Los datos que acaba de dar a conocer el INEGI sobre las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos son positivos. Sin embargo, aunque el secretario de economía Marcelo Ebrard presuma los récords de exportación, nuestro país enfrenta serios problemas para atraer nuevas inversiones, y con ello generar empleos y crecer.
El pasado viernes, el INEGI informó que por primera vez en un mes, las exportaciones superaron los 80 mil millones de dólares. Lo más sorprendente es que este récord, registrado en julio, fue impulsado principalmente por las manufacturas no automotrices.
El boom en las ventas de equipos de cómputo y productos electrónicos hacia Estados Unidos está relacionado con el auge de las inversiones en inteligencia artificial, un fenómeno que está beneficiando a México incluso en medio de las presiones del gobierno de Donald Trump para renegociar y eventualmente no ratificar el T-MEC por otros diez años.
Desde mayo de 2021, las ventas de estos productos han registrado un repunte de 43.7% anual, hasta alcanzar en julio la cifra de 81 mil 400 millones de dólares. Sin duda es un respiro para el gobierno mexicano y una señal de que la integración manufacturera con Estados Unidos continúa siendo uno de los grandes activos de nuestra economía.
Otro dato que también da cierto margen de maniobra al gobierno es el comportamiento de los ingresos tributarios. Durante los primeros siete meses del año alcanzaron 3 billones 407 mil millones de pesos, de acuerdo con información pública.
Mientras las exportaciones avanzan, la nueva inversión prácticamente se ha estancado. Y el principal reclamo de los empresarios continúa siendo la inseguridad, crecimiento de la extorsión y cobro de piso, además de una creciente presión fiscal.
A esto se suma la percepción de incertidumbre jurídica y operativa provocada, según empresarios, por las medidas de fiscalización cada vez más rígidas y por el incumplimiento o modificación de acuerdos previamente establecidos. En otras palabras, invertir en México se ha convertido para muchos empresarios en una decisión que implica asumir demasiados riesgos.
Esto explica en buena medida, por qué el llamado Plan México no ha logrado despegar. Y es que a los problemas de inseguridad se agregan la falta de un sistema financiero suficientemente orientado hacia la producción, las tensiones comerciales externas y las dificultades para materializar los beneficios esperados de la sustitución de importaciones y del nearshoring.
Una encuesta reciente de Coparmex, aplicada a más de 4 mil de sus socios a nivel nacional, revela con claridad el ánimo de los empresarios. Mientras en una medición anterior casi 40% de los empresarios consideraba que era un buen momento para invertir, en junio la cifra cayó a apenas 23%. Es decir, sólo dos de cada diez empresarios de Coparmex consideran actualmente que es un buen momento para invertir en México.
El presidente de Coparmex Juan José Sierra, atribuyó esta caída a la inseguridad y a la incertidumbre. Las compañías mexicanas han cambiado sus planes de crecimiento, ya no están pensando tanto en expandirse sino en resistir. Están adoptando planes de contención y con ello México pierde capacidad para generar nuevos empleos, elevar su productividad y atraer capital.
Por eso las cifras del INEGI deben celebrarse, pero también deben leerse con cautela. Porque una cosa es exportar más y otra muy distinta es generar las condiciones para que nuevas empresas lleguen, se instalen, inviertan, contraten trabajadores y amplíen su producción en territorio nacional.