El arroz dominicano ante el DR-CAFTA
El lobo llegó el 9 de septiembre de 2026, con el decreto 635-26 en la boca, y encontró al rebaño arrocero tan desprotegido como hace veinte años. Todos conocemos la fábula de Esopo . Un pastorcillo aburrido grita «¡que viene el lobo!» para ver correr a los aldeanos. Lo hace una vez, dos, tres; nunca hay lobo. El día que el lobo de verdad baja del monte, el pastor grita hasta quedarse sin voz y nadie sube. El lobo se come las ovejas . En la República Dominicana llevamos dos décadas contando esa fábula con el arroz . Desde que el país firmó el DR-CAFTA , cada ministro, cada dirigente arrocero y cada campaña electoral ha gritado que el lobo venía. Y como el lobo nunca llegaba, el país aprendió a no subir al monte. La moraleja de Esopo castiga al mentiroso. La nuestra es más incómoda: aquí nadie mintió. El lobo tenía fecha escrita en un tratado público desde 2005; lo que faltó fue preparar el rebaño . Lo que se firmó: un lobo con calendario El DR-CAFTA no escondió nada: el arroz estadounidense entraría con arancel cero el 1 de enero de 2025 , y eso se sabía desde 2005. El tratado entró en vigor para la República Dominicana en 2007. El arroz quedó en la canasta más protegida, con un arancel base de 99 %, diez años de gracia sin tocarlo y una desgravación escalonada hasta llegar a cero. Durante la década de gracia , el lobo era un rumor lejano. Desde 2016 bajó un escalón cada año, a la vista de todos: primero 7.92 puntos anuales, luego 11.88. El grito se volvió rutina, y la rutina, indiferencia. Las cifras del rebaño El rebaño está gordo, pero es lento: producimos casi todo lo que comemos, a un costo que no resiste el arroz importado sin arancel. En 2025 el país cosechó un récord de 14.78 millones de quintales y cubrió cerca del 96 % de su consumo. Pero 2024 enseñó lo frágil que es ese equilibrio: una sequía bastó para que las importaciones se multiplicaran por nueve. En 2024 el arroz llegó sobre todo de Estados Unidos (42.4 %), Brasil (24.4 %), Guyana (16.6 %) y Uruguay (12.2 %). Solo de enero a noviembre entraron 157,183 toneladas , por US$118.1 millones. La diferencia de fondo está en el campo : Y el precio , que es donde muerde el lobo. Producir una libra aquí costaba en 2024 entre RD$14.18 y RD$17.19; el arroz selecto salía de la factoría a RD$31.70 . El arroz largo estadounidense llegaba puesto en puerto (CIF) a RD$22.62 la libra. Por qué esta vez sí llegó Llegó porque los plazos se cumplen, aunque nadie los mire, y porque Washington sí miraba. El 17 de diciembre de 2024 , a dos semanas del arancel cero , el Gobierno firmó el decreto 693-24 . Mantuvo un 20 % dentro del contingente de la OMC, un 99 % fuera de él y un cupo de 23,300 toneladas de arroz estadounidense sin arancel. Fue el último «¡que viene el lobo!», y esta vez se gritó con decreto. La cerca duró unos veinte meses. El 11 de septiembre de 2026 la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. pidió públicamente derogarla, en medio de la negociación de un acuerdo comercial recíproco. Para entonces el decreto 635-26 , firmado el 9 de septiembre, ya la había eliminado. El propio presidente Luis Abinader lo resumió: hay que ponerse «con el tratado de libre comercio que es cero aranceles». Jurídicamente tenía poco margen: el arancel cero era un compromiso firmado desde 2005, y la OMC remite estas disputas al mecanismo del propio tratado . Pero el lobo no entra solo por la puerta del tratado . Entra por la brecha de productividad que el cuadro anterior retrata, y que veinte años no cerraron. Como escribió un analista, cinco gobiernos , tres presidentes y seis ministros de Agricultura no lograron acordar una estrategia para subir de forma significativa la productividad. No es que no se gastara. Hubo agua de riego , RD$5,150 millones en fertilizante subsidiado entre 2021 y 2024 , crédito del Banco Agrícola a tasa baja o cero y pignoración con fondos del Banco Central. En 2025 el arroz se llevó el 44.9 % de los préstamos del Banco Agrícola : RD$8,419.7 millones . Se gastó en sostener el precio , no en bajar el costo . Y mientras tanto, el costo por tarea subió de RD$6,500-7,000 antes de la pandemia a RD$10,000-10,200 hoy. El lobo encontró al rebaño más caro de mantener que cuando empezó a gritar el pastor. Hay, además, una paradoja que conviene no esconder. El gran salto de importaciones de 2024 no vino del tratado : el sector arrocero denunció que una « especie de mafia » trajo más de 4.5 millones de quintales de Sudamérica . A veces el lobo ya estaba dentro del corral, y gritamos mirando hacia el norte. Ahora que el lobo está en el corral Ya no sirve gritar ; sirve contar las ovejas y cerrar las brechas que sí dependen de nosotros. Lo primero es no confundir el pánico con política. El arroz criollo conserva una ventaja real: sabor y textura que el consumidor prefiere, como recuerda Fenarroz . Esa preferencia vale dinero si se certifica, se etiqueta y se vende como tal. Lo segundo es mover el subsidio del precio al costo . Cada peso que hoy compra fertilizante o pignora cosecha debería medirse por cuánto sube el rendimiento por tarea . Pasar de 5.28 a 7 toneladas por hectárea no es un sueño: es riego tecnificado , semilla certificada, nivelación láser y asociatividad de las fincas pequeñas. Lo tercero es vigilar la puerta trasera. El tratado cerró la discusión arancelaria con EE. UU., pero no impide exigir controles fitosanitarios , trazabilidad y reglas de origen al arroz que llega de terceros países por vías poco claras. Y lo cuarto, el más difícil: decir la verdad a los 31,000 productores . Algunos no podrán competir a RD$22 la libra puesta en puerto, y necesitarán reconversión , no promesas de otro decreto. Esopo terminó su fábula con el rebaño devorado y una lección sobre la mentira. Nuestra versión todavía no tiene final. Depende de si, ahora que el lobo ya no es un grito sino un vecino, dejamos de discutir si viene y empezamos, por fin, a cuidar el rebaño .
