La bolsa porteña sufrió pérdidas generalizadas durante el último mes, con fuertes retrocesos entre los bancos y las empresas reguladas. El aumento de las tasas internacionales y los riesgos locales reabrieron el debate sobre qué acciones ofrecen mayor potencial de recuperación.
Las tasas internacionales y el riesgo país golpearon a las acciones argentinas y abrieron nuevas oportunidades de inversión.
Las acciones argentinas acumularon pérdidas generalizadas durante el último mes, con un retroceso promedio del 6% entre los principales papeles del panel líder y caídas superiores al 20% en algunas compañías. La corrección estuvo marcada por el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, en medio de las presiones inflacionarias y las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, a lo que se sumaron la debilidad de la actividad económica argentina y el aumento del riesgo país.
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Aunque el repunte de los mercados regionales tras las elecciones en Brasil ofreció cierto alivio, no alcanzó para revertir las pérdidas, que fueron especialmente pronunciadas entre los bancos y las empresas de servicios públicos. En cambio, algunas industriales y energéticas lograron resistir la caída, poniendo de manifiesto las diferencias entre compañías más expuestas a la evolución de la economía local y otras que cuentan con perspectivas de crecimiento vinculadas con sus propios negocios.
La corrección dejó acciones a precios más bajos y abrió el debate sobre dónde invertir. Los bancos tientan por su potencial de rebote si mejora la economía, mientras que las energéticas ganan peso en las carteras por sus inversiones y perspectivas exportadoras. Con ese telón de fondo, los brókers eligen sus papeles favoritos y advierten qué riesgos pueden ponerle un freno a la recuperación.
Uno de los principales factores detrás de la corrección fue el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, que llegaron a superar el 5,3% anual a diez años, sus niveles más elevados desde 2002. La suba se produjo en un contexto de crecientes presiones inflacionarias, agravadas por la guerra en Medio Oriente, que impulsó el petróleo por encima de los u$s100 por barril y encareció los costos energéticos y logísticos.
Estas presiones sobre los precios complicaron el panorama monetario estadounidense, con una inflación que alcanzó el 3,7% interanual en septiembre y una Reserva Federal que mantuvo su política restrictiva. La perspectiva de tasas elevadas durante más tiempo contribuyó, a su vez, a sostener los rendimientos de los bonos y a reducir el atractivo de los activos de mayor riesgo.
El encarecimiento del financiamiento internacional no respondió únicamente a las presiones inflacionarias. También reflejó una suba de las tasas reales, en medio de mayores necesidades de emisión del Tesoro estadounidense debido al déficit fiscal y una creciente demanda de capital por parte de las grandes empresas tecnológicas para financiar sus inversiones en inteligencia artificial.
Con rendimientos más elevados en los activos considerados seguros, los inversores comenzaron a exigir mayores retornos para mantener posiciones de riesgo, afectando especialmente a los mercados emergentes y a las compañías más sensibles al costo del financiamiento, donde se incluyen especialmente los papeles argentinos.
La Reserva Federal, presidida por Kevin Warsh, enfrentó un escenario de inflación persistente y tasas elevadas, que encareció el financiamiento internacional y presionó sobre los mercados emergentes.
En ese contexto adverso, Brasil ofreció un alivio transitorio para los activos regionales. La victoria de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta presidencial alimentó las expectativas de un cambio de orientación económica y provocó un fuerte repunte de la Bolsa brasileña, que también favoreció a las acciones argentinas. Según IEB, el MSCI Merval avanzó un 3,86% semanal medido en dólares ante este disparador, aunque la recuperación resultó insuficiente para revertir las pérdidas acumuladas.
Más allá de ese impulso transitorio, la evolución de las acciones argentinas continuó condicionada por factores propios de la economía local, especialmente la debilidad de la actividad, el aumento del riesgo país y la incertidumbre política de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
En este contexto, desde Balanz señalaron que el Merval volvió a aproximarse al piso del rango en el que cotiza desde fines de 2025, con precios que, según sus estimaciones, incorporaban una probabilidad de reelección de Javier Milei cercana al 55%. Para la firma, las valuaciones todavía no ofrecían un potencial de recuperación suficiente para compensar los riesgos del escenario local, aunque la exposición a estos factores no es igual para todas las compañías.
Los bancos estuvieron entre los principales afectados por la corrección, con pérdidas del 15% en Banco Macro, del 14% en Galicia, del 10,5% en BBVA y del 9,6% en Supervielle. A su sensibilidad frente al aumento del riesgo país se sumaron las preocupaciones por el deterioro del crédito, cuya irregularidad alcanzó el 7,7%, según Bull Market, y la presión sobre los márgenes financieros. En contraste, BYMA (-2,5%) y Banco de Valores (-3,5%) registraron bajas más moderadas, en línea con su menor exposición directa al riesgo crediticio.