El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a elevar la presión sobre la Reserva Federal (Fed) para que reduzca las tasas de interés y, en un nuevo giro de su política comercial, amenazó con suspender el comercio con países frente a los cuales Estados Unidos mantiene déficits comerciales.
La declaración llega en un momento particularmente contradictorio para la economía estadounidense. Mientras Trump sostiene que el país necesita tasas más bajas para estimular el crecimiento y reducir el costo del crédito, los últimos datos muestran que el mercado laboral mantiene una fortaleza considerable. En agosto se crearon 162,000 empleos, muy por encima de las expectativas, mientras el desempleo permaneció en 4.1%.
Precisamente por esa fortaleza, los mercados han aumentado las expectativas de que la Reserva Federal pueda mantener las tasas elevadas o incluso considerar un incremento para contener una inflación que continúa por encima del nivel deseado. Reuters señala que el sólido informe laboral ha colocado al presidente de la Fed, Kevin Warsh, ante una difícil disyuntiva entre atender las exigencias de Trump y preservar la credibilidad e independencia del banco central.
Trump argumenta que una economía fuerte y con mayor capacidad crediticia debería tener tasas de interés mucho más bajas. Sin embargo, los economistas advierten que bajar las tasas no depende simplemente de una decisión política.
La Reserva Federal utiliza las tasas de interés principalmente para controlar la inflación y mantener condiciones económicas sostenibles. Si reduce demasiado rápido el costo del dinero cuando los precios todavía crecen con fuerza, podría aumentar nuevamente la demanda y dificultar el combate contra la inflación.
Ese es precisamente uno de los principales problemas de la estrategia presidencial: Trump reclama estímulos monetarios mientras, simultáneamente, sus políticas comerciales pueden aumentar los costos para consumidores y empresas.
Los aranceles y las restricciones comerciales no son pagados exclusivamente por los países extranjeros. Investigaciones de la Reserva Federal de Nueva York han documentado cómo los costos de los aranceles pueden trasladarse a importadores y compradores estadounidenses.
Para una familia estadounidense, la discusión sobre tasas, déficit comercial y aranceles puede parecer lejana. Sin embargo, sus consecuencias pueden llegar directamente al supermercado, al concesionario de automóviles, al pago de una hipoteca o a una tarjeta de crédito.
Una política comercial más agresiva puede encarecer productos importados y componentes utilizados por empresas estadounidenses. Al mismo tiempo, una política monetaria restrictiva mantiene elevado el costo de los préstamos.
El resultado puede ser una combinación incómoda: precios elevados y crédito caro.
La situación es especialmente delicada porque la inflación continúa siendo una preocupación. Un análisis publicado este viernes señala que la inflación permanece por encima del 3%, mientras los mercados financieros reaccionaron al fuerte informe laboral aumentando las expectativas de una política monetaria más restrictiva.
Otro punto cuestionado por especialistas es la interpretación política que Trump hace del déficit comercial.
El déficit significa que Estados Unidos compra al exterior más bienes y servicios de los que vende. Pero eso no necesariamente equivale a que la economía estadounidense esté siendo “derrotada” por sus socios comerciales.
La Tax Foundation recuerda que Estados Unidos registra déficit comercial desde hace décadas y sostiene que estos desequilibrios también pueden reflejar la fortaleza del país para atraer capital extranjero y su papel como destino de inversión.
De hecho, el déficit comercial estadounidense aumentó considerablemente en julio, hasta 88,600 millones de dólares, frente a 71,200 millones en junio. Entre los países con los que Estados Unidos registró importantes déficits estuvieron México, Vietnam, China y los integrantes de la Unión Europea.