La decisión el martes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de retirar las patrullas del ICE de los controles de tráfico, luego de matar a tiros a dos inmigrantes, duró menos de 24 horas, el tiempo en que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, revocó la orden y animó a los agentes a seguir actuando contra los inmigrantes como lo han hecho desde que ordenara “limpiar el país de criminales”.
“ICE, vuelvan a hacer su trabajo tan importante. ¡Sigan registrando esas cifras positivas en la lucha contra el crimen! Recuerden que en Estados Unidos se les aprecia y respeta. Muchos eran delincuentes, y debemos expulsarlos”, escribió en su red social.
“Para lograrlo, debemos ser fuertes, firmes e inteligentes, y no podemos renunciar a una de las herramientas más importantes y eficaces del ICE para combatir el crimen: ¡los controles de tráfico! Si lo hacemos, estaremos jugando a favor de los delincuentes", advirtió, sin mostrar la menor compasión por los hijos de Lorenzo Salgado, que lloraron de rabia e impotencia ante la muerte absurda de su padre, al que mataron los agentes por equivocación cuando iba al trabajo con su hermano y otros compañeros, el pasado 7 de julio.
“Es duro ser estadounidense hoy en día cuando el país en el que naciste le quita la vida al hombre que te lo dio todo”, declaró entre lágrimas Ronaldo Salgado, el hijo mayor de la víctima y estadounidense por nacimiento, quien recordó la crueldad de las autoridades hospitalarias y de los agentes migratorios que ni siquiera le permitieron ver a su padre cuando agonizaba ni le informaron de su muerte, sino que se enteró por internet.
“Mi padre era un hombre bueno y trabajador que, probablemente por miedo, intentó huir de lo que parecía un asalto”, declaró, en alusión a que los dos coches con agentes encubiertos del ICE no llevaban ningún distintivo policial ni sirena, una de las mayores quejas de los activistas, ya que la reacción natural de cualquier conductor que ve uno o dos coches cerrándole el paso es tratar de huir ante lo que parece un secuestro o un robo a mano armada.
De hecho, seis días después se repitió la misma escena con el resultado de muerte a balazos de un inmigrante y la misma excusa de los agresores.
El lunes 13 de julio, agentes encubiertos del ICE realizaban tareas de vigilancia frente a una vivienda en Biddeford, Maine, para detener a un inmigrante que contaba con una orden de deportación pendiente. Cuando el colombiano Joan Sebastián salió de la casa en su automóvil para dirigirse a su trabajo y vio que le seguían coches sin distintivos, creyó que eran delincuentes y aceleró, momento en que recibió una ráfaga de disparos.
La versión inicial del ICE es que el colombiano intentó atropellar a uno de los agentes para huir, pero las grabaciones de los testigos demuestran que el coche dio volantazos porque el joven ya estaba herido. Sus últimas palabras mientras lo esposaban gravemente herido y que quedaron grabadas en un audio son desgarradoras: “Intenté detenerme”.
Más tarde, el propio secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, tuvo que admitir ante senadores que Joan Sebastián no era la persona a la que buscaban y que los agentes se habían confundido de objetivo.
Cuando todavía no se habían apagado las protestas ciudadanas y las velas de los improvisados altares en memoria de los dos inmigrantes fallecidos, otro mexicano murió durante una persecución del ICE en Florida.
El martes, un joven mexicano de 28 años viajaba en un coche junto a otras tres personas, cuando fue interceptado en una carretera del condado de St. Johns durante un operativo conjunto entre agentes de ICE y de la agencia de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI).
En el momento de la detención, el joven descendió del coche e intentó escapar a pie de los agentes federales. Al intentar cruzar corriendo la transitada autopista fue embedido por un camión de carga, muriendo poco después.
Activistas defensores de los derechos de los migrantes denunciaron que las tácticas sorpresivas y agresivas de los agentes migratorios suelen provocar una respuesta de pánico extremo en la que las personas reaccionan corriendo por puro instinto de supervivencia.
El miércoles, un venezolano de 45 años, identificado como Jesús Manuel Arenas Silva, falleció de un supuesto paro cardíaco mientras las autoridades lo trasladaban entre centros de detención. Con este fallecimiento, suman 22 migrantes muertos bajo custodia del ICE en lo que va del año tras los 33 decesos de 2025, la mayor cifra en dos décadas, con base en el recuento de la organización National Immigration Project.
Pero fue la muerte de Lorenzo Salgado, el decimoséptimo mexicano muerto a manos de agentes del ICE, así como la negativa del gobierno de Trump a identificar a sus asesinos, la gota que derramó el vaso de las autoridades mexicanas.