la defensa del mundo occidental que es la OTAN no están tratando a EE.UU. como un aliado y se están aprovechando de que EE.UU. lleva décadas pagando por la defensa del continente más rico del mundo. Considera que es injusto que Europa no pague por su defensa. Tanto los aranceles como esto tienen un denominador común, que es ese sentido de reciprocidad, el sentimiento de que los aliados de EE.UU. no se están comportando como auténticos aliados.
—Más que una amenaza a la relación transatlántica es una amenaza a la seguridad nacional en Europa. Si llegara a tener la penetración que tiene en otras zonas del mundo, Europa se va a dar cuenta muy rápido del peligro que representa para su seguridad nacional por la manera en que utiliza su tecnología y la construcción y operación de infraestructuras críticas para tener control sobre el comercio internacional e imponer su hegemonía.
—Europa se está despertando. La actitud tan de confrontación de Trump los está haciendo despertar. Se han dado cuenta de que tienen que cambiar la manera de hacer para ser más competitiva. Es hora de que Europa se dé cuenta de que puede ser una gran potencia mundial y tener un rol protagonista en los grandes asuntos internacionales, porque hoy día en el tema de Irán, de Hamás-Israel, de Ucrania, no está.
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