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Nevaco Global
5 de agosto de 2026

Dilema oficial: arriesgar ahora o esperar al 2027

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Tras el triunfo en las elecciones legislativas de octubre, el Gobierno logró mostrar una mejora notable de todos los indicadores financieros. El riesgo país ronda los 410 puntos. El dólar (oficial y financiero) se mantiene estable muy por debajo del techo de la banda cambiaria (hoy en 1840 pesos).

El Banco Central compró desde enero más de u$s 3.300 millones, y está a tiro de superar la meta anual de acumulación de reservas acordada con el FMI. Mientras que la presentación del programa financiero despejó cualquier incertidumbre de riesgo de default de la deuda en 2027, expresado en las bajas tasas de interés de los bonos con vencimiento el año próximo.

Sin embargo, esa foto financiera favorable contrasta con el deterioro de los indicadores de la economía real, más allá del boom del triplete de sectores dinámicos (energía, minería, agro), que se refleja a su vez en la caída en la confianza en el Gobierno, medida por la Universidad Di Tella: 21% abajo de julio 2025.

El interrogante es cuándo y cómo se cierra esa divergencia. El ministro de Economía, Luis Caputo, asegura que sosteniendo el rumbo, tarde o temprano, la bonanza financiera llegará al bolsillo, y eso se traducirá el año próximo en un triunfo electoral categórico del oficialismo.

Pero la pregunta obvia es si el mal humor social –que miden las encuestas- le pone un límite antes al optimismo financiero, y anticipa o acelera el proceso de dolarización electoral, que la mayoría de los economistas –menos Caputo— creen inexorable. De ahí la percepción de que Milei necesita empezar a “ganar (más contundentemente) en las encuestas, antes de ganar” efectivamente la elección.

El Gobierno muestra los datos del EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) agregados, y arma un relato que festeja niveles récord históricos de actividad y consumo en la medición de las cuentas nacionales del Indec. Sin embargo, los propios datos del EMAE muestran un estancamiento en el último año: en mayo, estaba 1,5% abajo de diciembre último, y apenas 0,2% arriba de mayo 2025, con una economía que hasta el primer semestre del año pasado crecía a un ritmo del 5/6% anual.

En el serrucho de los últimos meses, la actividad general se mantiene casi estancada, con sectores primarios que crecen al 12% anual (minería 15,7%, energía 8%, agro 4,6%). Mientras que los sectores vinculados con el bolsillo en los grandes centros urbanos siguen cayendo (comercio, -4,3%, industria, -5,6% anual), o muestran un repunte muy lento como la construcción (1,9%), tras un derrumbe frente a 2023.

En el último año, el salario real privado disminuyó 2,9% (mayo, Indec), el salario real público -4,9% (mayo, Indec); y la morosidad del crédito a familias pasó de 4,5% al 12,7%. En el primer semestre, el consumo masivo acumula una baja de 2,9% medido por Scentia, en todos los canales de comercialización (incluido comercio electrónico). Entre enero y julio 2026, el patentamiento de autos cayó 12,8%. Mientras que las escrituras con hipotecas en el primer semestre se redujeron 37,2% en Ciudad y 32,6% en Provincia.

Semejante dinámica se explica, por un lado, por el frenazo del crédito, tras la disparada de la tasa de interés, con la corrida cambiaria pre-electoral, y de la morosidad. Según la consultora 1816, en junio dejó de crecer la mora de la familias (bajó 0,1%). Pero en julio, el crédito de mayor volumen a las familias (personales, tarjetas de crédito y prendarios) siguió contrayéndose en términos reales.

El otro factor que sigue impactando en la dinámica del bolsillo de las familias y en la ecuación de las “empresas perdedoras”, es el ajuste de precios relativos de la era Milei, que retomó su senda desde febrero. Entre diciembre 2023 y junio 2026, el IPC creció 320% y el salario privado registrado (Indec) 297,3%.

El rubro “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” aumentó 602%, y servicios privados como “Educación” y “Comunicación” (celular e internet) subieron 443% y 427%, respectivamente. Después del pago de los gastos fijos, el ingreso disponible de los hogares cayó bastante más que el ajuste en el salario real.

En cambio, los precios de los productos transables, asociados a la evolución del tipo de cambio, actuaron como ancla, corriendo por detrás: alimentos aumentaron 293%; los autos, 291%; equipamiento del hogar (electrodomésticos), 224%; e indumentaria y calzado 166%, la mitad de la inflación.

Esa dinámica encuentra hoy un límite en la desaparición de la rentabilidad de buena parte de las empresas industriales, y en el bajo consumo de las familias.

El nuevo debate entre los economistas es si el Gobierno cuenta con instrumentos para recuperar en los próximos meses los indicadores clave (empleo, salario real, consumo, crédito), lo que elevaría sus expectativas electorales y estiraría la ventana de estabilidad financiera.

Lucas Llach, ex vice del BCRA con Macri, dice, a riesgo que lo tilden de “libertario devaluacionista”, que “hay que flotar en serio, eliminar las bandas y restricciones cambiarias: un dólar de 1700/1800 pesos podría cambiar actividad y empleo en la construcción, turismo y sectores que compiten con importaciones”, razona. Va en línea con lo que sostiene hace rato Domingo Cavallo.

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