Las cifras más recientes difundidas por el Inegi revelan un dinamismo sobresaliente en la velocidad con la que evolucionan los flujos comerciales del país. De acuerdo con la Balanza Comercial de Mercancías en agosto de 2026, las exportaciones totales registraron un potente incremento histórico del 40.4 por ciento a tasa anual, mientras que las importaciones crecieron a un ritmo vertiginoso del 34.2 por ciento.
Sin embargo, detrás de esta potente aceleración generalizada se oculta una transformación determinante en la composición interna de nuestra oferta exportadora. El verdadero motor de esta vertiginosa expansión ha cambiado de rostro. La rama manufacturera que lidera con contundencia las ventas externas es la fabricación de equipo de cómputo, comunicación y accesorios electrónicos, la cual representó un asombroso 36.1 por ciento del valor total exportado en el segundo trimestre, impulsada por un crecimiento anual durante agosto del 122.3 por ciento.
Esta efervescencia tecnológica ha consolidado el peso geográfico del norte mexicano, donde la franja de los estados fronterizos concentra el 56.5% de las exportaciones del país por el país. En este bloque, Chihuahua encabeza la lista nacional con una holgada participación del 25.1%, seguido por Nuevo León con el 9.5%, Coahuila con el 9.2%, Baja California con el 7.6% y Tamaulipas con el 4.8%, según cifras del reporte de Exportaciones Trimestrales por Entidad Federativa el segundo trimestre
Paralelamente, el vertiginoso ascenso de Jalisco resulta emblemático: sin compartir frontera geográfica con Estados Unidos, ha incrementado de forma acelerada su participación en las exportaciones nacionales gracias al apogeo de su industria electrónica y tecnológica. Esta trayectoria deja una lección contundente: con una visión estratégica de largo plazo, los beneficios de la integración comercial no deben concebirse erróneamente como un privilegio geográfico reservado únicamente a la franja fronteriza.
En marcado contraste con la bonanza electrónica, la tradicional industria automotriz y de equipo de transporte muestra un claro ritmo a la baja. Durante el mes de agosto, las exportaciones de productos automotrices sufrieron una caída anual del 2.2%. Este evidente enfriamiento responde tanto a la moderación de la demanda internacional, el entorno de incertidumbre arancelaria, así como a una transición estructural global donde el valor agregado se desplaza aceleradamente del ensamblaje mecánico tradicional hacia la digitalización, la automatización y los componentes informáticos avanzados.
Esta reconfiguración exige decisiones inmediatas de política pública en Coahuila. Nuestra entidad ya ocupa el cuarto lugar en el ranking de exportaciones por entidad federativa, muy lejos de Chihuahua, con quien apenas un par de años atrás disputábamos palmo a palmo la primera posición. De acuerdo con el Índice de Competitividad Estatal 2026 del IMCO, si bien ascendimos tres posiciones para ocupar el cuarto lugar, aún no hemos vuelto a nuestra mejor posición, que fue el tercer lugar del año 2024.
Para recuperar e incluso superar ese pico máximo, el gobierno estatal debe instrumentar políticas públicas que trasciendan la inercia del ensamble convencional y apunten hacia la economía del conocimiento. El gran desafío regional consiste en implementar políticas públicas con la audacia necesaria para diversificar la matriz productiva y posicionar a Coahuila a la vanguardia de la nueva era tecnológica global.
Economista y Catedrático de la Facultad de Economía de la UAdeC
Economista con habilidades en redacción de artículos de opinión y discursos, así como en el análisis e interpretación de indicadores económicos y estadísticos.
Experiencia en materia de Transparencia y Acceso a la Información.