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Nevaco Global
25 de octubre de 2026

El extraño caso de Arthur, el perro malagueño que se niega a pisar la calle: un experto revela las claves

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Arthur es un Springer Spaniel de 7 años que, a simple vista, parece el compañero ideal. Es precioso, cariñoso y juguetón en la intimidad del hogar. Sin embargo, cuando la puerta de casa se abre, surge el problema: Arthur no quiere salir a pasear. Lo que podría parecer un rasgo de pereza se ha convertido en un auténtico desafío para Marta y Juan, sus tutores, cuya vida familiar se ve condicionada por esta particular fobia. La situación ha llegado a un punto en que han decidido, a través de los micrófonos de COPE MÁS Málaga, buscar respuestas y soluciones para entender y ayudar a su mascota.

Arthur es realmente feliz en casa, pero preocupa su fobia a la calle y por eso sus tutores buscan solución

La historia de Arthur con su familia comenzó a finales de 2019. "Juan y yo ya llevábamos un tiempo pensando en adoptar a un perro, y no nos importaba muy bien la raza", relata Marta. La oportunidad llegó a través de una amiga: en un criadero de Springle Spaniel, una raza muy típica de caza, un cazador había descartado a un cachorro de 7 u 8 meses porque "no le servía para cazar”. Marta y Juan no lo dudaron y lo acogieron. Desde el primer día, notaron su aversión a la calle. "Desde el inicio no le gustaba salir a la calle, y mira que era un perro después en casa superactivo", explica Marta a COPE. A pesar de su energía en casa, los paseos se convertían en una odisea.

Con el paso de los años, el problema no solo ha persistido, sino que se ha agravado con los cambios en la estructura familiar. Marta ha sido madre recientemente por segunda vez, y la logística con una recién nacida, otra hija pequeña y un perro que se resiste a andar, es compleja. "Cada vez es más complicado hacer el doble paseo, como yo digo", confiesa Marta. Ir al parque canino, el único lugar donde Arthur parece sentirse algo más cómodo, ya no es siempre una opción viable. "No podemos estar todo el rato yendo al parque, porque, claro, con las 2 niñas hay veces que se complica un poco. Para nosotros, cada vez se va complicando, y con la última, con la recién nacida, pues aún más", lamenta.

Para arrojar luz sobre este comportamiento, el programa ha contado con la intervención de Adrián Navarro, fundador de Adiestramiento Canino Lopecan y experto en conducta animal. Navarro es tajante desde el principio: "Lo veo como un problema". Sostiene que, por naturaleza, los perros son seres curiosos y el paseo debería ser uno de los mejores momentos del día. Cuando un perro rechaza salir, suele haber razones más profundas. "Lo normal es que haya una serie de problemas detrás de ese comportamiento, que yo lo categorizaría como un problema de conducta, que normalmente va arraigado a temas de miedo o alguna mala experiencia en la calle", afirma el adiestrador.

El que también disfrute los paseos es al final un disfrute para nosotros también

Navarro descarta rápidamente que Arthur sea simplemente un perro vago. El hecho de que se muestre activo y feliz en entornos controlados como el parque es la clave. "Si fuera un perro vago, pues no estaría con ese nivel de actividad en los puntos en los que se siente bien", argumenta. El problema, según el experto, radica en los lugares con mayor ruido ambiental, como calles con tráfico. Es en esos sitios, llenos de estímulos auditivos y visuales imprevistos, donde el perro se siente inseguro y abrumado.

El diagnóstico más probable de Adrián Navarro apunta a un síndrome de privación sensorial. Arthur llegó a la ciudad con 7 u 8 meses, una etapa crucial en el desarrollo canino. "Lo más normal es que Arthur, viniendo de un sitio donde seguramente estarían preparando a los perros para otro tipo de vida, más en el campo, más ligada a temas de cacería, pues al llegar a la ciudad y encontrase con muchos sonidos que no habían estado en esa etapa de desarrollo es cuando surge el problema", explica. Ruidos de coches, motos y el bullicio urbano general son estímulos que no conoció de cachorro, por lo que ahora, de adulto, los percibe como una amenaza.

Es probable que el perro haya desarrollado algún tipo de miedo a la calle y por eso no quiera salir

Esta falta de exposición temprana a un entorno urbano es lo que le genera una sobrecarga sensorial. Navarro aclara que Arthur no quería "acercarse a las cosas que no conocía". Su cerebro no aprendió a procesar esa avalancha de información como algo normal y, en consecuencia, su instinto le pide evitarla a toda costa. El problema tiene solución, pero requiere un trabajo constante y paciente por parte de la familia. "Todos los problemas de comportamiento se pueden trabajar, algunos se terminan de solucionar, pero en el peor de los casos se mejoran", asegura el adiestrador.

La estrategia que propone Adrián Navarro se basa en una desensibilización sistemática y en el contracondicionamiento. El objetivo es cambiar la percepción negativa que Arthur tiene de la calle por una positiva. Esto implica exponerlo de forma progresiva y controlada a los estímulos que le generan miedo. Una de las primeras técnicas consiste en variar las rutinas. "Buscar otra puerta de entrada al parque, y que aunque al principio le cueste trabajo, vea que ese camino le lleva al mismo sitio donde se siente seguro", ejemplifica. Estas pequeñas acciones ayudan a que el perro vaya "rompiendo barreras" mentales.

Un "truquito" que Navarro considera muy eficaz es generarle un atractivo muy grande en el coche. Marta ya había notado que Arthur asocia el coche con destinos agradables, como el parque. El adiestrador sugiere usar esto a su favor: "Pongo el coche en la dirección contraria a la que él suele ir". Si Arthur se resiste a ir hacia la izquierda al salir de casa, se aparca el coche en esa dirección. Aunque al principio haya que forzarlo un poco, el perro aprenderá que ese camino también conduce a una recompensa, y gradualmente se puede ir aumentando la distancia.

Otra herramienta poderosa es la comida. Navarro aconseja que, durante un tiempo, se le dé a Arthur toda su alimentación fuera de casa. El primer paso es acostumbrarlo a comer en la calle, en lugares donde se sienta cómodo. Una vez que el perro asocia la calle con la comida, se pasa a la siguiente fase. "Será cuando la comida empiece a aparecer solo cuando aparezcan los estímulos que queremos que él acabe relacionando de forma positiva", detalla el experto. Por ejemplo, darle pienso justo cuando pasa un coche, para que el ruido se asocie con algo bueno.

El proceso no es rápido. Navarro estima que, dependiendo del tiempo que la familia le dedique, la mejoría puede tardar entre 3 meses y un año y medio. Marta se muestra dispuesta a intentarlo, motivada por el bienestar de su mascota y de su familia. "El que él también disfrute los paseos es al final un disfrute para nosotros también, y también para que podamos compartir mucho más tiempo también con Arthur", confiesa. El desconocimiento es, según se comentó en el programa, una de las principales causas de estos problemas. "Cometemos muchísimos errores por desconocimiento", admite Navarro, quien concluye con una reflexión: "A mí cuando se me rompe el coche, voy al mecánico, pero todas las personas que cogemos un perro pensamos que sabemos entenderlo". Como gesto de apoyo, el adiestrador se ha ofrecido a ayudar personalmente a Marta y Arthur a iniciar este camino hacia la recuperación.

Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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