Puestos a ser eficaces en lo económico, si yo fuera Sánchez empezaba a apartar ministros que restan votos como Óscar Puente, quien va camino de explotar la lista de 'haters' de sus redes sociales y tampoco es que esté aportando mucho a la patria. Reducía ... también al mínimo la legión de asesores, jefes de prensa, opinadores a sueldo y demás y depositaba las esperanzas de ampliar una legislatura más en Moncloa al inigualable Donald Trump. Si hay alguien que es capaz de engrandecer, aunque sea sólo en la apariencia, al presidente de España, es este personaje sacado de la peor película de serie B que uno pudiera soñar.
El nivel de cumplimiento de las amenazas de POTUS al universo en general es más bien bajito. Como los matones de patio de recreo, lo suyo es más de verborrea, apretón en la red social X y ya si eso, me la envaino hasta el nuevo calentón, esperando que la amenaza surta efecto. Cierto es que al declarar su primera guerra nada más hacerse de nuevo con el control de la nación más poderosa del mundo, nos puso a temblar con aquella escalada de aranceles destinados a hacernos la vida más difícil hasta que él estuviera contento. Pero como todo bravucón, mide poco las consecuencias y suele ser sordo con aquellos que le avisan del error. Las dificultades no sólo las empezamos a sufrir los europeos, sino también sus fieles seguidores de la América más profunda, que vieron cómo el coste de la vida se les disparaba a pesar de aquello del 'American First'. Y entonces hubo que echar marcha atrás. Un movimiento en el que parece estar atrapado el presidente de los Estados Unidos porque no deja de hacerlo.
La última de Trump contra España, porque ya hemos perdido la cuenta de los leñazos que nos arrea micrófono mediante, es que va a cortar cualquier relación comercial porque no somos un país de fiar. Si algo le viene bien a Pedro Sánchez, herido por los distintos casos de corrupción que salpican su entorno, es que uno de los señores más odiados del planeta se le enfrente. No hay mejor campaña de promoción y de imagen para el presidente español que, de manera casi automática, obtiene la mirada cómplice de esa parte del orbe cada vez más mayoritaria que detesta al magnate americano reconvertido en político.
Cuando Trump ladra contra Sánchez, éste se crece no por sí solo sino a la vista de tantos millones de personas que desconocen el guirigay que hay montado en España por culpa de la corrupción. Si lo que quiere el señor de Washington es mandar al paro al presidente de España para que ocupe su lugar uno más afín, debería de empezar por ignorarnos porque lo único que está consiguiendo con sus amenazas es engrandecer a su oponente. Eso y no patinar con sus amenazas porque anunciar que corta las relaciones comerciales con un país, cuando tendría que hacerlo con toda la comunidad de vecinos, llamada UE, es de traca.
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