El 9 de abril de 1940 las tropas nazis invadieron Noruega. Permanecieron allí hasta el final de la II Guerra Mundial. Hitler decidió ocupar el país escandinavo por tres motivos: para debilitar el poderío naval británico, para bloquear las exportaciones de hierro de Suecia a ... Inglaterra y para asegurarse el suministro de materias primas y alimentos.
Uno de los objetivos estratégicos de la Wehrmacht era la ciudad costera de Bergen, unida por ferrocarril con Oslo. Una línea de 496 kilómetros, la Bergensbanen, resultaba esencial para el transporte de soldados, combustible y alimentos. Atravesaba la meseta de Hardangervidda, sometida a temperaturas extremas en invierno. Fue en este lugar donde la Resistencia llevó a cabo múltiples atentados para cortar el tráfico ferroviario, la mayoría con poco éxito.
Han transcurrido más de ocho décadas desde el final del conflicto y los trenes que circulan por la Bergensbanen siguen recorriendo el impresionante trazado, lleno de cañones, ríos y paisajes salvajes, que enlaza las dos mayores ciudades de Noruega. Cuatro servicios diarios de ida y vuelta, de unas cinco horas de duración, transportan a miles de viajeros.
Las obras de este ferrocarril comenzaron en 1875, pero no pudieron culminarse hasta 1909, debido a los grandes problemas de ingeniería. Miles de obreros tuvieron que excavar manualmente decenas de túneles en la roca. El rey Haakon VII calificó la construcción como «la obra maestra» de su generación. Los noruegos siguen orgullosos del que consideran el ferrocarril más bello del mundo.
Una de las paradas de la línea es Finse, una pequeña ciudad que no tiene acceso por carretera. Sus habitantes dependen del ferrocarril para recibir suministros. Los alrededores de Finse sirvieron de localización del planeta helado Hoth en 'El imperio contraataca', la quinta película de la serie Star Wars. Durante el rodaje, las tormentas de nieve fueron tan fuertes que demoraron las tomas. El equipo tuvo que permanecer confinado en un hotel. No es infrecuente que el tráfico ferroviario se vea también interrumpido por los temporales de nieve de una meseta que está situada a más de 1.200 metros de altura y cuyas temperaturas pueden superar los 30 grados bajo cero.
No hay probablemente otra línea con un paisaje tan variado como la Bergensbanen, que atraviesa campiñas, montañas cubiertas de nieve, lagos congelados, valles donde pastan las ovejas y los renos y, al final del trayecto, los fiordos cercanos a Bergen. El clima puede pasar en unos minutos de una tempestad de nieve al cielo despejado de la costa.
Aunque hay turistas que cogen el tren para hacer fotos de los fiordos, la mayoría de los viajeros se sube por motivos de trabajo. Los vagones son confortables, de grandes ventanillas, disponen de conexiones wifi e incluso hay una zona de juegos para niños. Es costumbre servir café caliente y bollos de canela mientras los viajeros disfrutan del paisaje. Algunos pasajeros descienden a las paradas intermedias con sus esquíes o sus bicicletas.
El tren se detiene en las estaciones de Asker, Drammen y Vikersund. Hay un ramal que conecta con Fläm, situada en un fiordo espectacular. La vía desciende por una fuerte pendiente a este pueblo de 300 habitantes al que acude un millón de turistas al año para disfrutar de sus parajes. Al llegar a la ciudad de Voss, el Bergensbanen gira hacia el oeste y sigue la orilla de los fiordos hasta la modernista y elegante estación de Bergen, construida en 1913. Muy cerca, es posible coger los ferris que navegan por la costa noruega desde hace más de un siglo.
Subirse al Bergensbanen permite recuperar el placer de viajar con una cierta lentitud, tomarse una copa en el bar, echar una cabezada y disfrutar del paisaje. Un amigo me contó que es posible ver desde el tren a algún oso en las llanuras heladas de Hardangervidda. Merece la pena comprobarlo.
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