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Nevaco Global
1 de septiembre de 2026

El contrabando vuelve a crecer en Argentina: ya afecta a celulares, whisky y ropa

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Las importaciones de whisky, ropa y celulares de contrabando se multiplican en Argentina a medida que los contrabandistas aprovechan los esfuerzos del presidente libertario Javier Milei por fortalecer el peso y abrir la economía.

Vehículos cargados con miles de termos y cervezas Corona y Sol eluden los controles aduaneros para entrar en la provincia de Formosa, en la frontera con Paraguay. Un camión repleto con 17.000 cigarrillos ingresa a la provincia de Salta, cerca de Bolivia. Influencers exhiben falsas camperas de lluvia de la marca Columbia, presuntamente importadas por barco en contenedores.

Las cámaras empresarias estiman que hasta el 40% de las cervezas y el 30% de los neumáticos que se venden en Argentina son de contrabando. Según el cálculo de una entidad del sector, la proporción de celulares importados ilegalmente que se comercializan en el país pasó del 7% del mercado antes de que Milei asumiera en 2023 a más de un tercio en la actualidad.

“En mi vida vi tanto de esto”, dijo el director de una gran importadora que distribuye marcas globales de calzado en Argentina y que pidió no ser identificado para hablar de un tema sensible. “A los que pagamos los impuestos nos están matando porque no podemos competir.”

El flujo de contrabando —una mezcla de falsificaciones y productos legítimos que eluden los aranceles aduaneros— se vio potenciado por la campaña del Gobierno para reducir la burocracia en el ingreso de mercadería al país, afirman importadores y fabricantes.

Pero, más que nada, reconocen, el aluvión es un efecto no deseado del éxito de Milei en estabilizar la disfuncional moneda argentina.

Antes, el tipo de cambio paralelo del peso era mucho más débil que el oficial, lo que hacía prohibitivamente caro para los importadores conseguir dólares para comprar mercadería en negro. A medida que ambas cotizaciones convergieron bajo la gestión de Milei, volvió el incentivo para importar contrabando.

“Tener dos tipos de cambio era terrible para la economía, pero para este problema puntual no lo era”, dijo Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina. “Ahora que unificamos los tipos de cambio, necesitamos una frontera mucho más fuerte para frenar el contrabando.”

El contrabando es uno de los múltiples problemas que enfrentan los fabricantes locales mientras Milei abre una de las economías más cerradas de América Latina. El presidente recortó aranceles de importación, medidas antidumping y algunas regulaciones aduaneras, y utilizó varias herramientas para fortalecer el peso, todo con el objetivo de bajar los altísimos precios de los bienes de consumo.

El mandatario desestimó las preocupaciones sobre la situación de los fabricantes locales, que perdieron decenas de miles de puestos de trabajo y redujeron la producción.

“Obviamente, si la empresa local no puede competir, cierra y despide gente”, dijo en un discurso ante el Congreso a principios de este año. “Pero el consumidor ahorra dinero... que puede usar para comprar otros bienes, generando nuevos empleos en otro sector más productivo que pagará mejores salarios.”

Pero incluso algunos importadores, que esperaban beneficiarse con las reformas de Milei, dijeron que su entusiasmo por recortar la burocracia estaba generando consecuencias no deseadas en materia de contrabando. Señalaron el fin del sello aduanero que antes se colocaba en muchos productos, reemplazado por un sistema digital, y el fin del sistema de precios de referencia para las mercaderías.

Funcionarios de Milei sostuvieron que esas normas generaban costos innecesarios y abrían la puerta a la corrupción, algo que, según los analistas, fue moneda corriente en la aduana argentina durante gobiernos sucesivos.

Pero un importador de blancos para el hogar dijo que la eliminación de esos controles “hizo todo demasiado fácil” para evadir la pesada carga impositiva argentina y creó nuevas oportunidades para la corrupción. “Todos están subfacturando el valor de su mercadería, y yo también empecé a hacerlo”, agregó. “Los funcionarios de la aduana ayudan proveyendo empresas truchas para que no figure a mi nombre.”

Si declarara su mercadería con el valor real, pagaría u$s 90 de impuestos por cada u$s 100 de mercadería, frente a u$s 35 subfacturando, agregó. “No puedo competir si nadie más paga el precio completo.”

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