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Nevaco Global
8 de octubre de 2026

Brascuba se queda sin su socio británico y los cigarros se encarecen

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La Habana/La industria del tabaco está revuelta en Cuba. Las exportaciones de habanos sufren las consecuencias de la detención de un accionista asiático y, ahora, la salida de British American Tobacco (BAT), que vendió su participación en Brascuba después de rebajar fuertemente el valor de su negocio en la Isla, abre nuevas incógnitas sobre la producción y comercialización de cigarrillos.

El Estado mantiene una venta controlada a través de las bodegas, aunque los cigarros no forman parte oficialmente de la canasta familiar normada. En varias provincias se siguen anunciando entregas de cuatro cajetillas al mes por consumidor adulto, pero los atrasos son frecuentes y la cuota prevista rara vez equivale a un suministro regular.

La diferencia con el mercado informal es enorme. Desde 2024, una cajetilla de Criollo, Popular o Aroma tiene un precio oficial de 30 pesos, mientras que otras variedades reguladas cuestan entre 50 y 60. En La Habana, anuncios consultados este miércoles ofrecen ruedas de diez cajetillas de H. Upmann Clásico sin filtro por 7.300 pesos, Rothmans Classic por 5.500 y Rothmans ICE por 4.100, equivalentes a entre 410 y 730 pesos por cajetilla a precio mayorista.

Otra publicación de esta semana fija la cajetilla de Popular rojo en 1.170 pesos, la rueda de diez en 11.700 y condiciona la compra a un cajón de 50 ruedas. Esos precios mayoristas dejan margen para que, una vez en cafeterías, puestos particulares o vendedores callejeros, la cajetilla termine aún más cara para el consumidor.

British American Tobacco (BAT) salió de Cuba después de casi tres décadas de presencia en la industria del cigarrillo. La multinacional completó en febrero la venta a Tabagest del 50% que mantenía en Brascuba Cigarrillos S.A., acordada a finales de 2025, y dejó así enteramente en manos cubanas una empresa que durante años fue presentada como uno de los ejemplos más importantes de inversión extranjera en el sector manufacturero de la Isla.

Tabagest forma parte del entramado empresarial de Tabacuba, el grupo estatal que controla buena parte de la producción, procesamiento y comercialización del tabaco cubano. Por su participación, BAT recibió 25 millones de dólares, a los que se añadieron otros 35 millones correspondientes a saldos comerciales entre Brascuba y filiales brasileñas de la multinacional. Los pagos se pactaron en euros.

La cifra contrasta con el valor que tuvo el negocio para BAT. En 2024, cuando comenzó a preparar una “salida ordenada” de Cuba, la compañía reconoció un deterioro contable de 74 millones de libras esterlinas relacionado con Brascuba. Un año después sumó otros 231 millones de libras. La decisión de marcharse, por tanto, comenzó antes del endurecimiento de las sanciones estadounidenses de 2026, pero en cualquier caso BAT no ha explicado qué motivo concreto la llevó a abandonar la Isla.

Brascuba nació en 1995 de la asociación entre el Estado cubano y Souza Cruz, la filial brasileña de BAT, posteriormente integrada por completo en el grupo. Dos décadas después, ambas partes apostaron por ampliar considerablemente el negocio con una moderna planta en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel. La inversión anunciada rondaba los 120 millones de dólares y el proyecto aspiraba a elevar la capacidad hasta 15.000 millones de cigarrillos anuales, con la mayor parte de la producción destinada al mercado cubano y alrededor de un 20% a las exportaciones.

La empresa fabricó marcas como Popular, H. Upmann y Cohiba, además de cigarrillos pertenecientes al portafolio internacional de BAT, entre ellos Dunhill y Rothmans. La salida de la multinacional deja precisamente una de las incógnitas más importantes: no existe información pública que detalle si esas marcas continuarán fabricándose en Cuba, si se mantienen acuerdos de licencia o quién sustituirá a BAT como proveedor de determinados insumos, tecnología y conexiones comerciales.

La dependencia de proveedores extranjeros ya había provocado problemas antes de la retirada. Entre 2023 y 2024, por ejemplo, Brascuba dejó de fabricar más de 50 millones de unidades de Rothmans Fresh después de que un proveedor dejara de suministrar las cápsulas para los filtros utilizadas en esa variedad, según datos oficiales cubanos.

A las dificultades estructurales se sumó en noviembre de 2024 el huracán Rafael. La fábrica de Mariel sufrió graves daños, perdió parte del techo y varias máquinas quedaron expuestas al agua. La producción tuvo que detenerse y durante los primeros meses de 2025 la escasez volvió a sentirse en el mercado interno.

Tabacuba aseguró posteriormente que Brascuba había recuperado su ritmo. En agosto de 2025 afirmó que la planta trabajaba nuevamente “al tope productivo” y que, en conjunto, la industria había producido durante el primer semestre 201 millones de cajetillas, frente a las 192 millones pactadas con Comercio Interior.

Para 2026, sin embargo, no existe una cifra pública actualizada que permita saber cuánto está produciendo Brascuba después de la salida de BAT, ni cuánto de ese volumen va al mercado nacional y cuánto se exporta.

La otra incógnita está fuera de Cuba. Brascuba exportó durante años a mercados como España, Alemania, México, Panamá y varios países de Oriente Medio y el Caribe. Sin embargo, tampoco existen datos públicos recientes sobre cuánto vende actualmente fuera de la Isla ni qué marcas permanecen en esa cartera.

Marino Murillo Jorge, presidente del Grupo Empresarial Tabacuba, fue visto a comienzos de octubre en Madrid junto a Carlos Luis Jorge Méndez, viceministro primero del Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera. No se ha informado oficialmente del motivo del viaje ni existe constancia pública de que esté relacionado con Brascuba. Mientras tanto, sigue sin respuesta una cuestión central después de la salida de BAT: quién proporcionará a la empresa los insumos, las licencias y las conexiones comerciales que aportaba la multinacional y qué ocurrirá con marcas como Dunhill o Rothmans.

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