La falta de alimentos, suministros y respuesta asistencial empuja a miles de marroquíes a cruzar de nuevo la frontera para regresar a sus casas
Los miles de inmigrantes que protagonizaron el pasado jueves una entrada ilegal masiva en Ceuta lo tienen muy claro a la hora de regresar a su país: "no hay nada para comer ni dormir, es mejor irse". Una frase en la que coinciden muchos de los que han optado por hacer el camino inverso.
Este sábado la carretera de acceso a la aduana del Tarajal era un constante goteo de personas que regresaban a Marruecos después de haber pasado más de un día en Ceuta, donde no han encontrado ningún lugar para ser acogidos, comida o bebida.
El cierre de la actividad comercial -que ha incluido tiendas, bares y quioscos- había dejado a la ciudad ceutí con una imagen "similar a una pandemia", como decía un joven ceutí que regenta un negocio de hostelería.
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Youssef Chaib, que dice tener 24 años aunque aparenta poco más de la mayoría de edad, nos paraba debajo del puente que conduce a la frontera del Tarajal -distante unos doscientos metros- para desahogarse: "Amigo aquí no hay nada, no he podido ni recargar el móvil", se lamentaba este joven que dice proceder de la ciudad de Kenitra.
Youssef no necesitó lanzarse al agua aunque su ropa -un bañador y una camiseta- refleja las huellas de haber tenido que dormir a la intemperie. "He estado en un parque, entré andando por el espigón y ahora vuelvo a casa, al menos allí tengo donde dormir".
Mientras Youssef habla se van parando al lado otros jóvenes que han entrado en la ciudad en las últimas horas, dos de los cuales no paran de reclamar que le dejen el teléfono móvil para poder llamar a sus familiares.
"No nos van a dar papeles ni nada, lo volveremos a intentar dentro de varias semanas cuando se calme la cosa", cuenta Abdelkader Kaddur, de 20 años y natural de la provincia de Tetuán, distante unos 40 kilómetros de la frontera ceutí.
"Vine con un amigo desde Tetuán en un coche y luego no nos tiramos al agua, bordeamos andando el espigón y entramos. En Ceuta no hay nada, ni comida, ni agua ni tabaco", sonríe sobre esto último mientras demanda algún cigarrillo.
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Los jóvenes coinciden en que quieren volver a Marruecos para poder dormir en sus casas. "Al menos allí tenemos un techo, aquí he dormido en la playa y encima con algo de frío, por lo que hemos encendido una hoguera", relata Karim Said, de 22 años y procedente de Tánger.
En su caso, al igual que el de otros muchos, sí entró a nado en los primeros momentos de la entrada masiva. "No fue complicado aunque tardamos unas tres horas en llegar al espigón de la playa", ha contado entre la resignación por hacer el camino en sentido contrario.
Todos los jóvenes que regresan a Marruecos son de nacionalidad marroquí y tienen entre 18 y 35 años, y en todos los casos entraron con lo puesto: bañador, camiseta y unas chanclas.
Ahora han optado voluntariamente por volver a su lugar de residencia porque han encontrado que en Ceuta se les han cerrado todas las puertas para seguir subsistiendo durante mucho más tiempo.