El ministro de Economía, Luis Toto Caputo, anunció este lunes que TGS consiguió el aval del Gobierno para avanzar con dos proyectos de infraestructura por más de u$s 3200 millones destinados a procesar, transportar y exportar los líquidos asociados al gas natural de Vaca Muerta.
El Comité Evaluador aprobó el ingreso de ambas iniciativas al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), un paso clave para una obra que la compañía había anunciado en marzo y que apunta a resolver uno de los principales cuellos de botella que puede enfrentar el crecimiento de la producción en la cuenca neuquina.
El proyecto contempla dos grandes desarrollos. Por un lado, una nueva infraestructura en Tratayén, Neuquén, que permitirá separar los líquidos del gas natural. Por otro, la construcción de un ducto de 577 kilómetros que llevará esos líquidos hasta Bahía Blanca, donde TGS levantará una planta para fraccionarlos, almacenarlos y posteriormente exportarlos.
Una vez que el complejo entre en operación, previsto para 2030, el Gobierno estima que permitirá generar unos u$s 1100 millones anuales de exportaciones.
Tal como informó El Cronista en marzo, la apuesta de TGS está directamente vinculada con la posibilidad de que Vaca Muerta siga aumentando su producción de gas y petróleo sin quedar limitada por la falta de infraestructura para manejar los líquidos que salen asociados al gas.
El problema es técnico, pero tiene una consecuencia económica muy concreta. El gas que se produce en Vaca Muerta contiene líquidos (entre ellos propano, butano y gasolina natural) que deben ser separados antes de que pueda ser transportado por los gasoductos.
A medida que aumenta la producción, también crece el volumen de esos líquidos. Y ahí aparece el límite: mientras la capacidad para transportar el gas viene ampliándose, la infraestructura para separar, transportar y procesar los líquidos es mucho más acotada.
Si esa capacidad no crece al ritmo de la producción, el problema deja de ser solamente qué cantidad de gas puede extraerse de los pozos. La restricción pasa a estar en qué se puede hacer con los líquidos asociados una vez que salen de la formación.
En aquella presentación en Argentina Week en Nueva York, la compañía había explicado que el proyecto permitiría industrializar esos líquidos y convertirlos en productos comercializables, tanto para el mercado interno como para la exportación. La iniciativa fue planteada como una pieza necesaria para acompañar el salto productivo de Vaca Muerta.
La compañía había previsto originalmente una capacidad inicial de procesamiento de unos 3 millones de metros cúbicos diarios de gas. El proyecto se desplegará sobre cuatro provincias.
La apuesta tiene otro componente estratégico: transformar un subproducto asociado a la producción de gas en una fuente adicional de divisas.
Los líquidos que serán procesados (principalmente propano, butano y gasolina natural) tienen distintos usos industriales y pueden ser colocados en los mercados internacionales. En marzo, TGS había estimado que el proyecto podría generar unos u$s 1200 millones anuales de exportaciones una vez que alcanzara su plena operación.
La nueva estimación oficial ubica ese aporte en alrededor de u$s 1100 millones por año a partir de 2030.
Marcelo Mindlin, presidente de Pampa Energía, una de las compañías cocontrolantes de TGS, había definido la inversión como estratégica precisamente por este motivo: “Es una inversión clave para resolver algunos de los cuellos de botella que podrían limitar el desarrollo de Vaca Muerta”.
Desde la compañía también se había destacado otro dato que dimensiona el proyecto: se trata de la primera planta de procesamiento de líquidos que se construirá en la Argentina en más de 25 años.